miércoles, 18 de agosto de 2010

Las 3 c's del cambio


Podemos afrontar y superar cualquiera de nuestros miedos.
Pero aunque todos podamos hacerlo eso no significa que sea fácil. Afrontar nuestros "lobos" requiere de lo que yo llamo las tres c's del cambio:

La primera "c" es la Consciencia, sólo cuando somos conscientes de que algo pasa podremos cambiarlo. El autoengaño es uno de los problemas más importantes que afronta a nivel emocional nuestra sociedad. Tenemos unos impresionantes mecanismos de defensa que nos protegen de lo que nuestra mente considera dañino y a veces estamos tan apegados a esos mecanismos que pensamos que nosotros mismos somos así. Nos identificamos con las defensas de nuestro ego (o de nuestra mente) que nos permiten sentirnos seguros ante determinadas circunstancias y pagamos un enorme precio: nuestra libertad. Cada uno de nosotros somos exactamente lo que deseamos ser y si algo de nosotros nos hace sentir mal es que eso no somos nosotros. Como por pura definición es imposible que nos sintamos mal siendo lo que somos cada vez que nos sentimos mal es una extraordinaria señal que nos indica que hemos entrado en nuestras "personalidades defensivas" y ser consciente de que eso que me molesta, asusta, limita y/o entristece no soy yo es el primer paso para cambiarlo.

La segunda "c" del cambio es el Coraje. Como veíamos en el anterior post, una vez soy consciente de mis miedos o limitaciones se necesita mucho coraje para enfrentarme a ello. En ocasiones llevamos años defendiéndonos y huyendo de ello con lo que llevamos años agrandándolo. Porque cualquier miedo se alimenta de nuestros pensamientos sobre él, sólo si nosotros lo alimentamos podrá crecer, si dejamos de pensarlo y tenemos la valentía de avanzar hacía ello será cuando esos miedos construidos desaparezcan. Sentir la sensación es una pauta que hemos dado muchas veces en este blog. Acomodarnos en el "yo soy así" o en "es el otro el que tiene que cambiar" tan sólo nos inmoviliza y nos quita poder.

Y para poder tener el coraje necesitamos imprescindiblemente la tercera "c" del cambio, el Cariño. Sólo desde el amor por nosotros mismos podremos desarrollar la seguridad y la fuerza para afrontar nuestros miedos. No podemos olvidar que la mayoría de ellos se construyeron cuando éramos unos niños vulnerables y dependientes y que la zona del cerebro donde se grabó esa instrucción de miedo sigue anclada en esa edad. Y todos sabemos que para que un niño se enfrente a algo que le atemoriza necesita ineludiblemente que el adulto de referencia le de seguridad y cariño. ¿Qué ocurre si gritamos o insultamos a un niño que, por ejemplo, no quiere entrar en la piscina porque le da miedo el agua? Pues que su miedo y su resistencia aumentarán y sus mecanismos de defensa empezarán a mandar señales de peligro ante el agua provocadas por el miedo inicial y por la necesidad de defenderse ante nuestra presión. En el futuro seguirá cada vez más justificando su miedo "a mi no me gusta el agua", "no me apetece la piscina", etc. que irá creando un circulo vicioso que le podrá llevar a limitar su vida y disfrutar del placer de la piscina o el mar. ¿Y cómo nos tratamos a nosotros mismos cuando cometemos un error o nos da miedo algo que supuestamente tendríamos que tener superado? pues o con una crítica salvaje hacía nosotros mismos que nos debilita o con mil y una justificaciones que sólo alimentan nuestros miedos.

Así pues empecemos por tratarnos a nosotros con mucho cariño (cuidar a nuestro niño interior) para así poder desarrollar la fuerza para poder tener el coraje suficiente para afrontar aquello que no necesitamos seguir justificando y ante lo que ya somos conscientes. Y si solos sentimos que no podemos, pues pidamos ayuda que en ocasiones necesitamos a un profesional que nos ayude a llegar a esas zonas límbicas que hemos protegido con muros y muros de mecanismos de defensa.

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domingo, 1 de agosto de 2010

La solución a nuestros lobos

Os pongo un precioso anuncio de los grandes almacenes peruanos Sagafalabella que describe mejor que yo que hacer con nuestros lobos:

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Sin duda somos nosotros y nosotras los que alimentamos nuestros miedos, el miedo se alimenta de si mismo y cuanta más atención y más valor le concedemos más crece y más nos domina. La solución es tan fácil como difícil, fácil porque lo único que hay que hacer es desactivarlo y enfrentarlo, difícil porque precisamente eso es lo más complicado y lo que más suele alimentar los miedos, nuestra mente (en la mayoría de los casos el sistema límbico como hemos tratado en otras ocasiones) empieza a engañarnos mandándonos reiteradas y enormes señales de peligro en cuanto nos planteamos enfrentar y superar lo que nos limita. Son los famosos pensa-mientos, esas mentiras que tratando de ayudarnos lo único que hacen es alimentar nuestros miedos y aumentar nuestras limitaciones.

Tratemos de coger fuerzas aprovechando estos días de vacaciones (los/as que las tengan) para volver con la valentía suficiente para deshacer nuestros lobos, liberarnos de nuestros miedos y abrir los brazos a nuestra libertad.