Hoy estoy de bajón. No me apetece levantarme de la cama, ni tampoco seguir en ella sin dormir, no me apetece nada, sólo olvidarme, dormir, escapar, salir.
Hoy estoy de bajón, es una nueva mañana y yo quiero que sea simplemente ayer, bueno no tampoco, quizá antes de ayer, o hace un año o... quiero estar como antes, aunque una vocecita me diga que ese antes me ha traído hasta este hoy en el que... estoy de bajón.
Doy un vuelta, trato de acallar a esa voz que sale de algún lugar dentro de mi que me martillea con opciones... salir a correr por la mañana, meditar, ducharme y salir a desayunar, trabajar... ¡pero no entiende esa voz que no me apetece nada! Y no me digas que me anime, no me digas nada porque hoy no quiero escuchar, sólo quiero que esa voz que grita que todo es una mierda suene más alta que la maldita voz que me recuerda las opciones que tengo, de ahogar esa consciencia de que el día está en mis manos y lo puedo cambiar, disfrutar, suprimir la sensación de saber quien soy de verdad, porque llegar hoy hasta mi es difícil y... ¡hoy estoy de bajón!
Y entiendo las causas pero me da igual, quizá no he dormido suficiente o quizá demasiado, o hay un cambio de presión atmosférica, o llevo demasiado tiempo traicionando mis valores o hay un cambio hormonal o... me da igual... ¡hoy quiero estar de bajón!
Aunque esa maldita voz sigue colando sus ideas en mi cabeza, si siempre hago lo mismo siempre obtendré el mismo resultado, está bien estar hoy de bajón pero si me contagia el día posterior y el posterior será depresión... lo que más me molesta es que se empeñe en recordarme quien soy y que este no soy yo. Y si no soy yo ¿cómo no voy a estar de bajón? ¿Y quiero ser yo? pero eso es un esfuerzo y no tengo ganas... estoy de bajón... ¿Esfuerzo o bajón? ¿Esfuerzo o bajón?
Me levanto... me lavo la cara... me miro al espejo, profundo a los ojos y decido ser yo...
Me quedo en la cama, me quejo, me convenzo de que no puedo, es culpa de la vida o culpo a mi yo de no ser yo...
Es sólo una elección. Sólo una elección y... yo estoy/estaba de bajón...
El blog de Avatar Psicólogos es un espacio para reflexionar, opinar, sugerir, informar, recibir, aportar y cualquier otra cosa que se nos ocurra. Espero que lo disfrutéis.
lunes, 19 de septiembre de 2011
jueves, 8 de septiembre de 2011
Eventos y preguntas sin respuesta (racional)
El sonido del móvil sonaba insistentemente. Intuyendo la pregunta en sus caras, les dijo sin quitar las manos del volante y los ojos de la carretera: "No lo voy a coger, vuestra seguridad es más importante que cualquier llamada".
Menos de tres segundos después de haber terminado la frase, dos coches cruzaban a su lado a gran velocidad afrontando en suelo mojado esa doble curva en forma de "s" que ellos estaban terminando de trazar. El segundo de los coches, no se por qué intuyo que el del conductor más inconsciente de los dos, perdía el control de su mercedes invadiendo en una sonora derrapada el carril contrario en el mismo momento en que con un rápido volantazo era evitado por aquellos que yendo cómoda y tranquilamente por su carril eran todavía solicitados telefónicamente.
Apenas unos instantes después una serie de preguntas pasaban por la cabeza. "¿Qué habría ocurrido de estar en esa curva sólo un segundo más tarde? ¿Y si no hubiese llevado las dos manos en el volante o los dos ojos en la carretera?".
Sabía, su trabajo en emergencias y catástrofes se había encargado de recordárselo múltiples veces, que la vida es efímera, que hay que disfrutar cada instante, que esa pregunta a veces utilizada en ciertos cursos "¿Qué harías si supieras que este es el último día de tu vida?" podía hacerse real en cualquier momento.
Pero otra reflexión inundaba todavía con más intensidad a su mente. Hacía tan sólo unas horas una de sus almas gemelas en esta vida le había estado contando lo que a ella le había pasado. Como en mitad de sus vacaciones, haciendo un trekking, había tenido una caída que para todos sus compañeros de viaje en los segundos eternos que duró parecía con total seguridad el final de su vida. Para su todavía mayor alivio que incredulidad ella se levantó del fondo del precipicio con apenas unos rasguños y el gemelo roto. "Durante la caída -le había contado- sentí como una voz me decía `no luches, déjate ir, no temas, todo va a salir bien´y yo, mientras todo daba vueltas a mi alrededor en cámara lenta, solo le hacía caso a esa voz que había surgido de no se donde".
Esos dos episodios construían una serie de preguntas que se agolpaban en su mente sin siquiera darle tiempo a elaborar ninguna respuesta coherente:
¿Hay alguien o algo que cuida de nosotros hasta que es nuestro momento?
¿Es casualidad la muerte o nos vamos de aquí en el momento preciso?
¿Será la vida fruto de la simple casualidad, evolución e incertidumbre, o tenemos una misión que desarrollar y mientras no la hayamos realizado (o abandonado) tenemos que permanecer en este plano más allá de lo duras o fáciles que sean nuestras circunstancias?

Sin duda su intelecto no tenía la capacidad para responderlas de una manera creíble, pero algo dentro de él, muy lejos de ser razonado, le decía que si se había construido esas preguntas era porque ya en su interior existía la respuesta a ellas. Y una sonrisa de complicidad y agradecimiento hacia el Universo se dibujo en sus labios.

Dedicado con cariño y agradecimiento a ese ser tan especial con el que tengo la suerte de compartir camino en esta vida mientras que los extraños eventos y casualidades se empeñan en hacer más pequeña la distancia física que nos separa.
Menos de tres segundos después de haber terminado la frase, dos coches cruzaban a su lado a gran velocidad afrontando en suelo mojado esa doble curva en forma de "s" que ellos estaban terminando de trazar. El segundo de los coches, no se por qué intuyo que el del conductor más inconsciente de los dos, perdía el control de su mercedes invadiendo en una sonora derrapada el carril contrario en el mismo momento en que con un rápido volantazo era evitado por aquellos que yendo cómoda y tranquilamente por su carril eran todavía solicitados telefónicamente.
Apenas unos instantes después una serie de preguntas pasaban por la cabeza. "¿Qué habría ocurrido de estar en esa curva sólo un segundo más tarde? ¿Y si no hubiese llevado las dos manos en el volante o los dos ojos en la carretera?".
Sabía, su trabajo en emergencias y catástrofes se había encargado de recordárselo múltiples veces, que la vida es efímera, que hay que disfrutar cada instante, que esa pregunta a veces utilizada en ciertos cursos "¿Qué harías si supieras que este es el último día de tu vida?" podía hacerse real en cualquier momento.
Pero otra reflexión inundaba todavía con más intensidad a su mente. Hacía tan sólo unas horas una de sus almas gemelas en esta vida le había estado contando lo que a ella le había pasado. Como en mitad de sus vacaciones, haciendo un trekking, había tenido una caída que para todos sus compañeros de viaje en los segundos eternos que duró parecía con total seguridad el final de su vida. Para su todavía mayor alivio que incredulidad ella se levantó del fondo del precipicio con apenas unos rasguños y el gemelo roto. "Durante la caída -le había contado- sentí como una voz me decía `no luches, déjate ir, no temas, todo va a salir bien´y yo, mientras todo daba vueltas a mi alrededor en cámara lenta, solo le hacía caso a esa voz que había surgido de no se donde".
Esos dos episodios construían una serie de preguntas que se agolpaban en su mente sin siquiera darle tiempo a elaborar ninguna respuesta coherente:
¿Hay alguien o algo que cuida de nosotros hasta que es nuestro momento?
¿Es casualidad la muerte o nos vamos de aquí en el momento preciso?
¿Será la vida fruto de la simple casualidad, evolución e incertidumbre, o tenemos una misión que desarrollar y mientras no la hayamos realizado (o abandonado) tenemos que permanecer en este plano más allá de lo duras o fáciles que sean nuestras circunstancias?

Sin duda su intelecto no tenía la capacidad para responderlas de una manera creíble, pero algo dentro de él, muy lejos de ser razonado, le decía que si se había construido esas preguntas era porque ya en su interior existía la respuesta a ellas. Y una sonrisa de complicidad y agradecimiento hacia el Universo se dibujo en sus labios.

Dedicado con cariño y agradecimiento a ese ser tan especial con el que tengo la suerte de compartir camino en esta vida mientras que los extraños eventos y casualidades se empeñan en hacer más pequeña la distancia física que nos separa.
sábado, 27 de agosto de 2011
No tuvo tiempo de arrepentirse...
No tuvo tiempo de arrepentirse...
Cuando observó esa luz brillante frente a ella, esa luz de la que tanto había oído hablar en tertulias, libros y películas y en la que nunca había acabado de creer, sintió una mezcla de fascinación y vacío.
Fascinación por la sensación de Amor con la que aquella luz le envolvía, una sensación que durante tanto tiempo había buscado desesperadamente para darse cuenta de que es ella la que, simplemente, te encuentra. Vacío al mirar sus manos y observar que se encontraban así, vacías. Ese era el bagaje que le había dejado años de quejas, de añoranzas, de justificaciones y resistencias. Años de centrarse en lo que el pasado no le había dado, años de temor a que el futuro reprodujese las mismas carencias que en el pasado le habían dañado. Años de vivir entre un pasado y un futuro que no se podían atrapar entre las manos, que lo único que hacían era agrandar su sensación de vacío, de sentirse llena de una gran nada.
No tuvo tiempo de arrepentirse de haber dejado que sus miedos no le abriesen ni un pequeño espacio al presente, ese único momento en el que se podía sentir aquello que ella tanto tiempo había añorado. Tanto tiempo que se acostumbró a la sensación de añorarlo, hizo suya la identidad de la que está llena de carencias, se identificó tanto con ella que despreció las múltiples señales que la vida le ponía delante, las diferentes manos que se extendían a su paso ofreciéndole algo diferente, tan diferente que escapaba a su control, y aquello que no controlaba era ineludiblemente teñido por el color del miedo.
No tuvo tiempo de arrepentirse de haber girado siempre la mirada hacía la oscuridad, haciéndose experta en buscar justificaciones para su eterna existencia a su lado. Una oscuridad que helaba sus huesos, pero mucho más cómoda que la peligrosa sensación de calor en su piel, que ya sabía podía llegar a quemar.
Ahora esa luz le concedía el don de la visión, de la consciencia plena sobre cada una de sus decisiones, de la certeza de su completa responsabilidad sobre su propia vida. Esa luz le recordaba implacable... que no tuvo tiempo de arrepentirse... de vivir toda la vida arrepentida...
Las investigaciones psicológicas demuestran que las personas se arrepienten mucho más de aquello que no intentaron que de aquello que intentaron y fracasó, aunque el miedo no para de susurrarnos al oído lo contrario. Nosotros decidimos a quien hacerle caso.
Cuando observó esa luz brillante frente a ella, esa luz de la que tanto había oído hablar en tertulias, libros y películas y en la que nunca había acabado de creer, sintió una mezcla de fascinación y vacío.
Fascinación por la sensación de Amor con la que aquella luz le envolvía, una sensación que durante tanto tiempo había buscado desesperadamente para darse cuenta de que es ella la que, simplemente, te encuentra. Vacío al mirar sus manos y observar que se encontraban así, vacías. Ese era el bagaje que le había dejado años de quejas, de añoranzas, de justificaciones y resistencias. Años de centrarse en lo que el pasado no le había dado, años de temor a que el futuro reprodujese las mismas carencias que en el pasado le habían dañado. Años de vivir entre un pasado y un futuro que no se podían atrapar entre las manos, que lo único que hacían era agrandar su sensación de vacío, de sentirse llena de una gran nada.
No tuvo tiempo de arrepentirse de haber dejado que sus miedos no le abriesen ni un pequeño espacio al presente, ese único momento en el que se podía sentir aquello que ella tanto tiempo había añorado. Tanto tiempo que se acostumbró a la sensación de añorarlo, hizo suya la identidad de la que está llena de carencias, se identificó tanto con ella que despreció las múltiples señales que la vida le ponía delante, las diferentes manos que se extendían a su paso ofreciéndole algo diferente, tan diferente que escapaba a su control, y aquello que no controlaba era ineludiblemente teñido por el color del miedo.
No tuvo tiempo de arrepentirse de haber girado siempre la mirada hacía la oscuridad, haciéndose experta en buscar justificaciones para su eterna existencia a su lado. Una oscuridad que helaba sus huesos, pero mucho más cómoda que la peligrosa sensación de calor en su piel, que ya sabía podía llegar a quemar.
Ahora esa luz le concedía el don de la visión, de la consciencia plena sobre cada una de sus decisiones, de la certeza de su completa responsabilidad sobre su propia vida. Esa luz le recordaba implacable... que no tuvo tiempo de arrepentirse... de vivir toda la vida arrepentida...
lunes, 8 de agosto de 2011
¡Pura vida!
Hoy voy a hablar de nuevo de un viaje, pero esta vez no de un viaje metafórico, ni inventado, sino de un viaje real, de esos que suceden tras una conjunción de acontecimientos y casualidades que impiden fluir hacia donde la vida te lleva.
Y me llevó, me trajo, a Puerto Viejo, un pueblecito de la costa caribeña de Costa Rica. Un lugar mágico donde la presencia del ser humano todavía no ha estropeado la belleza intrínseca de la belleza de la naturaleza que lo rodea. Un lugar donde la selva y el mar están separados por unos metros de arena, a veces blanca, a veces negra y las más de las veces una mezcla entre ellas, que parece disfrutar jugando a separar a los dos amantes. Aunque cuando el mar, en su deseo, se desata y se pone bravo alcanza con facilidad a acariciar troncos y raíces, completando un Amor la mayoría del tiempo contenido, coartado.
La selva también tiene sus formas de expresarse y a través de los mil y un rios que la surcan, drenando las frecuentes lluvías tropicales, le regala al mar cada día sedimentos, hojas, ramas y, en días de especial pasión, enormes troncos desprendidos con los que el mar juega durante días antes de devolverlos a la playa, como si una vez satisfecho recordará que a mayor número de troncos en la playa menos espacio le separa de su amante.
Más allá de su exuberante naturaleza, destaca con intensidad el caráctere de sus gentes. Una exótica mezcla de ticos (así se llama coloquialmente a los costarricenses), jamaicanos (o mas bien sus descendientes) y personas de todo el planeta que llegaron aquí para unos días y echaron raíces, atrapados por esa belleza que no se sabe exactamente donde ubicar, pero que te atrapa, te conquista y, si te descuidas, te secuestra.
La expresión más utilizada en Puerto Viejo es "pura vida". Se utiliza como saludo: "¡pura vida!", para preguntar "¿Cómo estás?": "¿Pura vida?", para contestar "bien, gracias": "¡pura vida!", para decir "de nada" tras un agradecimiento: "¡pura vida!", para decir adiós deseándole a uno lo mejor: "¡Pura vida!" y supongo que para otras muchas cosas más que en diez días no me ha dado tiempo a descubrir.
Y no se dice por decir, aquí la gente realmente honra sus palabras cuando expresa "pura vida", como si cada instante fuese un sorbo de vida que ha de ser aprovechado, degustado, despacito, con ese "ahorita" que es un presente continuo de final intangible. Es sorprendente la calidad en la atención al cliente, en un restaurante, en una tienda, en un supermercado, desde el hotel de cinco estrellas hasta el conjunto de cabinas de habitaciones compartidas. Todo son sonrisas, todo es "con gusto", todo es pura vida. Y eso me recuerda lo fácil que es comprometerse con hacer con alegría, con el corazón, llenando de Amor, cada tarea que la vida nos encomienda. Hay una enorme diferencia en hacer tu trabajo con presencia, con Amor por lo que se realiza o por sus consecuencias, a la amargura del "tengo que" o de la pelea continua con lo que es, con lo que se ha elegido, la mayoría de la veces desde la elección inconsciente o consciente de no elegir.
Así, disfrutando de sus sonrisas, de su entrega en el servicio, de su Amor por la vida, cierro los ojos y dejo que se grabe, aun más profundo, esa lección. Porque hacer cada tarea con Amor es estar permanentemente enamorado, no de un objeto particular al que aferrarse sino hacía todo lo que te rodea, sintiendo la magía de ser parte de un todo que, más allá de selvas o edificios, playas o asfaltos, bosques o parques, puede ser sentido en cada instante, porque cada instante es vida, ¡Pura Vida!
Y me llevó, me trajo, a Puerto Viejo, un pueblecito de la costa caribeña de Costa Rica. Un lugar mágico donde la presencia del ser humano todavía no ha estropeado la belleza intrínseca de la belleza de la naturaleza que lo rodea. Un lugar donde la selva y el mar están separados por unos metros de arena, a veces blanca, a veces negra y las más de las veces una mezcla entre ellas, que parece disfrutar jugando a separar a los dos amantes. Aunque cuando el mar, en su deseo, se desata y se pone bravo alcanza con facilidad a acariciar troncos y raíces, completando un Amor la mayoría del tiempo contenido, coartado.
Más allá de su exuberante naturaleza, destaca con intensidad el caráctere de sus gentes. Una exótica mezcla de ticos (así se llama coloquialmente a los costarricenses), jamaicanos (o mas bien sus descendientes) y personas de todo el planeta que llegaron aquí para unos días y echaron raíces, atrapados por esa belleza que no se sabe exactamente donde ubicar, pero que te atrapa, te conquista y, si te descuidas, te secuestra.
La expresión más utilizada en Puerto Viejo es "pura vida". Se utiliza como saludo: "¡pura vida!", para preguntar "¿Cómo estás?": "¿Pura vida?", para contestar "bien, gracias": "¡pura vida!", para decir "de nada" tras un agradecimiento: "¡pura vida!", para decir adiós deseándole a uno lo mejor: "¡Pura vida!" y supongo que para otras muchas cosas más que en diez días no me ha dado tiempo a descubrir.
Y no se dice por decir, aquí la gente realmente honra sus palabras cuando expresa "pura vida", como si cada instante fuese un sorbo de vida que ha de ser aprovechado, degustado, despacito, con ese "ahorita" que es un presente continuo de final intangible. Es sorprendente la calidad en la atención al cliente, en un restaurante, en una tienda, en un supermercado, desde el hotel de cinco estrellas hasta el conjunto de cabinas de habitaciones compartidas. Todo son sonrisas, todo es "con gusto", todo es pura vida. Y eso me recuerda lo fácil que es comprometerse con hacer con alegría, con el corazón, llenando de Amor, cada tarea que la vida nos encomienda. Hay una enorme diferencia en hacer tu trabajo con presencia, con Amor por lo que se realiza o por sus consecuencias, a la amargura del "tengo que" o de la pelea continua con lo que es, con lo que se ha elegido, la mayoría de la veces desde la elección inconsciente o consciente de no elegir.
Así, disfrutando de sus sonrisas, de su entrega en el servicio, de su Amor por la vida, cierro los ojos y dejo que se grabe, aun más profundo, esa lección. Porque hacer cada tarea con Amor es estar permanentemente enamorado, no de un objeto particular al que aferrarse sino hacía todo lo que te rodea, sintiendo la magía de ser parte de un todo que, más allá de selvas o edificios, playas o asfaltos, bosques o parques, puede ser sentido en cada instante, porque cada instante es vida, ¡Pura Vida!
sábado, 23 de julio de 2011
La desconocida a la que aprendí a Amar
Llevaba un tiempo apoyada en el lavabo en la misma posición, mirando fijamente a esos ojos que la miraban fijamente a ella. Nunca había estado tan cerca de sí misma, nunca había mirado más allá de la superficialidad de su piel. Descubría que no se conocía, que todo lo que sabía de esa persona que la miraba desde el espejo estaba basado en opiniones de los demás. Se creía moderna y adaptada a los nuevos tiempos pero aquella mirada le transmitía que su opinión de sí misma, de quien era, se había quedado anclada en los anales del tiempo.
Tras unos minutos empezó a sentir mucho miedo, miedo de encontrar lo que se había afanado en olvidar, lo que tanto tiempo llevaba ocultando a los demás, su interior. Darse cuenta de la oscuridad de ese lugar, de su falta de conocimiento sobre los más mínimos detalles que allí se escondían, hizo que fuese creciendo una curiosidad que empezó a competir fuertemente con el miedo. Y así, permaneció allí de pie, mirándose, descubriéndose, abriéndose a esa desconocida con la que pasaba tanto tiempo en su vida.
Poco a poco el miedo fue convirtiéndose en compasión. Compasión por esa niña a la que nunca habían mirado profundamente, por esa niña que había transformado la rabia que sentía por no haber recibido lo que merecía, aquello a lo que toda niña tenía derecho y que le habían robado aquellos que más la querían, por un profundo odio hacía sí misma. De alguna manera, pensar que ella no era demasiado buena para ser querida era más fácil de manejar para aquella pequeña niña indefensa que sentir que aquellos de los que dependía no tenían capacidad para cuidarla. Pobre niña, cuan mal se debía haber sentido.
Y así empezó a mirar a esa que la miraba desde el espejo, y que ahora era una niña, con mucho más amor y compasión. Empezó a sentir sin saber muy bien cómo una sensación que la conectaba consigo misma, una sensación de Amor profundo hacía ese ser que tan mal había tratado desde que su memoria recordaba. Descubría, como si desde una conciencia interna se le estuviese dictando una lección vital, que cuando hay Amor nunca puede haber miedo, que no es necesario hacer nada para merecer Amor porque el Amor es un estado interno que ya poseemos y no podemos perder, que para poder amar a los demás de verdad primero hay que entrar en contacto con nuestro Amor interno, que somos seres de luz perfectos y que si simplemente nos dejamos SER brillaremos intensamente. No hay que hacer nada más, tan solo SER, no sabía como hacerlo pero... como no había que hacer nada... eso tampoco parecía un problema.
Tras unos minutos empezó a sentir mucho miedo, miedo de encontrar lo que se había afanado en olvidar, lo que tanto tiempo llevaba ocultando a los demás, su interior. Darse cuenta de la oscuridad de ese lugar, de su falta de conocimiento sobre los más mínimos detalles que allí se escondían, hizo que fuese creciendo una curiosidad que empezó a competir fuertemente con el miedo. Y así, permaneció allí de pie, mirándose, descubriéndose, abriéndose a esa desconocida con la que pasaba tanto tiempo en su vida.
Poco a poco el miedo fue convirtiéndose en compasión. Compasión por esa niña a la que nunca habían mirado profundamente, por esa niña que había transformado la rabia que sentía por no haber recibido lo que merecía, aquello a lo que toda niña tenía derecho y que le habían robado aquellos que más la querían, por un profundo odio hacía sí misma. De alguna manera, pensar que ella no era demasiado buena para ser querida era más fácil de manejar para aquella pequeña niña indefensa que sentir que aquellos de los que dependía no tenían capacidad para cuidarla. Pobre niña, cuan mal se debía haber sentido.
Y así empezó a mirar a esa que la miraba desde el espejo, y que ahora era una niña, con mucho más amor y compasión. Empezó a sentir sin saber muy bien cómo una sensación que la conectaba consigo misma, una sensación de Amor profundo hacía ese ser que tan mal había tratado desde que su memoria recordaba. Descubría, como si desde una conciencia interna se le estuviese dictando una lección vital, que cuando hay Amor nunca puede haber miedo, que no es necesario hacer nada para merecer Amor porque el Amor es un estado interno que ya poseemos y no podemos perder, que para poder amar a los demás de verdad primero hay que entrar en contacto con nuestro Amor interno, que somos seres de luz perfectos y que si simplemente nos dejamos SER brillaremos intensamente. No hay que hacer nada más, tan solo SER, no sabía como hacerlo pero... como no había que hacer nada... eso tampoco parecía un problema.
viernes, 24 de junio de 2011
Hoy. Cambio de destino.
Hoy he hecho un viaje. Un viaje apasionante dentro de mis sueños, un viaje donde he descubierto que prefiero estar sola, o que prefiero mantener esa relación que me daña, que arriesgarme a abrirme a que alguien me quiera.
No ha sido fácil, en más de una ocasión he querido negar mi sueño, bajarme en cualquier estación del viaje, hasta que en una pincelada de luz me he dado cuenta de que ya llevo demasiado tiempo negando mis sueños. Demasiado tiempo.
La primera etapa de mi viaje me ha llevado a los cinco años, allí he visto sufrir a una pequeña niña el permanente rechazo de su madre, una madre dañada por unos padres super exigentes de unos abuelos distantes que dependían de unos bisabuelos demasiado ocupados en sobrevivir como para ocuparse de sus hijos. Si eran dolorosas las imágenes algo a desgarrado mi corazón al reconocer a esa pequeña niña indefensa, al observar en ella gestos que todavía hoy descubro en el espejo. He visto como en aquellos días una parte muy sensible de mi corazón aprendió que depender del amor fluctuante de las personas gobernadas por sus propios fantasmas y miedos era tremendamente peligroso, por mucho que esas personas dijeran quererte siempre acababan dañándote. Aprendí, supongo que de manera inconsciente, que era mucho más seguro capaces de sostener y aguantar los envites que llegaban. Aprendí. Aprendí a ser buena, a hacer las cosas bien, a no molestar, aprendí mil y un trucos que evitaban que esas pequeñas agresiones diarias que para mi escaso metro de altitud eran demasiado grandes. Ahora veo que no lo hice mal, que incluso lo hice muy bien, que de alguna manera conseguí protegerme de una manera bastante eficaz para mi edad.
Y el viaje ha seguido... y yo seguía aprendiendo o quizá tan sólo aplicaba mi aprendizaje. Aprendí a enamorarme de personas imposibles, del novio de mi amiga al que amé hasta morir escondiéndonos de miradas curiosas, del profesor que seguía mis juegos siempre en secreto, del chico duro del instituto que me mostraba como trofeo mientras intentaba conquistar otras para su personal museo de autoestima dañada. Y con cada uno de esos fracasos "casuales" el surco de la desconfianza se iba haciendo cada vez más profundo, mi capacidad para detectar aquellos que no me harían salir de mi camino iba aumentando hasta llegar a la excelencia. Desde muy pequeña aprendí a construir relaciones que justificasen esa creencia grabada a fuego en esa parte del cerebro ubicada en el corazón: "los que más te quieren son los que más daño hacen".
Paso a paso fui haciendo mi master vital en la detección y enganche con personas que no podían querer, que sólo podían hacer un daño superficial a mi piel, ardiente y que escuece si, pero muy lejos de mi sensible corazón que mantenía a salvo. Y así me siento segura, jodida, pero segura.
Pero todavía no he aprendido a controlar completamente esa parte de mi que aún busca el Amor, todavía no he sido capaz de acallar a esa voz interna que no sólo busca rellenarlas carencias que me dejaron los daños de mi infancia sino que de alguna manera sabe que soy un ser de luz que merece ser amada. Y a esa voz a la que siempre he agredido hoy voy a darle un espacio, desde el silencio de mi mente voy a hacer de amplificador de mi corazón para conseguir una vibración tan potente que sea capaz de romper mis barreras, mis más-caras, que sea capaz de romper en mil pedazos esa historia personal que me he empeñado en seguir y alimentar. Estoy llegando al final del viaje, de ese viaje.
Siento que este sueño no ha sido casualidad, se que los años en los que mi piel ha sido golpeada, rasgada, quemada, han tenido la función de proteger mi corazón. El corazón de una pequeña niña asustada que aprendió la lección incorrecta y desde entonces ha trabajado, fiel a aquellos que se la enseñaron, para hacer esa creencia realidad. Así que hoy no voy a reprocharle al otro sus abusos, no me voy a reprochar a mi misma no haber hecho las cosas mejor ni ser la culpable del enfado del otro, no me voy a insultar ni me voy a rebajar, hoy, definitivamente, pongo fin a ese viaje.
Hoy, en este día especial fruto del cruce de experiencias, aprendizajes e intuiciones, decido emprender uno nuevo, hacía un destino completamente diferente. Hoy decido dar los primeros pasos al encuentro de mi propio corazón, para escucharlo, acariciarlo, quererlo... para que cuando se confíe y esté distraído pueda susurrarle al oído que merezco ser querida, que es puro Amor y también pura fuerza, que a partir de este día nunca más me desconectaré de él, que hoy, con una enorme sonrisa y liberación, me permito abrirle las puertas al Amor mientras cierro definitivamente las del miedo, mi último ex del camino.
Fotos de Luciana Ognibene
No ha sido fácil, en más de una ocasión he querido negar mi sueño, bajarme en cualquier estación del viaje, hasta que en una pincelada de luz me he dado cuenta de que ya llevo demasiado tiempo negando mis sueños. Demasiado tiempo.
La primera etapa de mi viaje me ha llevado a los cinco años, allí he visto sufrir a una pequeña niña el permanente rechazo de su madre, una madre dañada por unos padres super exigentes de unos abuelos distantes que dependían de unos bisabuelos demasiado ocupados en sobrevivir como para ocuparse de sus hijos. Si eran dolorosas las imágenes algo a desgarrado mi corazón al reconocer a esa pequeña niña indefensa, al observar en ella gestos que todavía hoy descubro en el espejo. He visto como en aquellos días una parte muy sensible de mi corazón aprendió que depender del amor fluctuante de las personas gobernadas por sus propios fantasmas y miedos era tremendamente peligroso, por mucho que esas personas dijeran quererte siempre acababan dañándote. Aprendí, supongo que de manera inconsciente, que era mucho más seguro capaces de sostener y aguantar los envites que llegaban. Aprendí. Aprendí a ser buena, a hacer las cosas bien, a no molestar, aprendí mil y un trucos que evitaban que esas pequeñas agresiones diarias que para mi escaso metro de altitud eran demasiado grandes. Ahora veo que no lo hice mal, que incluso lo hice muy bien, que de alguna manera conseguí protegerme de una manera bastante eficaz para mi edad.
Y el viaje ha seguido... y yo seguía aprendiendo o quizá tan sólo aplicaba mi aprendizaje. Aprendí a enamorarme de personas imposibles, del novio de mi amiga al que amé hasta morir escondiéndonos de miradas curiosas, del profesor que seguía mis juegos siempre en secreto, del chico duro del instituto que me mostraba como trofeo mientras intentaba conquistar otras para su personal museo de autoestima dañada. Y con cada uno de esos fracasos "casuales" el surco de la desconfianza se iba haciendo cada vez más profundo, mi capacidad para detectar aquellos que no me harían salir de mi camino iba aumentando hasta llegar a la excelencia. Desde muy pequeña aprendí a construir relaciones que justificasen esa creencia grabada a fuego en esa parte del cerebro ubicada en el corazón: "los que más te quieren son los que más daño hacen". Paso a paso fui haciendo mi master vital en la detección y enganche con personas que no podían querer, que sólo podían hacer un daño superficial a mi piel, ardiente y que escuece si, pero muy lejos de mi sensible corazón que mantenía a salvo. Y así me siento segura, jodida, pero segura.
Pero todavía no he aprendido a controlar completamente esa parte de mi que aún busca el Amor, todavía no he sido capaz de acallar a esa voz interna que no sólo busca rellenarlas carencias que me dejaron los daños de mi infancia sino que de alguna manera sabe que soy un ser de luz que merece ser amada. Y a esa voz a la que siempre he agredido hoy voy a darle un espacio, desde el silencio de mi mente voy a hacer de amplificador de mi corazón para conseguir una vibración tan potente que sea capaz de romper mis barreras, mis más-caras, que sea capaz de romper en mil pedazos esa historia personal que me he empeñado en seguir y alimentar. Estoy llegando al final del viaje, de ese viaje.
Siento que este sueño no ha sido casualidad, se que los años en los que mi piel ha sido golpeada, rasgada, quemada, han tenido la función de proteger mi corazón. El corazón de una pequeña niña asustada que aprendió la lección incorrecta y desde entonces ha trabajado, fiel a aquellos que se la enseñaron, para hacer esa creencia realidad. Así que hoy no voy a reprocharle al otro sus abusos, no me voy a reprochar a mi misma no haber hecho las cosas mejor ni ser la culpable del enfado del otro, no me voy a insultar ni me voy a rebajar, hoy, definitivamente, pongo fin a ese viaje.
Hoy, en este día especial fruto del cruce de experiencias, aprendizajes e intuiciones, decido emprender uno nuevo, hacía un destino completamente diferente. Hoy decido dar los primeros pasos al encuentro de mi propio corazón, para escucharlo, acariciarlo, quererlo... para que cuando se confíe y esté distraído pueda susurrarle al oído que merezco ser querida, que es puro Amor y también pura fuerza, que a partir de este día nunca más me desconectaré de él, que hoy, con una enorme sonrisa y liberación, me permito abrirle las puertas al Amor mientras cierro definitivamente las del miedo, mi último ex del camino.
Fotos de Luciana Ognibene
sábado, 18 de junio de 2011
Mi viaje...
Reyes Blanco, una mujer especial, una guerrera de la luz, nos hace este regalo que nos recuerda la fuerza que tenemos, la capacidad para decidir que hacemos con aquello que nos ocurre, que el viaje de la Vida escribe recto con renglones torcidos... muchas gracias Reyes, por compartir con nosotros tu viaje inspirando e iluminando el nuestro.
Cuando a una mujer le detectan un cáncer de mama, el mundo se le viene abajo. Pero cuando te dicen que estás en las mejores manos, en las “MANOS DE DIOS” (así llaman a mi maravilloso y gran médico) todo se da la vuelta y te pones manos a la obra.
Nunca pensé que la vida me depararía una enfermedad como ésta , pero asumes que es tu enfermedad y te alías con ella. Conocerla, seguir sus reglas, estudiar cada movimiento diferente que se produce en tu cuerpo y tu mente, estudiar, preguntar todo lo que hará que este tiempo sea un tiempo lleno de luz y aprendizaje… porque lo que si hay que saber es que esto pasó porque tenías que aprender algo que aún no habías aprendido. Al principio ese “algo” no sabes qué es. Pero con el paso de los días lo vas descubriendo. Pero no te invade ni tristeza , ni rencor por no averiguarlo antes y haber llegado a este extremo, porque los beneficios son tan grandes que pensar en rencores hacia ti o hacia los demás no tiene cabida ya en tu vida.
Te enamoras de tu cirujano y de tu oncólogo porque en sus maravillosas manos está tu vida y te entregas a ellos y a sus molestas pruebas con una fe increíble y con la certeza de que te curan. El maravilloso trato humano que encuentras en cada sesión de quimioterapia, junto a la compañía de “mis duendes” que me acompañaron en cada una de las ocho sesiones y que hicieran que cada día fuera una fiesta, hicieron de este proceso un proyecto inolvidable. Unos, guiándome en el camino de mi curación física y los otros en la curación de mi alma y mi mente.
Desde el principio supe que algún día me alegraría de que las cosas hubieran sido así y no de otra manera. Después de la inquietud de los primeros momentos, no tienes miedo de lo que vendrá después, es un camino incierto pero es un camino por descubrir. Descubrir cada una de las diferentes sensaciones que se producen en ti. Crees que el espejo será un abismo para ti ,pero cuando te miras en él cada mañana, por primera vez ves la luz de tus ojos, la serenidad de tu cara y a veces algo de miedo, pero eres tan grande y fuerte que no te importa no tener pelo, sabes que cuando llegue la primavera a tu cuerpo ahí estará de nuevo como cada una de tus pestañas, tus cejas…
El cuidado de tu familia, la compañía, el respeto por tus silencios y su buena voluntad te dejan sin argumentos y aunque no siempre te apetece estar acompañada, agradeces que estén ahí haciéndote la vida más llevadera.
No todo el mundo estará contigo en estos momentos. Algunos no saben cómo llegar hasta ti y se descuelgan. Pero no tienen la culpa, no saben cómo hacerlo. Al principio, duele como espinas ,pero vas entendiendo que nadie tiene que vivir tu enfermedad porque sólo tú tienes que hacerlo, porque es la TUYA, es un camino que tienes que recorrer tú sola. Igual vuelves a encontrarlos, igual no, aún así formaron parte de tu vida y debes dejarlos ir, ya cumplieron su cometido, te enseñaron lo que debían enseñarte.

Sé que esto no se acaba aquí, a un año y medio de este viaje soy otra persona y me encanta en lo que me estoy convirtiendo cada día. Cada día es un regalo, un reto. Cada momento es diferente de lo vivido hasta el momento del diagnóstico.
No tengo más que alegrarme de que las cosas hayan sido así y no de otra manera. ¡Gracias VIDA!
Cuando a una mujer le detectan un cáncer de mama, el mundo se le viene abajo. Pero cuando te dicen que estás en las mejores manos, en las “MANOS DE DIOS” (así llaman a mi maravilloso y gran médico) todo se da la vuelta y te pones manos a la obra.
Nunca pensé que la vida me depararía una enfermedad como ésta , pero asumes que es tu enfermedad y te alías con ella. Conocerla, seguir sus reglas, estudiar cada movimiento diferente que se produce en tu cuerpo y tu mente, estudiar, preguntar todo lo que hará que este tiempo sea un tiempo lleno de luz y aprendizaje… porque lo que si hay que saber es que esto pasó porque tenías que aprender algo que aún no habías aprendido. Al principio ese “algo” no sabes qué es. Pero con el paso de los días lo vas descubriendo. Pero no te invade ni tristeza , ni rencor por no averiguarlo antes y haber llegado a este extremo, porque los beneficios son tan grandes que pensar en rencores hacia ti o hacia los demás no tiene cabida ya en tu vida.
Te enamoras de tu cirujano y de tu oncólogo porque en sus maravillosas manos está tu vida y te entregas a ellos y a sus molestas pruebas con una fe increíble y con la certeza de que te curan. El maravilloso trato humano que encuentras en cada sesión de quimioterapia, junto a la compañía de “mis duendes” que me acompañaron en cada una de las ocho sesiones y que hicieran que cada día fuera una fiesta, hicieron de este proceso un proyecto inolvidable. Unos, guiándome en el camino de mi curación física y los otros en la curación de mi alma y mi mente.
Desde el principio supe que algún día me alegraría de que las cosas hubieran sido así y no de otra manera. Después de la inquietud de los primeros momentos, no tienes miedo de lo que vendrá después, es un camino incierto pero es un camino por descubrir. Descubrir cada una de las diferentes sensaciones que se producen en ti. Crees que el espejo será un abismo para ti ,pero cuando te miras en él cada mañana, por primera vez ves la luz de tus ojos, la serenidad de tu cara y a veces algo de miedo, pero eres tan grande y fuerte que no te importa no tener pelo, sabes que cuando llegue la primavera a tu cuerpo ahí estará de nuevo como cada una de tus pestañas, tus cejas…
El cuidado de tu familia, la compañía, el respeto por tus silencios y su buena voluntad te dejan sin argumentos y aunque no siempre te apetece estar acompañada, agradeces que estén ahí haciéndote la vida más llevadera.
No todo el mundo estará contigo en estos momentos. Algunos no saben cómo llegar hasta ti y se descuelgan. Pero no tienen la culpa, no saben cómo hacerlo. Al principio, duele como espinas ,pero vas entendiendo que nadie tiene que vivir tu enfermedad porque sólo tú tienes que hacerlo, porque es la TUYA, es un camino que tienes que recorrer tú sola. Igual vuelves a encontrarlos, igual no, aún así formaron parte de tu vida y debes dejarlos ir, ya cumplieron su cometido, te enseñaron lo que debían enseñarte.

Sé que esto no se acaba aquí, a un año y medio de este viaje soy otra persona y me encanta en lo que me estoy convirtiendo cada día. Cada día es un regalo, un reto. Cada momento es diferente de lo vivido hasta el momento del diagnóstico.
No tengo más que alegrarme de que las cosas hayan sido así y no de otra manera. ¡Gracias VIDA!
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