lunes, 12 de mayo de 2014

Detección precoz de problemas en nuestros hijos

En nuestro trabajo con niños, vemos a menudo las consecuencias tan negativas que ocasionan los diagnósticos tardíos. Unas veces por el miedo a enfrentarnos a realidades dolorosas, otras por la propia complejidad del desarrollo en la infancia o, incluso, por un mal asesoramiento hacen que tardemos demasiado en darnos cuenta de que tenemos un problema.

Es cierto que cada niño lleva su propio ritmo de desarrollo, y las diferencias en cuanto a la adquisición del lenguaje, el control de esfínteres o el desarrollo motor entre otros aspectos, pueden variar considerablemente de un niño a otro. Y lo mismo ocurre con las capacidades cognitivas. Por otro lado, determinadas conductas que en un adulto serían claramente patológicas, en el niño son sólo producto del propio desarrollo y la falta de madurez cerebral, y por lo tanto desaparecen a medida que el niño va creciendo. Por toda esta complejidad, la detección de patologías en el niño es en ocasiones complicada y los diagnósticos correctos pueden demorarse demasiado.

Es fácil entender que cuanto antes seamos conscientes de que hay un problema mejor podremos atajarlo, porque los problemas que no abordamos siempre crecen. La detección precoz es fundamental para conseguir los mejores resultados en cualquier tratamiento posterior, y para reducir lo antes y lo máximo posible el sufrimiento de nuestros hijos y el nuestro propio.

Las principales señales de alerta las vamos a encontrar en la incapacidad o el retraso en los aprendizajes y habilidades que debe ir adquiriendo el niño. A partir de los tres años, o incluso antes si el niño va a la guardería, nuestros hijos están en contacto continuo con otros niños de su edad y esto en mi opinión es la mejor guía que podemos tener (más allá de logros concretos a edades concretas que tengamos que conocer): que nuestro hijo siga a su grupo de iguales en la adquisición de los distintos aprendizajes. Si esto no es así y vemos que se queda atrás en la adquisición del lenguaje, desarrollo motor, lectura o el resto de habilidades, debemos ver qué está pasando. Quiero señalar especialmente el desarrollo social, por ser algo a lo que muchas veces no damos importancia, y que sin embargo es muy característico de varios trastornos importantes como los relacionados con el espectro autista, por ejemplo. Por lo tanto también debe ponernos en alerta si nuestro niño tiene problemas para relacionarse con sus iguales.

Que un niño no sea capaz de seguir el ritmo de sus compañeros en cualquier área de su desarrollo, siempre le va a provocar un grado de sufrimiento que debemos intentar atajar lo antes posible.  Cuanto más tiempo esperemos, el niño va a sentirse más frustrado, incomprendido y muchas veces rechazado por sus compañeros. Y lógicamente, esto va a dañar su autoestima y va a generar  problemas de ansiedad o incluso depresivos, que después serán un añadido al problema en sí. Por lo tanto, a mí la frase  “vamos a esperar un poco…” no me gusta casi en ningún contexto, pero en este menos.

Otro tipo de señales que nos deben alertar son los retrocesos en aprendizajes o habilidades que el niño ya tenía adquiridas, así como cambios llamativos y que se mantienen en el tiempo en el comportamiento habitual o en el humor del niño.


Insisto en que con nuestros hijos no debemos esperar, y ante la duda merece mucho la pena consultar con el  profesional adecuado y quedarnos tranquilos. La mayoría de las veces, afortunadamente, el problema no será tal o será suficiente un pequeño cambio en algunas pautas o un refuerzo en un área concreto. Muchas veces, con una intervención específica evitaremos que la cosa vaya a más y estaremos ayudando a que nuestro hijo pueda ofrecer la mejor versión de él mismo. Y si se tratara de algo más serio, todo el tiempo que dejemos pasar será tiempo que nuestro hijo estará sufriendo, intentando adaptarse a un medio en el que no puede integrarse con las herramientas de que dispone, en una lucha constante en la que no tiene posibilidad de ganar si no se le ayuda.

Monica González

Podéis reforzar la información de este post viendo la entrevista que le hicieron a nuestra psicóloga en el programa "Café y Té" de TV Estepona siguiendo el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=Jhe5SOBo05g



1 comentario:

Flynn Rose dijo...

Me ha hecho pensar la entrada... Es justo lo que pensé muchas veces: es difícil, creo, diagnosticar a un niño y a un adolescente. Dejame decirte que en mi caso la gente que me rodea tomó mis problemas como "una etapa pasajera de adolescente", rebeldía, una persona joven a la que no le gustaba estudiar. Y claro, no era eso.

Un saludo grande.