domingo, 8 de julio de 2012

Retales en mi Alma

Sintió el calor del sol entrando por su ventana, un sudor pegajoso cubría su cuerpo. Permaneció boca arriba, mientras las imágenes atravesaban su mente. No quería moverse. Sabía que el dolor aparecería de un momento a otro. Ese dolor que habitaba en su cuerpo pero pertenecía a su alma. Desde que Fran se marcho el dolor hacia su entrada triunfal siempre a la misma hora, siempre puntual, punzante y arrebatador. Solo tenía unos segundos de serena amnesia en ese lapso de tiempo comprendido entre que abría los ojos y conectaba  la mente, solo unos cuantos segundos y después la puñalada le desgarraba el pecho y ya no había vuelta a atrás se le quedaba ahí clavada a la altura del corazón. Que difícil era vestirse todas las mañanas para ir a trabajar, solo podía usar camisas, se tiraba un buen rato acomodando la empuñadura entre botón y botón. No le importaba, las camisetas no le sentaban bien, le daban un aire muy infantil que no le pegaba nada. Eso sí, ya no podía entrar a bancos ni viajar en avión, todos absolutamente todos los aparatos comenzaban a chillas cuando ella se acercaba y claro la gente podía cruzar el mundo con un clavo en la rodilla o una placa metálica en la cabeza pero no con un puñal en el corazón. Es que el corazón… le decían, el corazón es impredecible María,  mire si volando a miles de metros de altura al corazón se le da por expulsar su puñal y lastima a alguien o peor aún, si se clava en la susceptibilidad de algún pasajero. Ninguna compañía aérea estaba dispuesta a correr ese riesgo. Y claro ella lo entendía. Su vida había cambiado considerablemente desde ese día. Ya no podía subirse al metro o al autobús en hora pico la gente aprisionada en esos transportes como alubias en un frasco,  empujaban y presionaban el puñal sin enterarse siquiera y entonces cada vez se hundía más… María sabía que si toleraba el dolor era precisamente porque veía que era lo que lo estaba provocando por eso evitaba las horas pico. Si alguna vez el puñal se hundiera hasta el fondo y desapareciera de su vista por completo, solo quedaría el dolor, un dolor huérfano y amnésico que lo llenaría todo, sin recordarle a nada. Un dolor sin sentido, ensimismado, una mierda de dolor. No, ella no se merecía un dolor tibio… ya había pasado por eso, la ausencia de sentimiento la conectaba con la muerte. Por eso no se quejaba, porque si había algo que María tenía era memoria. Una memoria infinita, selectiva y muy apropiada que seleccionaba de manera impecable el acontecimiento correcto en el momento preciso, nunca un recuerdo equivocado, jamás un pensamiento descontextualizado, imposible un “no me acuerdo”. Cuando Fran entró a su vida era aun mas desdichada, arrastraba una enorme armadura obsequio de Raúl, último sobreviviente de una raza de hombre-erizo. Ahh cuanto amaba a Raúl, con que amor cosía sus camisas rajadas por las púas, con que entereza aguantaba el abrazo mientras sus púas se clavaban a fuego en su piel. Un día después de amarse casi hasta quedar inconscientes con el cuerpo rasgado y dolorido María despidió a Raúl. Supo que nunca más lo volvería a ver cuando la pesada armadura se ciño a su cuerpo. Empezó por sus piernas, trepando como una enredadera avanzando sin prisa pero sin pausa, subiendo incansable por sus muslos, abrazando sus caderas, sujetando la columna, el esternón, los pechos como una delgada pero solida malla que la envolvía hasta el cuello. Y así estuvo arrastrándose durante años sin sentir nada, absolutamente nada, ni frio, ni calor. Muerta a los sentidos y las sensaciones, viva a la mente como una burbuja frágil, volátil, psicópata, desconectada de todo lo que la rodea. Años amorfos, uniformes, desolados. Y entonces conoció a Fran lanzador de cuchillos de un circo perdido en el tiempo, rodeado de mujeres barbudas y enanos saltarines. Cuando Fran vio a María por primera vez supo que estaba hecha a su medida, no hay nadie más adecuado para un lanzador de cuchillos que una partenaire cubierta de metal ferroso, que relajados eran sus días junto a María sin pensar siquiera en errar un tiro, sin el mínimo cuidado, sin preocuparse por el viento, la distancia, sin afinar la puntería. Lo cierto es que un día como cualquier otro María sintió calor, un calor tímido y escurridizo que empezaba  en su nuca y se deslizaba hacia abajo como cobrando fuerza, como una pequeña bola de nieve que crece ladera abajo, tan contundente, tan escalofriante  y a la vez  tan abrazador… toco su cuerpo hasta entonces helado y rígido, y descubrió que estaba blando, cálido, acaricio sus muslos, su abdomen, sus pechos y no pudo contener las lagrimas, tanto tiempo sin sentir… tanta vida sin su cuerpo. Lloró, cascadas y ríos, lloró lagos y charcas con nenúfares,  hasta que la habitación  se lleno de lagrimas y flores. Nadó hasta la ventana y sintió el aire rozando su piel. Frente a su casa la carpa del circo, le recordó a Fran, no le diría nada, no quería perderlo, al fin y al cabo ella podía fingir, eso no le representaría un gran esfuerzo, todo sea por sentir un poco… pero no fue tan sencillo la efímera felicidad apenas le rozo la punta de los dedos,  escapo del pueblo una fría mañana de enero cuando su amante circense confiado se asomó por la ventana y con su amplia y luminosa sonrisa doblando el brazo en un movimiento fugaz soltó como tantas veces un puñal, afilado, preciso, contundente,  esperando que sonara la hermosa campanada, un Toing resbaladizo, precoz y desafiante. En vez de eso un sonido a hueso y decepción salió del pecho de María que acababa de dar una media vuelta con los brazos abiertos bailando aquella canción que hacia tanto no cantaba...

El circo levanto a sus mujeres barbudas que se habían convertido en las reinas de los bares del pueblo, sus enanos saltarines y a un devastado lanzador de cuchillos que no podía levantar la vista de la punta de sus zapatos.

El puñal al fin se materializo en su pecho, puntual, punzante y arrebatador como cada mañana. María se levanto y se metió en la ducha. Sintió el agua caliente corriendo por su cuerpo. Sonrió. Al fin y al cabo, nunca le gusto viajar en avión. 


Mariela Mazza
Terapeuta Transpersonal

21 comentarios:

Nakrama dijo...

Hermoso. Lo que me gusta de este relato, entre otras muchas cosas, es la sensación que deja el saber que si la protagonista pudo sobrevivir a la primera armadura hasta que su corazón volvió a sentir, entonces puede que también el cuchillo del que habla ahora termine por dejar de alojarse en su corazón y así poder de nuevo volar. Me gustó. Un saludo a tod@s

ESA dijo...

Coincido contigo Nakrama, preciosa historia.

Lo más maravilloso, la esperanza...

Como María tiene mucho cuidado para que el puñal no se hunda del todo, es posible que, con el ajetreo, las prisas, el ir y venir de los días, el puñal vaya causando mucho más sufrimiento, desgarrando más su corazón. Sin embargo, llegará un día en que la herida sea tan amplia que no pueda sujetar el puñal y este se caiga. A partir de ese momento, la fisura podrá empezar a cicatrizar y existe la posibilidad de que todo el dolor se vaya transformando en aprendizaje. Puede que sienta un enorme crecimiento tanto que desee abrir sus brazos de par en par y sin darse cuenta se vea despegando para emprender un vuelo en el que no hace falta ni avión, ni helicóptero, ni globo, ni parapente. Un vuelo en el que ella misma gobierna y dirige su viaje. Y, sin ser necesario, quién sabe si algún día se encuentre un compañero que le haga más agradable el trayecto.

Por otra parte, me encanta que recuerde que fingir no abre las puertas de la felicidad, sino más bien lo contrario.

Gracias Mariela por este impulso para seguir aprendiendo a VOLAR...

Anónimo dijo...

Extraordinario relato! Queda plasmada la metáfora exquisita en puro surrealismo.
Hay que seguir adelante aunque duela o deje cicatrices como solo las personas intensas logran hacerlo. Intensamente como escribe esta autora! Saben si hay mas textos suyos publicados?

Anónimo dijo...

Me encantó no sólo por la sencillez del relato sino porque a medida que uno avanza suege esa sensación clara de lo que se siente tener un puñal clavado en el corazón. Me hizo recordar a los cuentos de Cortázar en De cronopios y de famas..en los cuales con mucha sencillez describe situaciones que se vuelven tangibles..un placer
natu

. dijo...

Me estrujo en un momento, pero resulto finalmente un mensaje muy esperanzador. No tengo sustento psicológico, seguramente se me escapen detalles académicos, pero sinceramente fue una muy agradable lectura, gracias Mariela!
C.A.

Anónimo dijo...

me encanto la posibilidad que se da esta mujer para seguir creyendo, esa resilencia de sobreponerse y seguir, ahora, tanto duele el amor??? en definitiva es tan solo un hombre, no un hijo, ese puñal creo y espero nunca vivirlo, no te lo sacas nunca mas, segui escribiendo que lo haces muy bien, me gusto muchisimo a pesar de mi desacuerdo

Ana dijo...

Mariela, muchas gracias por este hermoso relato! Y que el dolor se transforme y nos reinvente!

Anónimo dijo...

Mientras leía resultó imposible no identificarme con María. La armdura, el puñal... uf experiencias bien transmitidas, me encantó el relato

Anónimo dijo...

Hermoso.Muy encantó la manera de describir la intensidad de esa sensación que se sabe del alma. Gracias por compartirlo!

emilia aldao dijo...

ofsgterEmilia Aldao: no puedo ser objetiva, pues desde que se lee una le pone sus historias y se vuelve inmediatamente subjetiva.Supongo que ese cuchillo se irá yendo, c
11uando ella se de cuenta que vale mucho y no solamente con un otro. Que una puede cuidarse y sacarse los dolores del corazón, aliandose a la vida y no con la nuerte.

Anónimo dijo...

Me encanto! por un lado la sencillez y la sensación que te deja al describir ese puñal que de una forma u otra todos tenemos.
Hermosa metáfora y un lindo mensaje esperanzador. Seguí escribiendo!!

Anónimo dijo...

Muy bueno el relato y que bien descripto el sufrimiento Felicitaciones!!!!

Ivana dijo...

Hermoso cuento!!!! Profundo e intenso. Me encantó la sencillez del relato y las imagenes tan claras como el hombre-erizo que hacen que a medida que uno avanza se identifique con Maria o, mas bien recuerde la sensación de abrazar espinas, de haberse formado una caparazón o acostumbrarse al dolor de tener un puñal clavado en el corazón. No pude evitar sentirme Maria, y entonces, sentir que cuando la coraza cae uno siente el sol y la frescura del agua en la piel, que las heridas cicatrizan porque esta en nuestra naturaleza sobreponernos al dolor. Maria sabe que el amor es el motor en su vida y no el otro (erizo, lanzador de cuchillos, son circunstanciales). Ese amor la ayuda a sobrellevar este tiempo de cura, mientras llega el momento de volver a volar!
Gracias Mariela!!!!
Me encantaría leer mas cuentos tuyos!!!! Este fue profundamente pedagógico e inspirador para mi.

Vanesa dijo...

QUE LINDO VOLVER A LEERTE
UN VIAJE HACIA LO MAS PROFUNDO DE MI SER, SENSACIONES, SENTIMIENTOS, PASADO, PRESENTE, AMORES VIVIDOS Y NUNCA OLVIDADOS.
GRACIAS POR MANTENER VIVOS AQUELLOS RECUERDOS.
DOLOR, AMOR, VIVIR...
VANE.

Marta dijo...

42Preciosa entrada Mariela :-) Gracias por compartirla :-)
Llena de ternura, esperanza.... Sencilla y profunda.... Como la vida.... Abierta y dispuesta a ser vivida, recorrida, caminada, sentida.... Amada....
"....
Exteriormente firme
interiormente flexible,
uniéndose armoniosamente,
completo en uno mismo.
....."
Ling Chi Ching

Arol dijo...

Como siempre, impresionante amiga. Cada relato que haces es un resonar en las personas y eso es admirable. Eres una gran maestra y deseo de todo corazón poder seguir avanzando en nuestros proyectos para lanzar al mundo todo lo que tengas para decir! Te adoro!

Anónimo dijo...

Felicitaciones Mariela por tu primer cuento! Creo que tenés que seguir por este camino, tenés talento. Me gustó mucho tu manera de transmitir imágenes, sensaciones, sentires con palabras. Me gustó también la introducción del humor intentando suavizar el dramatismo del dolor. En cuanto a la historia, el mensaje que transmite, me parece que describe muy bien este modo sufriente del amor sobre todo en la mujer, como Maria que lleva estoicamente y hasta con orgullo, su puñal clavado en el corazón...Coincido parcialmente en el final esperanzador. Si bien es verdad que el amor duele, y que es mejor estar dispuestos a correr los riesgos que conlleva entregarse a él, que transcurrir la vida con una coraza, anestesiados, en su reflexión final también escucho que ese cuchillo le va a atravesar el corazon por mucho tiempo ("al fin y al cabo nunca le gustó viajar en avión"), y esa es la vertiente masoquista, de goce en el dolor, la cual no augura que algo cambie, que el duelo culmine y pueda estar abierta a oro amor. Me parece que refleja muy bien la relación de muchas mujeres con el amor. Otra cuestión para pensar es las elecciones que hace Maria y su relación al otro... pero ya excede este comentario. Simplemente para decirte que también es muy rica para analizarla clinicamente. Gracias por compartilo! Saludos
Patricia

InmaMonarca dijo...

Gracias, es maravilloso.
Este puñal ha estado en mí, lo he sentido, lo he vivido.
Ahora, cuando puede que el verdadero Amor esté conmigo, porque antes jamás lo estuvo.
El miedo al puñal está cerca.
La belleza del relato es tan cercana y vivida, se siente, lo palpo, lo entiendo como si fuera dentro de mí.
Gracias!

K dijo...

Que bonito Mariela!!! es precioso, todos hemos conocido esos puñales y esas armaduras... quizás los chicos lo sentimos de otra forma, pero también los conocemos... y esos largos periodos de no sentir. Te mando un abrazo muy grande

Anónimo dijo...

Ufff! A mí sinceramente me ha angustiado mucho el relato; ese puñal ahí clavado, esos miedos a poderte relacionar, esa sensación de no saber como seguir viviendo... me ha parecido demasiado conocida y dificil de afrontar. Casi no he podido ver la esperanza que pretende transmitir al final.
Siento disentir pero me ha parecido bastante triste, a lo mejor porque me veia reflejada en sus miedos y me hace falta dar el siguiente paso y empezar a volar.
Un saludo

Anónimo dijo...

Muy buen cuento, con un contenido positivo que postula el levantarse te felicito, un beso.