Una de las cosas que más nos hace sufrir cuando una relación se rompe es esa necesidad de la mente de encontrar una explicación.
El ser humano, como el resto de los mamíferos con quienes comparte el sistema límbico, tiene una fase de su vida en la que es completamente vulnerable y dependiente de que otro, un adulto, le cuide. Esta fase de nuestra vida es especialmente importante porque en el caso de ser abandonados moriríamos (o eso siente un niño que no sabe nada de servicios sociales, etc.). ¿Y qué nos asegura que no seremos abandonados?
El Amor. El cariño de nuestros padres es la garantía de que nos cuidarán y, por tanto, sobreviviremos en este mundo que nos desborda.
Cuando se producen conflictos en la percepción de este amor la sensación que acompaña a dicha carencia deja una huella de peligro grabada en nuestro sistema límbico que nos influirá toda la vida, ya hemos comentado otras veces que la emoción decide y la razón justifica, que las estructuras de sistema límbico reaccionan unos instantes antes de que la información llegue a la parte racional. Esta situación provocará con mucha probabilidad un conflicto emocional situado en una parte de nuestro cerebro muy inconsciente y de difícil acceso racional. Y lo importante, repito, no es haber recibido amor sino haberlo sentido seguro, por mucho amor que nos hayan dado si no hemos sido conscientes, no lo hemos percibido como seguro o no se nos dió de la manera en que necesitábamos entonces es como si no existiera.
Todos hemos sido en algún momento dependientes, y hasta cierto punto lo seguimos siendo, y si no hemos transitado con seguridad esa etapa, cada vez que en nuestra vida tengamos la posibilidad de un abandono emocional nuestro sistema límbico disparará la señal de peligro grabada cuando éramos niños, es decir una señal de peligro vital, y nuestra mente racional tratará de buscar desesperadamente una solución. Esta solución puede venir por varios caminos, una es tratar por todos los medios que el otro no nos abandone (como niños indefensos que se mueren sin el adulto que les cuide), otra es encontrar una explicación que por lo menos nos de la seguridad de que somos dignos de ese amor que perdemos y que seremos merecedor de él en el futuro (pero volvemos a depender de que otro nos quiera para sentirnos seguros).
Por eso en una ruptura le damos tantas vueltas a lo que el otro ha hecho, a por qué nos ha dejado y, sobre todo, tratamos de buscar una explicación que nos dé cierto poder sobre lo que ha pasado para poder controlarlo. El problema es que la mayoría de las veces las razones de una ruptura amorosa son inexplicables racionalmente, en ocasiones aunque todo vaya bien hay algo que no funciona a nivel emocional, la pasión, el deseo, la conexión o la magia se han ido. Otras veces el problema es exclusivamente de la otra persona que puede tener miedo al compromiso, no desea lo mismo que nosotros o no siente las cosas de la misma manera. O incluso que a veces las cosas, simplemente no son.
Así nos encontramos en un callejón sin salida, si nos culpamos a nosotros tenemos más control pero nos llenamos de la inseguridad de no sentirnos validos y eso, si tenemos un conflicto, es un peligro vital. Si le echamos la culpa al otro quizá nos sintamos más seguros pero perdemos el control de la situación, depende del otro, y también saltan las alarmas. Por eso las rupturas emocionales son tan dolorosas y los estudios dicen que incluso se sufre (de sufri-miento) más cuando pierdes a la pareja por un abandono que cuando se muere (que provocaría más dolor).
Quizá la única salida a este embrollo sea construir una relación con nosotros mismos que nos permita llenar de ese amor que no percibimos a ese niño que un día fuimos, a esa parte de nosotros que sufrió carencias y arrastra la inseguridad. Quizá por eso tanta gente opina que para querer a otro de una manera sana
primero tengamos que
querernos a nosotros mismos. Mientras busquemos esa seguridad fuera siempre nos sentiremos en peligro y necesitaremos al otro para sentirnos seguros. Y la necesidad siempre ahoga al Amor, porque
el Amor por definición siempre
es libre.