Caminando por la prisión de Alcatraz, dejándome transportar por las sensaciones de la falta de libertad y la energía allí acumulada tantos años después, me encuentro con un cartel que recuerda la norma número 5 de la prisión:
PRIVILEGIOS
Tiene derecho a alimentación, vestimenta, refugio y atención médica. Cualquier otra cosa que usted recibe es un privilegio
y entonces me doy cuenta de la cantidad de privilegios de los que disfruto en mi vida, de la cantidad de grandes y pequeñas cosas que pintan las paredes de mi vida de sensaciones, pasiones, comodidades, estimulaciones... y entonces entiendo a John Demartini cuando habla de que se llenen los ojos de lágrimas de agradecimiento. Porque por unos momentos, posiblemente demasiado largos, había dejado de ser consciente de todo aquello que tengo y cuando vuelvo a serlo no importa nada más que la sensación de agradecimiento por todo lo que la vida me regala cada día y mi compromiso de disfrutarlo.
Y es que más allá de lo que nuestra imaginación puede crear sobre las cosas que nos faltan, dejar la fantasía de lo que no es, volver al presente, ser consciente, significa agarrar ese ahora que es, en toda la extensión de la palabra, un verdadero presente.