Cuando una persona se muere nos hace de espejo de nuestra propia muerte. Sólo si tenemos una buena relación nosotros con ella podremos acompañar libres a esa persona en su camino. Por eso decíamos en el anterior post que primero tenemos que superar nuestros propios miedos.
Antes de poder acompañar a alguien en sus últimos pasos por la vida tenemos que estar nosotros muy vivos. Tener claro nuestra misión personal en esta vida, ser lo suficientemente egoístas como para permitirnos realizarla, cuidarnos a nosotros mismos nos dará la fuerza para poder acompañar a alguien en esos momentos, a veces difíciles. Y digo a veces, porque hay otras personas que caminan con la cabeza alta, con serenidad, seguridad y confianza esos últimos pasos. Son personas que pueden mirar hacía atrás y sentirse satisfechas, son personas que saben que su misión ha concluido y que es tiempo de pasar a otro estado. Son personas que con el Amor pintado en sus caras nos regalan una última lección, quizá la más importante, es posible VIVIR con mayúsculas y no sólo sobrevivir. Pero más allá de esos y esas maestros y maestras que podemos hacer las personas que nos dedicamos al cuidado de personas en estado terminal para facilitarles su tránsito.
En el acompañamiento de personas en el último momento de sus vidas lo más importante es presentarse desnudo. Desnudo de prejuicios, de ideas preconcebidas, de juicios, de deseos, en definitiva desnudos de nuestro mapa de la realidad. El objetivo es permitir que la persona haga su propio proceso, lo que ella necesite, dándole el espacio necesario para hacerlo.
Así que las herramientas más útiles que tenemos es el silencio y nuestras preguntas. Silencio para dar ese espacio, hay veces que el silencio es muy incómodo, pero si somos capaces de sentirnos cómodos en la incomodidad permitiremos que la otra persona exprese lo que hay más dentro de ella. No podemos olvidar que toda confesión dolorosa necesita un tiempo para ser elaborada, después de un gran silencio suele llegar una gran confesión. Así que el silencio es nuestra herramienta. Las personas suelen sentirse muy incómodas ante ese silencio y lo rellenan con opiniones, consejos, distracciones. Cuando alguien me pregunta "y en esos momentos ¿Qué se dice?", mi respuesta suele ser "Nada, no hay nada que decir, así que lo que hacemos es callarnos y escuchar". Las preguntas son la segunda herramienta, son las que facilitan que el otro nos exprese lo que siente, lo que piensa.
Pero quizá incluso antes de preguntar o de guardar silencio, es importante dar permiso. Demostrar que con nosotros si se puede hablar de aquello que les preocupa, que les atemoriza, de aquellas intuiciones que llegan en los últimos momentos. Y para probar si se puede hablar con nosotros muchas veces ellos nos hacen preguntas ¿Por qué a mi? ¿Por qué ahora? ¿Qué es la muerte? ¿Hay algo después de la muerte?. Esas preguntas no buscan una respuesta, buscan comprobar si huimos de ellas o nos mantenemos serenos. No esperan una respuesta, es en muchas ocasiones su manera de tratar de promover una conversación sobre el tema que les ayude a poder articular sus propios pensamientos, miedos y lucha interior. A veces las creencias que he defendido toda la vida no se sostienen con lo que sienten en ese momento y necesitan su proceso de elaboración de sus sensaciones sin sentir que están traicionando lo que siempre han creído. Así que... ¿Se puede hablar con nosotros? ¿Nos callamos y escuchamos o empezamos a parlotear con lo que nosotros pensamos? Incluso es posible que la respuesta a esas preguntas ni siquiera sea lo importante, sino que lo importante sea el propio proceso interior de buscar la respuesta. Así que dar permiso es callarse, no huir del tema y devolver las preguntas para que la persona pueda encontrar sus propias respuestas, no me cansaré de repetirlo, sus propias respuestas no las nuestras.

Quizá la primera necesidad es hacer real la pérdida, poder combatir esa negación que surge instantáneamente ante la noticia. A veces nos preguntan porque necesitan que alguien les acompañe en ese darse cuenta de que la muerte se acerca. Poder dar la mala noticia con serenidad, Amor y compasión les ayudará a integrarla.
Luego es muy importante poder expresar todas las emociones, TODAS. Hay personas que tienen más dificultad para expresar la rabia, otras el miedo, otras la tristeza. Normalizar todas las emociones y dar permiso para sentir es nuestra función en esos momentos. Es difícil estar con alguien mientras tiene una abreación emocional, pero por favor, no cortéis el proceso, permitir que la persona haga la curva emocional que sube y luego baja. Si tratamos de consolar, de controlar la emoción, de que esté bien, estaremos mandando en mensaje que con nosotros no se puede hablar, expresar, sentir. Quizá lo único que hay que combatir es la culpa, pero nunca directamente siempre con las preguntas que lleven a la persona a darse cuenta de que la culpa es absurda.
Hasta aquí las pautas son iguales que para cualquier persona en un proceso de pérdida, pero que es necesario resolver antes de morir:
- Encontrar un sentido y un significado a la propia vida. Descubrir el sentido de lo vivido y sentirlo realizado nos permite irnos con la seguridad del deber cumplido. Para ayudar podemos preguntar por los acontecimientos más significativos de la vida, ayudar a identificar lo conseguido en cada etapa, lo aportado a los demás o al mundo. Normalmente lo que la persona ha realizado tendrá que ver con sus valores, a veces cometer el error de valorar si hemos conseguido algo importante basándonos en los valores de los demás o de la sociedad. ¿Qué es lo más importante para esa persona? Seguro que en ese área la persona ha hecho cosas fantásticas, las otras dan igual, porque cada uno tenemos una misión diferente que suele estar en consonancia con nuestros valores.
- Resolver duelos pasados. Es difícil irse si hay cosas sin resolver. Para poder morir serenamente es importante encontrarse en un estado de Amor Incondicional, de estar en contacto con nuestra esencia de Amor. Por eso podemos ayudar a las personas a expresar las emociones no expresadas, a resolver los conflictos enquistados, a deshacer las culpas que cargan en sus espaldas y no les permites caminar derechos, las culpas propias o las de los demás. Trabajar el perdón es liberador y nos acerca al Amor por todo, imprescindible para irnos con todo resuelto y libres.
- Querer y sentirse querido hasta el final. Los seres humanos somos seres vinculares, las relaciones y los vínculos con los demás nos alimentan, dan seguridad a nuestro cerebro emocional y nos liberan de miedos. Ayudar a los familiares a acompañar, algunos de ellos no querrán dejar ir a la persona que se va, o ser capaces de amar nosotros y dejarnos amar por la persona que está sola es la manera de llenar esta necesidad. La persona con la que trabajamos es un Ser Humano que como tal merece respeto y Amor. Da igual si es amable o agresivo, dulce o agrio, si nosotros estamos plenos podremos ofrecer ese Amor que hará que la persona se sienta segura. A veces las personas muy dañadas tienen miedo a abrirse y nos prueban con sus ataques, si a cada agresión respondemos con Amor les estaremos transmitiendo que con nosotros si es seguro abrir el corazón y, obviamente, al estar en estado de Amor nosotros también nos sentiremos mejor.
- Sentido de esperanza y/o trascendencia. Ya hemos visto lo importante de encontrarle un sentido a la vida, encontrarle un sentido a la muerte también es importante. Aquí es donde las creencias religiosas o espirituales cobran sentido, es posible que la persona haya rechazado ambas durante la vida pero eso no significa que no pueda abrirse a ellas ahora. Lo importante será facilitar que la persona entable un diálogo con su propio corazón, que pueda abrirse a lo que ha estado cerrada hasta ahora cuando empieza a sentir esa llamada interior. Establecer una relación de confianza, libre de juicios y de nuestras creencias, estar dispuestos a dar testimonio silencioso de su dolor o ayudarles con meditaciones guiadas, lecturas, expresión creativa, símbolos, rituales de despedida o de paso... habrá que estar con los ojos bien abiertos para descubrir como la persona quiere expresar su espiritualidad y ayudarle a hacerlo.
- Cuidados básicos. Aportar los cuidados básicos de enfermería, limpieza, hidratación, comida, etc. a veces son pequeñas cosas que tienen un gran significado. Cuidar y honrar a un ser humano es una experiencia que sólo aquellas personas abiertas a disfrutarla podrán saborear, como dice el famoso anuncio "hay cosas que no tienen precio".
Mis agradecimientos para escribir este post a: A Payàs i Puigarnau, A. por su artículo "Espiritualidad en la última etapa de la vida". Labor hospitalaria, 35 (268): 7-14, 2003. A Doka, 1993 y Corr et. al., 2000 por sus investigaciones. Y especialmente a: Elisabeth Kübler-Ross, con su valentía, su trabajo y su dedicación nos enseñó a muchos cuando el tema del apoyo psicológico en la muerte era un tema muy tabú. A Félix Esteban, mi tutor del master de transpersonal, siempre ahí siempre haciéndome pensar. Al Hospital USP de Marbella, que me permite desarrollar este regalo de profesión que tengo. Y, en especial, a Cruz Roja Española por su dedicación a la ayuda de los que más sufren y su labor humanitaria en todo el mundo, trabajar bajo los principios de esta organización es un orgullo y una motivación constante.