
Lhasa, ciudad sagrada, antanio habitada por cientos de monjes dedicando su vida a la conciencia y la iluminacion, hoy ciudad encerrada entre modernidad, vacio y mercado. Si profundizas en sus calles, si cierras los ojos al entrar en sus monasterios, todavia puedes sentir, si no imaginar, la vida que un dia tuvo, el significado de cada una de las oraciones, las vidas dedicadas al crecimiento interior.
Uno de los monasterios que tienen mas vida es el de Jokhang, los fieles que hasta alli peregrinan, en ocasiones arrastrandose (literalmente) cientos de kilometros, y que circulan por cientos en el sentido de las agujas del reloj le confieren una energia especial al lugar. Su interior inspira espiritualidad, aunque sus monjes se encuentren controlados y parte del sentido de manternerlo funcionando sea el interes economico que ofrece. Sus vistas desde las plantas altas compiten en belleza con el misticismo del interior.
Desde la montania, majestuoso el Potala todavia gobierna la ciudad, maxima expresion de la arquitectura y cultura tibetanas fue el hogar de los diferentes Dalai Lama desde el siglo XVII hasta la toma del pais por China. Por fuera es mucho mas hermoso que por dentro que se encuentra vacio de vida, castrado a la mera visita turistica extremadamente dirigida, controlada y desposeida de toda sensacion espiritual. Solo cuando la imaginacion vuela y se cuela por los pasillos que llevan a sus mas de 1000 habitaciones entras en contacto con la fuerza que un dia tuvo que tener el que fue centro de la practica budista. Sherainae, mi companiera de viaje, me cuenta que un Lama le dijo una vez que no se entristeciera por Tibet, que lo que esta pasando es su karma y que gracias a la ocupacion y obligado exilio de sus eruditos las ensenianzas del budismo ha podido ver la luz en miles de puntos del planeta y no solo circunscribirse a uno solo. Quiza tenga razon y gracias a ello este es un lugar accesible tanto para su visita como para el aprendizaje de sus ensenianzas, tan en concordancia con las que defendemos en Avatar Psicologos y que si se hubiesen mantenido encerradas aqui hubiera sido dificil que nos ayudasen a los que nos encontramos fuera.
En el plano negativo, una de las cosas que mas me sorprenden, es como los peregrinos, en el recorrido por los templos se puede distinguir perfectamente entre peregrinos y turistas, ofrecen dinero a sus dioses. Los billetes se acumulan delante de cada imagen, de cada lugar sagrado y eso me hace plantear esa imperiosa necesidad que tenemos los seres humanos de “comprar” nuestra seguridad y nuesta vida eterna, en este caso una reencarnacion apropiada o el fin de ellas. Parece que mas alla de la religion que profesemos, la necesidad del ser humano de tener control le lleva a crear mecanismos para que lo impoderable pase magicamente a sus manos. Es de ese miedo a lo desconocido e incontrolable de lo que algunos se han aprovechado a lo largo de los tiempos para construir de lo espiritual pura riqueza, convertir lo sagrado en supersticion porque ¿puede haber un Dios, un padre, un maestro, que nos exija dinero y ofrendas para darnos a cambio la vida eterna, la sabiduria o el amor? Me parece que esa es una construccion muy humanizada de un ser superior, teňida de nuestras carencias y miedos mas importantes.