Dando un curso esta mañana he recuperado una historia que me llego hace tiempo y que me gusta mucho...
Las Tres Rejas
El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:
- Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia ...
- ¡Espera! –lo interrumpe el filósofo-. ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
- ¿Las tres rejas?
- Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
- No. Lo oí comentar a unos vecinos.
- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
- No, en realidad no. Al contrario ... ...
- ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que te inquieta?
- A decir verdad, no.
- Entonces -dijo el sabio-, si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
El blog de Avatar Psicólogos es un espacio para reflexionar, opinar, sugerir, informar, recibir, aportar y cualquier otra cosa que se nos ocurra. Espero que lo disfrutéis.
jueves, 20 de noviembre de 2008
domingo, 9 de noviembre de 2008
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Perdonar
Vivimos en un mundo que favorece nuestra inseguridad, se nos exige mucho y cuando hacemos las cosas bien apenas se nos recompensa. Eso hace que estemos muy a la defensiva o que actuemos con mucha agresividad. En nuestras relaciones cotidianas ambas expresiones de la inseguridad, la defensa y el ataque, provocan daños que a veces son difíciles de superar. La vía para hacerlo es el perdón.
Pero, ¿por qué deberíamos perdonar a alguien que nos ha hecho daño? ¿por la otra persona? ¿por nosotros? ¿por qué es lo que indica que se debe hacer la sociedad? Pues supongo que por todo a la vez, aunque yo pienso que de largo el motivo más importante para perdonar somos nosotros mismos. Cuando nos aferramos al daño que nos han producido otros dejamos de ser dueños de nuestras emociones y de nuestra vida, todo el tiempo que pasamos enfadados, criticando o con resentimiento es tiempo de nuestra vida que estamos perdiendo. Perdonar nos libera de la esclavitud que genera en nosotros las actitudes o comportamientos de otras personas, mientras estemos enfadados con alguien nuestro cerebro hará una respuesta de estrés y nosotros mantendremos una tensión innecesaria. Además, si buceamos más profundo, ni siquiera hay motivos para perdonar porque todo lo que nos hace daño nos ayuda a crecer, todo negativo tiene su positivo y si miramos bien la situación entenderemos que hay la misma cantidad malo como de bueno en lo que nos ha pasado. Cada vez que una persona nos hace daño nos ayuda a evolucionar. Aunque, como hemos comentado otras veces, es mucho más fácil pelearse con el otro que con uno mismo y a veces la rabia es una manera simple de distraernos de aquello que realmente tenemos que afrontar, nuestras propias historias, es más fácil centrarnos en lo que ha hecho otra persona que en las heridas que tenemos que limpiar y que, mientras las limpiamos, duelen tanto.
Pero más allá de planteamientos de crecimiento, los demás a veces hacen cosas que nos provocan daño y esto nos produce rabia y agresividad. El perdón es la única manera de liberar esa rabia y volver a sentirnos en paz. El perdón corta las cadenas que nos unen a eso precisamente que deseamos evitar y nos libera para poder seguir viviendo la vida que deseamos vivir. Pero hay una serie de cosas que hacen difícil perdonar:
Una ya la hemos comentado, nuestro miedo y evitación a afrontar aquellas heridas que nos empeñamos en ocultar y que los demás muchas veces tocan, con intención o no.
Otra es el pensa-miento que dice que si perdonamos a partir de entonces todo seguirá como si no hubiese pasado nada, perdonar no significa seguir igual con alguien o mantener una misma situación. Podemos perdonar y decidir que no queremos tener a esa persona, con esas cosas que hemos descubierto, más en nuestras vidas. Podemos perdonar y poner límites, podemos perdonar y dejar que las personas que hayan hecho algo mal acepten su responsabilidad. Perdonar a un asesino no significa que no tenga que ir a la cárcel, significa que quitamos la energía que nos une a él desde el momento en el que se llevó a alguien a quien queríamos. Si un amigo, amante, vecino, compañero, etc. nos traiciona, perdonar no significa tener que seguir siendo amigos o mantener una relación, podemos perdonar y dejar marchar, elegir terminar con la relación, pero sin dejar nada allí. Al perdonar podemos dejar marchar a alguien con nuestras emociones hacía esa persona limpias.
Otra de las cosas que nos impiden perdonar de verdad es no permitirnos la rabia o la agresividad. Solo se puede perdonar si nos hemos enfadado antes, si consideramos que alguien ha hecho algo mal y nos permitimos la rabia. Si justificamos la conducta, reprimimos la emoción o no nos permitimos ser conscientes de que alguien haya hecho algo mal, entonces será imposible el perdón porque... ¿cómo vamos a perdonar a alguien si no ha hecho nada mal? ¿qué perdonamos?
A veces la persona más difícil de perdonar somos nosotros mismos, la culpa da control (si es culpa mía entonces lo puedo cambiar, si depende de otros no puedo hacer nada) y preferimos controlar porque queremos a esa persona, es importante para nosotros, dependemos de ella u otros motivos (es increíblemente difícil enfadarnos con aquellos de los que dependemos, los padres, cuando somos niños porque nuestra supervivencia depende de su amor y por eso muchas veces la única solución es culparnos a nosotros mismos para salvarles a ellos y seguir sintiéndonos seguros).
Nuestra propuesta es que dejemos de pelearnos con la vida, aceptemos las cosas que ocurren, aprendamos de cada una de nuestras caídas más allá si la responsabilidad es nuestra o de los demás, perdonemos y seamos así libres para transitar el camino de nuestra evolución y nuestra felicidad.
Pero, ¿por qué deberíamos perdonar a alguien que nos ha hecho daño? ¿por la otra persona? ¿por nosotros? ¿por qué es lo que indica que se debe hacer la sociedad? Pues supongo que por todo a la vez, aunque yo pienso que de largo el motivo más importante para perdonar somos nosotros mismos. Cuando nos aferramos al daño que nos han producido otros dejamos de ser dueños de nuestras emociones y de nuestra vida, todo el tiempo que pasamos enfadados, criticando o con resentimiento es tiempo de nuestra vida que estamos perdiendo. Perdonar nos libera de la esclavitud que genera en nosotros las actitudes o comportamientos de otras personas, mientras estemos enfadados con alguien nuestro cerebro hará una respuesta de estrés y nosotros mantendremos una tensión innecesaria. Además, si buceamos más profundo, ni siquiera hay motivos para perdonar porque todo lo que nos hace daño nos ayuda a crecer, todo negativo tiene su positivo y si miramos bien la situación entenderemos que hay la misma cantidad malo como de bueno en lo que nos ha pasado. Cada vez que una persona nos hace daño nos ayuda a evolucionar. Aunque, como hemos comentado otras veces, es mucho más fácil pelearse con el otro que con uno mismo y a veces la rabia es una manera simple de distraernos de aquello que realmente tenemos que afrontar, nuestras propias historias, es más fácil centrarnos en lo que ha hecho otra persona que en las heridas que tenemos que limpiar y que, mientras las limpiamos, duelen tanto.
Pero más allá de planteamientos de crecimiento, los demás a veces hacen cosas que nos provocan daño y esto nos produce rabia y agresividad. El perdón es la única manera de liberar esa rabia y volver a sentirnos en paz. El perdón corta las cadenas que nos unen a eso precisamente que deseamos evitar y nos libera para poder seguir viviendo la vida que deseamos vivir. Pero hay una serie de cosas que hacen difícil perdonar:
Una ya la hemos comentado, nuestro miedo y evitación a afrontar aquellas heridas que nos empeñamos en ocultar y que los demás muchas veces tocan, con intención o no.
Otra es el pensa-miento que dice que si perdonamos a partir de entonces todo seguirá como si no hubiese pasado nada, perdonar no significa seguir igual con alguien o mantener una misma situación. Podemos perdonar y decidir que no queremos tener a esa persona, con esas cosas que hemos descubierto, más en nuestras vidas. Podemos perdonar y poner límites, podemos perdonar y dejar que las personas que hayan hecho algo mal acepten su responsabilidad. Perdonar a un asesino no significa que no tenga que ir a la cárcel, significa que quitamos la energía que nos une a él desde el momento en el que se llevó a alguien a quien queríamos. Si un amigo, amante, vecino, compañero, etc. nos traiciona, perdonar no significa tener que seguir siendo amigos o mantener una relación, podemos perdonar y dejar marchar, elegir terminar con la relación, pero sin dejar nada allí. Al perdonar podemos dejar marchar a alguien con nuestras emociones hacía esa persona limpias.
Otra de las cosas que nos impiden perdonar de verdad es no permitirnos la rabia o la agresividad. Solo se puede perdonar si nos hemos enfadado antes, si consideramos que alguien ha hecho algo mal y nos permitimos la rabia. Si justificamos la conducta, reprimimos la emoción o no nos permitimos ser conscientes de que alguien haya hecho algo mal, entonces será imposible el perdón porque... ¿cómo vamos a perdonar a alguien si no ha hecho nada mal? ¿qué perdonamos?
A veces la persona más difícil de perdonar somos nosotros mismos, la culpa da control (si es culpa mía entonces lo puedo cambiar, si depende de otros no puedo hacer nada) y preferimos controlar porque queremos a esa persona, es importante para nosotros, dependemos de ella u otros motivos (es increíblemente difícil enfadarnos con aquellos de los que dependemos, los padres, cuando somos niños porque nuestra supervivencia depende de su amor y por eso muchas veces la única solución es culparnos a nosotros mismos para salvarles a ellos y seguir sintiéndonos seguros).
Nuestra propuesta es que dejemos de pelearnos con la vida, aceptemos las cosas que ocurren, aprendamos de cada una de nuestras caídas más allá si la responsabilidad es nuestra o de los demás, perdonemos y seamos así libres para transitar el camino de nuestra evolución y nuestra felicidad.
domingo, 26 de octubre de 2008
Sobre libros, películas, personas y cambios.
La verdad es que estoy de acuerdo en que quizá exageré en el anterior post al decir que una película o un libro cambian una vida o... ¿quizá no?
Hay libros y hay películas que aunque sean ficción (que no creo que eso signifique que estén muertas porque provienen de la creatividad de un ser muy vivo que les confiere vida) están escritas con una carga simbólica muy fuerte y los simbolos tienen una característica, nos llegan a zonas del cerebro que no están tan defendidas como nuestro hemisferio izquierdo, de eso Julieta nos podría hablar mucho. Hay veces que una lectura, una opinión, el ejemplo de alguien o una película tienen la fuerza de hacernos ver las cosas diferentes, entonces podemos hacer un cambio, podemos internalizar lo aprendido y a partir de ahí ser diferentes, quizá no muy diferentes, quizá radicalmente diferentes pero diferentes al fin y al cabo. He de reconocer que leer y luego conocer y trabajar con John Demartini influyó en mi vida, fue una experiencia descubrimiento que, sin dejar de ser yo, me hizo diferente. Por eso fue mi recomendación, pero hay otras muchas, personas, experiencias (trabajar en intervención en crisis o en la consulta acompañando a personas que se enfrentan con valentía cada día a sus retos y miedos más importantes), libros, películas y mil cosas que sin duda van construyéndome cada día y me siento agradecido por ello. Agradecido a las personas que me enseñan y agradecido a las personas que con su capacidad artística son capaces de superar las barreras de ese hemisferio izquierdo controlador y llegar allí donde residen las emociones.
Los seres humanos somos seres dinámicos en permanente evolución, cambiamos con cada experiencia, cada relación, cada interacción, con cada momento. Y con cada cambio crecemos y nos desarrollamos. Pero estar abiertos al cambio no es fácil, se requiere valor porque sólo aquellos que se sienten seguros de su identidad pueden aceptar que ésta cambie. Cuando nos encontramos inseguros nos defendemos ante todo, tratamos de afianzar aquello que creemos ser, aquello que nos da seguridad y cualquier cambio es evaluado como una amenaza.
Sólo cuando mis pies se encuentran firmes y seguros en el suelo, sólo cuando me siento en equilibrio, puedo afrontar el movimiento y el cambio. Cuando por el contrario me siento en desequilibrio, cuando no estoy enraizado, entonces todos mis movimientos irán dirigidos simplemente a mantener el débil equilibrio. Por eso ante cualquier impacto que me mueva haré automáticamente el movimiento opuesto al que me afecta, porque el desequilibrio genera inseguridad y mi sistema límbico, esa parte del cerebro tan inconsciente que maneja las emociones primarias, tendrá como única prioridad defender la postura anterior.
Estar vivo significa estar en un cambio permanente, mantener una relación viva significa aceptar que el otro cambia y que yo cambio y que, por lo tanto, cada día hay que hacer un pequeño esfuerzo de re-conocimiento. Os invito a hacer ese esfuerzo y, como decía el maestro Milton H. Erickson "que donde haya rigidez haya flexibilidad".
Hay libros y hay películas que aunque sean ficción (que no creo que eso signifique que estén muertas porque provienen de la creatividad de un ser muy vivo que les confiere vida) están escritas con una carga simbólica muy fuerte y los simbolos tienen una característica, nos llegan a zonas del cerebro que no están tan defendidas como nuestro hemisferio izquierdo, de eso Julieta nos podría hablar mucho. Hay veces que una lectura, una opinión, el ejemplo de alguien o una película tienen la fuerza de hacernos ver las cosas diferentes, entonces podemos hacer un cambio, podemos internalizar lo aprendido y a partir de ahí ser diferentes, quizá no muy diferentes, quizá radicalmente diferentes pero diferentes al fin y al cabo. He de reconocer que leer y luego conocer y trabajar con John Demartini influyó en mi vida, fue una experiencia descubrimiento que, sin dejar de ser yo, me hizo diferente. Por eso fue mi recomendación, pero hay otras muchas, personas, experiencias (trabajar en intervención en crisis o en la consulta acompañando a personas que se enfrentan con valentía cada día a sus retos y miedos más importantes), libros, películas y mil cosas que sin duda van construyéndome cada día y me siento agradecido por ello. Agradecido a las personas que me enseñan y agradecido a las personas que con su capacidad artística son capaces de superar las barreras de ese hemisferio izquierdo controlador y llegar allí donde residen las emociones.
Los seres humanos somos seres dinámicos en permanente evolución, cambiamos con cada experiencia, cada relación, cada interacción, con cada momento. Y con cada cambio crecemos y nos desarrollamos. Pero estar abiertos al cambio no es fácil, se requiere valor porque sólo aquellos que se sienten seguros de su identidad pueden aceptar que ésta cambie. Cuando nos encontramos inseguros nos defendemos ante todo, tratamos de afianzar aquello que creemos ser, aquello que nos da seguridad y cualquier cambio es evaluado como una amenaza.
Sólo cuando mis pies se encuentran firmes y seguros en el suelo, sólo cuando me siento en equilibrio, puedo afrontar el movimiento y el cambio. Cuando por el contrario me siento en desequilibrio, cuando no estoy enraizado, entonces todos mis movimientos irán dirigidos simplemente a mantener el débil equilibrio. Por eso ante cualquier impacto que me mueva haré automáticamente el movimiento opuesto al que me afecta, porque el desequilibrio genera inseguridad y mi sistema límbico, esa parte del cerebro tan inconsciente que maneja las emociones primarias, tendrá como única prioridad defender la postura anterior.
Estar vivo significa estar en un cambio permanente, mantener una relación viva significa aceptar que el otro cambia y que yo cambio y que, por lo tanto, cada día hay que hacer un pequeño esfuerzo de re-conocimiento. Os invito a hacer ese esfuerzo y, como decía el maestro Milton H. Erickson "que donde haya rigidez haya flexibilidad".
jueves, 23 de octubre de 2008
Un libro y una película
Existen obras de arte que al encontrarnos con ellas nos cambian la vida, consiguen ofrecernos una nueva perspectiva, tocan una tecla especial en nosotros, nos sensibilizan... en definitiva, entran en nosotros y desde ese instante cambian algo en nuestra esencia.
En esta ocasión te proponemos compartir con nosotros un libro y/o una película que de alguna forma cambiaron tu vida, por supuesto que también es bienvenida cualquier otra expresión artística, un cuadro, una canción, una obra de teatro o cualquier otra cosa.
¡Esperamos vuestras recomendaciones!
En esta ocasión te proponemos compartir con nosotros un libro y/o una película que de alguna forma cambiaron tu vida, por supuesto que también es bienvenida cualquier otra expresión artística, un cuadro, una canción, una obra de teatro o cualquier otra cosa.
¡Esperamos vuestras recomendaciones!
viernes, 17 de octubre de 2008
Cortesanas y cotesanos
Estaba escribiendo un comentario en el anterior post y según lo iba haciendo han empezado a surgir cosas que sentía que quería transmitir desde esta página principal.
Mi contestación empezaba así:
Que bonita sorpresa la aparición de algunas personas que echaba de menos y otras nuevas por aquí. Todavía hay personas que extraño como "reencontrándome" cuyos comentarios han sido siempre tan enriquecedores y que hace tiempo que no nos los regala.
Leer los últimos comentarios de este post, especialmente el que nombra a las "cortesanas", me ha hecho recordar que si bien hay gente a la que echo de menos, más importante aun es la gente que está y que me hace seguir disfrutando de la vida con su presencia. Son personas importantes para mi que con sus palabras, a veces de alabanza, a veces de apoyo, a veces de critica pero siempre acompañadas de cariño hacen que mi vida tenga más color.
Así que hoy cojo este toro por los cuernos, me convierto en un cortesano, un pelota, y todo lo que sea necesario para agradeceros de todo corazón a los que estáis ahí siempre. A todos vosotros que con vuestras palabras, vuestra presencia, vuestro silencio, vuestro cariño, formáis parte de mi vida y la hacéis más rica.
Es fácil echar de menos a los que no están y alegrarse de su vuelta, es fácil olvidarse de los que están siempre y por la continuidad dejar de valorarlos porque en seguida las cosas se convierten en "lo normal". Pero eso que consideramos "lo normal" y que con tanta celeridad dejamos de valorar es precisamente lo más importante. Todos, aunque a veces lo olvidamos, hemos perdido a alguien importante cuando hemos dejado de cuidarlo y... ¿no es lo que más nos duele y lo que echamos más de menos? Pues yo hoy tengo la suerte de ser consciente del aprecio que tengo por las personas que SI tengo, por esas que están en mi vida, las que me acompañan en este blog, las que tengo cerca cada día y las que están más lejos, en definitiva por ese estanque de preciosos cisnes en el que vivo.
Muchas gracias, a la vida y a ti que le das sentido.
Mi contestación empezaba así:
Que bonita sorpresa la aparición de algunas personas que echaba de menos y otras nuevas por aquí. Todavía hay personas que extraño como "reencontrándome" cuyos comentarios han sido siempre tan enriquecedores y que hace tiempo que no nos los regala.
Leer los últimos comentarios de este post, especialmente el que nombra a las "cortesanas", me ha hecho recordar que si bien hay gente a la que echo de menos, más importante aun es la gente que está y que me hace seguir disfrutando de la vida con su presencia. Son personas importantes para mi que con sus palabras, a veces de alabanza, a veces de apoyo, a veces de critica pero siempre acompañadas de cariño hacen que mi vida tenga más color.
Así que hoy cojo este toro por los cuernos, me convierto en un cortesano, un pelota, y todo lo que sea necesario para agradeceros de todo corazón a los que estáis ahí siempre. A todos vosotros que con vuestras palabras, vuestra presencia, vuestro silencio, vuestro cariño, formáis parte de mi vida y la hacéis más rica.
Es fácil echar de menos a los que no están y alegrarse de su vuelta, es fácil olvidarse de los que están siempre y por la continuidad dejar de valorarlos porque en seguida las cosas se convierten en "lo normal". Pero eso que consideramos "lo normal" y que con tanta celeridad dejamos de valorar es precisamente lo más importante. Todos, aunque a veces lo olvidamos, hemos perdido a alguien importante cuando hemos dejado de cuidarlo y... ¿no es lo que más nos duele y lo que echamos más de menos? Pues yo hoy tengo la suerte de ser consciente del aprecio que tengo por las personas que SI tengo, por esas que están en mi vida, las que me acompañan en este blog, las que tengo cerca cada día y las que están más lejos, en definitiva por ese estanque de preciosos cisnes en el que vivo.
Muchas gracias, a la vida y a ti que le das sentido.
jueves, 9 de octubre de 2008
En tu mano
Reproduzco hoy un caramelito (como diría mi profe Sasi) que nos hace una asidua de este espacio,loose, desde su blog http://elcisneescondido.blogspot.com/. Una historia tan bonita que no necesita comentarios así que la transcribo tal cual, muchas gracias por el regalo loose.
Cuando la mañana aún dormía y las calles permanecían vacías, las primeras luces de la aurora despuntaban en aquel horizonte colmado de energía deseando descubrir un nuevo día.
Mientras la magia del alba iba envolviéndolo con su hechizo, seguía caminando, ausente, lejano, sin rumbo... un gran abismo se abría ante él, imponente, peligroso, capaz de dejarlo caer hasta el infinito. Un eterno transitar de pensamientos que le traicionaban una y otra vez, capaces de saturarlo de falsas expectativas, intereses y fantasías. Cegándolo de tal manera que no le permitiese ver todo lo maravilloso que su Ser escondía. Cuestionándose el por qué de su desdicha, cabizbajo tropezó con algo que se hallaba tirado en el suelo, dándole una patada y desplazándolo unos pasos más allá. Prestando atención al sonido que había emitido y fijando su mirada en las baldosas rastreando hasta el más pequeño rincón fue incapaz de encontrarlo y dejándose llevar por su impaciencia, abandonó.
-¿Buscabas esto?
De repente una voz lo paralizó haciendo que irguiera su cabeza hasta encontrar una mano entre la bruma delante de él mostrándole una pequeña llave de color bronce, casi oxidada por el tiempo que había permanecido abandonada, pero que, por alguno de sus labrados rincones aún brillaba.
-Bueno, yo...
Tras pensárselo un instante, respondió rotundamente:
-No. No especialmente. Simplemente le di una patada sin querer y al oír el sonido sentí curiosidad, eso es todo. Pero se la puede quedar. No me interesa.
Y siguió andando volviendo a agachar la cabeza.
-¿Estás seguro?... ¿Me dices que renuncias a conocer el camino que te apartará de tu desdicha?
Un viento helado le recorrió el cuerpo haciendo que se girase bruscamente:
-Pero...Cómo sabe usted...
Pero ya no había nadie detrás de él, no quedaba ni rastro de aquella persona, como si se hubiese esfumado.
Con los ojos de par en par, repletos de asombro, miró hacia todas las direcciones buscando algún vestigio de algo pero fue en vano.
Así que, decidió retomar su camino hacia no se sabe dónde, pero esta vez fue distinto. No podía parar de pensar en lo que le había sucedido, las palabras de aquella extraña persona no paraban de resonar en su cabeza, la llave, el camino, su desdicha...
Cómo podía saber de su infortunio si ni siquiera lo conocía.
Por qué habría de ser una llave la que lo guiase hacia otro camino,...qué camino, si fuera cual fuese el rumbo nunca alcanzaría la meta que él deseaba.
Si en realidad, en eso consistía la vida, en tratar de conseguir las expectativas en las que había puesto todas sus esperanzas, sus ilusiones y empeño.
Mientras no fuera así, no se sentía feliz. Era impensable sentirse pleno sin haber logrado ninguno de sus objetivos...O quizá sí.
Cansado, se sentó en un escalón a descansar, desistiendo de su búsqueda. Cubrió su rostro con sus manos entrelazadas apoyadas en las rodillas y sintió cómo los primeros rayos de sol que despuntaban ya en el crepúsculo matutino, le arropaban con su calor y una suave brisa acariciaba su cara despojándolo de la oscuridad de la noche, iluminando su rostro con el más hermoso juego de luces, haciéndole cómplice del bello amanecer, impregnándolo con su aroma, de sensaciones, de serenidad, calma y sosiego. Abriéndole los ojos a una nueva vida, a la satisfacción de poder contemplar tan hermoso espectáculo del universo, de poder percibir nuevas sensaciones, de sentirse feliz, pleno, con tan sólo observar todo lo que le rodeaba, sintiéndose a si mismo, sin necesidad de buscar fuera lo que él mismo llevaba ocultando desde hacía mucho tiempo dentro.
Miró a su alrededor, quería parar el tiempo por un instante, deseando que lo que estaba experimentando nunca acabase, pues se sentía la persona más dichosa del mundo aún sin haber llegado a un destino que ni siquiera él mismo conocía.
Observando la belleza de las cosas y sintiendo lo que en su interior se estaba forjando, vio cómo unos destellos dorados le hacían señales a lo lejos, como queriendo llamar su atención. Se levantó rápidamente y se dirigió hacia el lugar que esos reflejos le estaban indicando, y cuando se acercó y se detuvo delante no lo podía creer, allí estaba, la misma llave a la que le dio la patada y que posteriormente rechazó. Se inclinó y la recogió con sumo cuidado guardándosela como un tesoro preciado.
Entendió así el significado de lo sucedido y aprendió que, no por intentar lograr todas sus expectativas iba a ser más feliz. Puesto que la felicidad reside en cada paso que demos en nuestro caminar por la vida, conociendo el rumbo a seguir y sin ánimos de llegar a ninguna meta en concreto, simplemente disfrutar de lo que somos, del paisaje y de/con todos aquéllos que se unan en nuestro camino hacia la libertad.
Loose
Cuando la mañana aún dormía y las calles permanecían vacías, las primeras luces de la aurora despuntaban en aquel horizonte colmado de energía deseando descubrir un nuevo día.
Mientras la magia del alba iba envolviéndolo con su hechizo, seguía caminando, ausente, lejano, sin rumbo... un gran abismo se abría ante él, imponente, peligroso, capaz de dejarlo caer hasta el infinito. Un eterno transitar de pensamientos que le traicionaban una y otra vez, capaces de saturarlo de falsas expectativas, intereses y fantasías. Cegándolo de tal manera que no le permitiese ver todo lo maravilloso que su Ser escondía. Cuestionándose el por qué de su desdicha, cabizbajo tropezó con algo que se hallaba tirado en el suelo, dándole una patada y desplazándolo unos pasos más allá. Prestando atención al sonido que había emitido y fijando su mirada en las baldosas rastreando hasta el más pequeño rincón fue incapaz de encontrarlo y dejándose llevar por su impaciencia, abandonó.
-¿Buscabas esto?
De repente una voz lo paralizó haciendo que irguiera su cabeza hasta encontrar una mano entre la bruma delante de él mostrándole una pequeña llave de color bronce, casi oxidada por el tiempo que había permanecido abandonada, pero que, por alguno de sus labrados rincones aún brillaba.
-Bueno, yo...
Tras pensárselo un instante, respondió rotundamente:
-No. No especialmente. Simplemente le di una patada sin querer y al oír el sonido sentí curiosidad, eso es todo. Pero se la puede quedar. No me interesa.
Y siguió andando volviendo a agachar la cabeza.
-¿Estás seguro?... ¿Me dices que renuncias a conocer el camino que te apartará de tu desdicha?
Un viento helado le recorrió el cuerpo haciendo que se girase bruscamente:
-Pero...Cómo sabe usted...
Pero ya no había nadie detrás de él, no quedaba ni rastro de aquella persona, como si se hubiese esfumado.
Con los ojos de par en par, repletos de asombro, miró hacia todas las direcciones buscando algún vestigio de algo pero fue en vano.
Así que, decidió retomar su camino hacia no se sabe dónde, pero esta vez fue distinto. No podía parar de pensar en lo que le había sucedido, las palabras de aquella extraña persona no paraban de resonar en su cabeza, la llave, el camino, su desdicha...
Cómo podía saber de su infortunio si ni siquiera lo conocía.
Por qué habría de ser una llave la que lo guiase hacia otro camino,...qué camino, si fuera cual fuese el rumbo nunca alcanzaría la meta que él deseaba.
Si en realidad, en eso consistía la vida, en tratar de conseguir las expectativas en las que había puesto todas sus esperanzas, sus ilusiones y empeño.
Mientras no fuera así, no se sentía feliz. Era impensable sentirse pleno sin haber logrado ninguno de sus objetivos...O quizá sí.
Cansado, se sentó en un escalón a descansar, desistiendo de su búsqueda. Cubrió su rostro con sus manos entrelazadas apoyadas en las rodillas y sintió cómo los primeros rayos de sol que despuntaban ya en el crepúsculo matutino, le arropaban con su calor y una suave brisa acariciaba su cara despojándolo de la oscuridad de la noche, iluminando su rostro con el más hermoso juego de luces, haciéndole cómplice del bello amanecer, impregnándolo con su aroma, de sensaciones, de serenidad, calma y sosiego. Abriéndole los ojos a una nueva vida, a la satisfacción de poder contemplar tan hermoso espectáculo del universo, de poder percibir nuevas sensaciones, de sentirse feliz, pleno, con tan sólo observar todo lo que le rodeaba, sintiéndose a si mismo, sin necesidad de buscar fuera lo que él mismo llevaba ocultando desde hacía mucho tiempo dentro.
Miró a su alrededor, quería parar el tiempo por un instante, deseando que lo que estaba experimentando nunca acabase, pues se sentía la persona más dichosa del mundo aún sin haber llegado a un destino que ni siquiera él mismo conocía.
Observando la belleza de las cosas y sintiendo lo que en su interior se estaba forjando, vio cómo unos destellos dorados le hacían señales a lo lejos, como queriendo llamar su atención. Se levantó rápidamente y se dirigió hacia el lugar que esos reflejos le estaban indicando, y cuando se acercó y se detuvo delante no lo podía creer, allí estaba, la misma llave a la que le dio la patada y que posteriormente rechazó. Se inclinó y la recogió con sumo cuidado guardándosela como un tesoro preciado.
Entendió así el significado de lo sucedido y aprendió que, no por intentar lograr todas sus expectativas iba a ser más feliz. Puesto que la felicidad reside en cada paso que demos en nuestro caminar por la vida, conociendo el rumbo a seguir y sin ánimos de llegar a ninguna meta en concreto, simplemente disfrutar de lo que somos, del paisaje y de/con todos aquéllos que se unan en nuestro camino hacia la libertad.
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