No ha sido fácil, en más de una ocasión he querido negar mi sueño, bajarme en cualquier estación del viaje, hasta que en una pincelada de luz me he dado cuenta de que ya llevo demasiado tiempo negando mis sueños. Demasiado tiempo.
La primera etapa de mi viaje me ha llevado a los cinco años, allí he visto sufrir a una pequeña niña el permanente rechazo de su madre, una madre dañada por unos padres super exigentes de unos abuelos distantes que dependían de unos bisabuelos demasiado ocupados en sobrevivir como para ocuparse de sus hijos. Si eran dolorosas las imágenes algo a desgarrado mi corazón al reconocer a esa pequeña niña indefensa, al observar en ella gestos que todavía hoy descubro en el espejo. He visto como en aquellos días una parte muy sensible de mi corazón aprendió que depender del amor fluctuante de las personas gobernadas por sus propios fantasmas y miedos era tremendamente peligroso, por mucho que esas personas dijeran quererte siempre acababan dañándote. Aprendí, supongo que de manera inconsciente, que era mucho más seguro capaces de sostener y aguantar los envites que llegaban. Aprendí. Aprendí a ser buena, a hacer las cosas bien, a no molestar, aprendí mil y un trucos que evitaban que esas pequeñas agresiones diarias que para mi escaso metro de altitud eran demasiado grandes. Ahora veo que no lo hice mal, que incluso lo hice muy bien, que de alguna manera conseguí protegerme de una manera bastante eficaz para mi edad.

Paso a paso fui haciendo mi master vital en la detección y enganche con personas que no podían querer, que sólo podían hacer un daño superficial a mi piel, ardiente y que escuece si, pero muy lejos de mi sensible corazón que mantenía a salvo. Y así me siento segura, jodida, pero segura.
Pero todavía no he aprendido a controlar completamente esa parte de mi que aún busca el Amor, todavía no he sido capaz de acallar a esa voz interna que no sólo busca rellenarlas carencias que me dejaron los daños de mi infancia sino que de alguna manera sabe que soy un ser de luz que merece ser amada. Y a esa voz a la que siempre he agredido hoy voy a darle un espacio, desde el silencio de mi mente voy a hacer de amplificador de mi corazón para conseguir una vibración tan potente que sea capaz de romper mis barreras, mis más-caras, que sea capaz de romper en mil pedazos esa historia personal que me he empeñado en seguir y alimentar. Estoy llegando al final del viaje, de ese viaje.
Siento que este sueño no ha sido casualidad, se que los años en los que mi piel ha sido golpeada, rasgada, quemada, han tenido la función de proteger mi corazón. El corazón de una pequeña niña asustada que aprendió la lección incorrecta y desde entonces ha trabajado, fiel a aquellos que se la enseñaron, para hacer esa creencia realidad. Así que hoy no voy a reprocharle al otro sus abusos, no me voy a reprochar a mi misma no haber hecho las cosas mejor ni ser la culpable del enfado del otro, no me voy a insultar ni me voy a rebajar, hoy, definitivamente, pongo fin a ese viaje.
Hoy, en este día especial fruto del cruce de experiencias, aprendizajes e intuiciones, decido emprender uno nuevo, hacía un destino completamente diferente. Hoy decido dar los primeros pasos al encuentro de mi propio corazón, para escucharlo, acariciarlo, quererlo... para que cuando se confíe y esté distraído pueda susurrarle al oído que merezco ser querida, que es puro Amor y también pura fuerza, que a partir de este día nunca más me desconectaré de él, que hoy, con una enorme sonrisa y liberación, me permito abrirle las puertas al Amor mientras cierro definitivamente las del miedo, mi último ex del camino.
