lunes, 28 de febrero de 2011

Transformación, de psicólogas a Magas

Este post me lo voy a dedicar a mi.

Bueno, más bien a la satisfacción plena que sentí el viernes al acercarme como oyente, aprovechando el Congreso en el que participé a escasos kilómetros, al último módulo del curso de "Experto en Terapia de Interacción Recíproca" que se celebraba en Mérida. No podía dejar pasar la oportunidad de escuchar al maestro Aguado y también me apetecía ver a "mis chicos/as" del curso de Mérida. Esas catorce personas que tras conocer la Terapia de Interacción Recíproca a través de los cursos organizados por el Colegio de Psicólogos de Extremadura de "Intervención en Crisis" y el de "Nuevas técnicas para pacientes difíciles", no sólo se sintieron atraídos por ese modelo tan completo e integrador sino que fueron valientes y se apuntaron, asumiendo la no desdeñable inversión en estos tiempos difíciles, a una formación que sentían les podía ayudar a ayudar.

Pues, colocado en esa posición de oyente, no sólo disfrutaba de los contenidos expresados por Roberto siempre interesantes y novedosos, sino también de las preguntas realizadas por las participantes. Unas preguntas que más allá de su deseo ávido de más conocimiento, denotaban que ya son unas terapeutas diferentes. Los comentarios, las aportaciones, las caras de entendimiento ante los complejos conceptos alrededor del vínculo, la bioquímica, el simbolismo... y, sobre todo, las expresiones de seguridad en sus caras.

¡Qué diferentes caras comparadas con el primer curso de intervención en crisis que les di hace apenas un año y medio! donde sus ojos abiertos expresaban más bien un... "madre mía, me acabo de dar cuenta de lo poco que se" (expresado en esas mismas palabras por algunas de ellas). Que diferente esta expresión de ahora que denota la seguridad que da saber que, ahora sí, sienten que todo cuadra y que puede llevar lo aprendido a la consulta y transformar las defensas de los pacientes en libertad para Vivir con mayúsculas.
Una transformación de licenciadas en psicología en Magas, dando los primeros pasos en el arte de la magia y la alquimia. Entendidas éstas como la capacidad de poder transformar la realidad influyendo en aquello que es intangible, que mira al paciente con verdadero respeto, palabra que proviene de respectus que significa “atención”, “consideración” y del verbo specio cuyo significado es “mirar”. Re significa “otra vez”, así que respetar significa mirar con atención y consideración de nuevo. Nuevas terapeutas capaces de escapar de esa primera mirada que sólo ve la conducta y que suele estar teñida de los juicios de nuestra mente, capaces de mirar otra vez, desde la atención plena y la consideración, para ver más profundo y encontrarse así con la verdad, de los demás y de nosotros mismos, que más allá de las más-caras todos somos Luz. Que más allá de sus defensas el paciente es un Ser Humano lleno de recursos con los que, por unas cosas u otras, todavía no ha podido contactar, que más allá de los miedos o las agresiones, podemos acompañar a ese Ser de luz hacía la consciencia y la libertad. A través del vínculo, a través de imaginar que si puede, a través del arte adquirido y liberado cuando comprendes, desde lo más profundo que "lo que cura es el Amor".

Ese día me permití la licencia de disfrutar de esa transformación, de la sensación de mi ego sabiendo que, en cierta parte, yo tenía algo que ver en el inicio de esa transformación y que, por esta vez me iba a permitir cierta sensación de triunfo. Quizá mi ego ya venía algo expandido tras compartir el lunes y martes la sesión presencial de cierre con las profesoras y profesores que completaron el curso de Inteligencia Emocional on line y ver en sus caras esa serenidad tan diferente también a la primera sesión presencial.

Y es que el regalo que me han ofrecido estas personas en la transformación de sus Almas es un aliento enorme para seguir trabajando y seguir dando lo máximo posible, y para esos días que vendrán más grises tengo este recuerdo que pinta de intensos colores mi corazón.

Muchas gracias, por vuestra apertura, vuestra valentía y vuestra dedicación, ha sido un verdadero regalo.

martes, 15 de febrero de 2011

Dejar que ocurra lo que tiene que ocurrir

En una conversación alrededor de un café, de esas en las que el discurso compartido y la escucha abierta construyen verdaderos aprendizajes para el alma, contaba mi amigo Javier, con esa naturalidad con la que dicen grandes cosas los maestros, "Lo fundamental para mi, es saber evaluar en nivel de daño que una situación va a provocar en mi hija. Si el nivel de daño es alto mi función es prevenir y evitar ese daño, eso es fácil de hacer. Lo difícil es comprender que cuando el nivel de daño va a ser asumible por ella, he de evitar la tentación de prevenir ese daño y dejar que ocurra lo que tiene que ocurrir, sin limitar su aprendizaje por el dolor y el miedo que provoca en mi que a ella le pase algo desagradable".

Me parecen palabras enormemente sabia y su práctica, de una gran valentía.

¿Cuántas veces protegemos, sobreprotegemos, a las personas que queremos "por su bien"? Muchas me temo. Debemos reconocer que esa protección muchas veces coarta el mejor y más intenso aprendizaje que existe, el de la experiencia. Es realmente duro ver como una persona a la que quieres, especialmente si además es vulnerable como un hijo, se estrella pero... ¿Qué ocurrirá si evitamos la experiencia? Lo más probable es que la persona la vuelva a repetir, pero esta vez cuando nosotros no estemos delante para evaluar si debemos evitarlo.

En las situaciones en las que el peligro o el daño van a ser intensos es fácil tomar una decisión. Son aquellas situaciones en las que el peligro o el daño son moderados, aunque presentes, donde la decisión de no actuar se vuelve más difícil, ver el daño en quien queremos también nos lo provoca a nosotros, muchas veces incluso en un nivel más intenso del que sentiríamos en primera persona.

Dejar que ocurra lo que tiene que ocurrir y luego estar ahí para, desde el Amor y la comprensión, ayudar a la persona que queremos a levantarse es sin duda lo más complicado. Sin un "te lo dije", sin un reproche, simplemente con nuestra presencia amorosa que otorgue la seguridad y cuidado al otro Ser. Es la mayoría de las veces ese cuidado posterior mucho más valioso que el "¡cuidado!" previo, ya que permite que nuestro hijo interiorice un aprendizaje que puede ser fundamental para su seguridad futura y a la vez obtenga el sostén (ante tú S.O.S. "ten" con la mano abierta) que le haga sentirse seguro y confiado en que, uno, tiene derecho a equivocarse y seguir siendo querido y dos, puede caerse o tropezar y nosotros confiamos en que podrá levantarse y siendo más fuerte.

Así que, siguiendo la reflexión de Javier, respiremos hondo en esas situaciones que por nuestra experiencia vemos venir con antelación y dejemos que los que queremos también desarrollen la experiencia necesaria para seguir caminando en su proceso de crecimiento hacía su propia sabiduría.

Gracias Javier, gracias Julieta, por esos momentos de descanso en los cursos en los que no sólo alimentáis mi corazón sino también mi mente. Un abrazo.

lunes, 31 de enero de 2011

Los miedos de la mente

La mente y sus estrategias de pensamientos te han servido fielmente desde hace muchos años tratando de alejarte del dolor y del sufrmiento pero... ¿han sido eficaces? ¿eres feliz? ¿te sientes llena y satisfecha?

Si los resultados han sido buenos, si te sientes bien, sientes que eres lo que eres y estás satisfecha con el día a día de tu vida entonces, no dudes, sigue haciendo aquello que ha tenido buenos resultados. Si por el contrario no te sientes bien, usas demasiado la frase "es que yo soy así" cuando pasan cosas que no te gustan o sientes que de una manera u otra estás limitada, inmovilizada o bloqueada entonces... ¿por qué seguir haciendo lo mismo? ¿por qué aferrarse a algo que profundamente no nos satisface?

Deja que las viejas estrategias queden en el pasado, libérate de aquello que fue y ya no es para abrazar aquello que es, para abrazar el presente porque en este preciso instante el miedo no existe. El miedo es una mentira más de la mente para protegerte del miedo ¿y cómo va a protegerte el miedo del miedo? Ésta es la paradoja por la somos esclavas de un miedo permanente cuando nos dejamos guiar por los designios de la mente. La función de la mente es idear escapatorias ante un peligro real, un incendio, un atracador, un animal salvaje que nos ataca, pero no parece que sea eso para lo que la utilizamos más porque... ¿cuándo fue la última vez que estuviste expuesta a un peligro "real"? La mayoría de los peligros a los que nos enfrentamos en nuestros días son peligros que tienen que ver con no sentirnos amados o apreciados. Son miedos que se grabaron a fuego en nuestro sistema límbico, esa parte del cerebro de la que tanto hemos hablado en otras ocasiones, y que en su momento, cuando eramos niñas muy indefensas, vulnerables y dependientes de un adulto, podían tener algún sentido. Al fin y al cabo intentábamos tener control sobre los afectos de la persona que nos cuidaba y nos protegía para que no nos abandonase, ese es el juego en el que más se entretiene la mente, tratar de controlar lo incontrolable y construirse fantasías supersticiosas que nos dan seguridad como que los adultos de los que dependemos se quedarán o nos abandonarán según lo que hagamos, "si soy buena me querrán (y si me quieren no me abandonan)".

Pero esa dependencia, ese peligro de ser abandonada y morir, fue hace muchos años, fue en el pasado, hoy eres una persona adulta e independiente, llena de recursos y que sin duda ha logrado superar con éxito un montón de retos en su vida, que ha sobrevivido todos estos años y que puede seguir haciéndolo en el futuro. Pero para eso hay que centrarse en el presente, es tiempo de acceder a los recursos que tienes Ahora, de crecer al afrontar los retos que se presentan Ahora, de dejar pasar todos esos miedos que forman parte de otros tiempos, de otros lugares, de otras circunstancias. En definitiva de ser tú misma la que cuide y abrace a esa niña que un día se sintió indefensa y ser Una con todas las partes de tu Ser, la valiente y la indefensa, la llena de recursos y la insegura, la amable y la guerrera... cuando permitas que todo tu ser se exprese podrás elegir quién eres y decir, con la cabeza bien alta y mirando a los ojos "Yo soy así", porque lo Eres.

jueves, 20 de enero de 2011

Unión de Almas


Existe, eso que buscamos existe. Tenemos un recuerdo de lo que podría ser, como un recuerdo inmaculado que guarda nuestra Alma de lo que podemos llegar a sentir en la unión con otra. Ese recuerdo provoca un anhelo profundo que nos lleva a buscar incesantemente, y veces sentimos cosas, parecidas, que nos confunden, en las que ponemos ilusión, incluso tememos no poder sentir nada mejor y nuestra mente da mil vueltas tratando de conseguir seguridad, tratando de acallar la voz de nuestra Alma diciendo desde lo más profundo... "existe y no te puedes conformar con menos".

Pero es difícil, la mayoría de las veces, antes de poder disfrutar de la común unión con otra persona, que es una pequeña representación de la Unidad del Universo, tenemos que andar nuestro propio camino de evolución. Antes de llegar al Paraíso hay que limpiar el karma, hay que llegar al equilibrio con nosotros mismos, resolver aquellas heridas que nos provocan vacíos y nos impiden compartir de manera completa con otro ser humano. En otras ocasiones, es precisamente el amor profundo la que nos ofrece la fuerza para afrontar nuestras heridas más profundas que, inevitablemente, son estimuladas y abiertas ante la apertura completa que requiere esa unión de almas.

Es importante diferenciar el anhelo del Alma por cumplir su propósito junto a otra Alma, del anhelo de la mente y el miedo generados por tempranos abandonos o relaciones simbióticas en la infancia. Es difícil diferenciarlo porque ambos tienen parecida pasión, fuerza y deseo. Quizá lo que más nos puede dar pistas es la serenidad o la ansiedad que sintamos. El miedo siempre produce ansiedad y ya hemos visto en otros post como la ansiedad es la clara señal de que nos estamos desviando del camino, de que algo tenemos que cambiar dentro de nosotros. Las sensaciones provocadas por la ansiedad y el miedo son muy diferentes a la consciencia del Alma. Obviamente, sobre todo si llegamos a la pareja con heridas sin resolver, la unión de Almas también duele, pero no duele por la conducta del otro que es de lo que nos solemos quejar sino por esas heridas no curadas.
La unión de Almas siempre tiene un objetivo de crecimiento, por eso, todo lo que limita, trata de controlar, etc. no es Amor sino miedo, la excitación de la búsqueda del Alma es una pasión que expande, la del miedo contrae.

La mayoría de nosotros tiene que pasar por diferentes relaciones, distintos encuentros, para aprender aquello que hay que aprender antes de encontrar el Amor verdadero. Cada una de las relaciones que no funcionan son un aprendizaje vital para nuestro camino hacía el Paraíso, cada persona con la que compartimos un trozo del camino es nuestra maestra, por más que nos provoque el daño de una ruptura. Honremos pues a nuestros maestros y maestras, mientras mantengamos el odio o el rencor hacía ellas las heridas permanecerán infectadas y mientras nos dediquemos a hurgar en nuestras heridas o a tratar de esconderlas, estaremos interrumpiendo nuestra llegada al Paraíso.
Decíamos una vez en este blog que "no conseguir lo que uno desea es a veces un auténtico golpe de suerte", la suerte de tener la oportunidad de vivenciar un aprendizaje que nos acerque a aquello que nuestra Alma busca y que, evidentemente, no estaba junto a aquella persona que se separa de nosotros.
Dejemos ir aquello que ya ha cumplido su función y sigamos avanzando en nuestro camino. Una gran amiga me decía hace mucho tiempo "si el amor no es correspondido entonces no es verdadero Amor". Y estoy de acuerdo, no puedo sentir ese amor del Alma con un Alma que no está en mi camino, por definición no es posible, así que no puede ser Amor, será miedo, capricho, necesidad... pero no Amor.

Así que cuidemos las heridas descubiertas, limpiémoslas con amor, dejemos que se curen y permitámonos estar más cerca de aquello que nuestro Alma espera. Puede aparecer en la adolescencia, en la intensidad de los veinte, en la estrenada madurez de los treinta, en la consolidada de los cuarenta o en la sabiduría de los cincuenta, sesenta, setenta u ochentas. Puede incluso que nuestra llegada al Paraíso no se produzca en esta vida sino en planos diferentes, no importa, nuestra Alma sabe y, si dejamos que dirija nuestros pasos, si estamos atentos a las señales, nos llevará por el camino de nuestra plenitud que acabará en la anhelada unión de Almas, a través de la especial unión con un Alma gemela o en el momento de Unión el Todo, pero el final del camino es siempre esperanzador, ya que no hay posibilidad de fallar.

Porque existe, eso que buscamos existe, y en un lugar muy profundo de nosotros, lo sabemos.

miércoles, 5 de enero de 2011

La danza de la vida

Empieza un nuevo año, unos días nuevos, unas nuevas horas, unos nuevos minutos... ¿y en que emplearemos el regalo que se nos concede en forma de nuevo año?

Decía Julieta hace aproximadamente un año que "existen tantas vocaciones como seres humanos... y por eso las hay originales, sosas, extravagantes, peculiares.... etc... ¿Tu tienes clara la tuya?"

Quizá lo importante no sea cuales son específicamente mis talentos únicos, ni cual es mi pasión o si la gente necesita o no de ellos. Quizá lo único importante es rendirse a los dones que la vida nos ha concedido y seguir nuestra misión personal.

Y hoy, empezando este año del conejo en el que cualquier cosa puede salir de la chistera, año de sorpresas, un año nuevo todavía vacío, abierto de par en par para ser rellenado con nuestros sueños, aprovecho para compartir este video de una persona cuya vocación es viajar alrededor de todo el mundo acompañado por su peculiar danza, es una vocación curiosa, pero yo, cada vez que lo veo y lo oígo siento una cierta energía y alegría creciendo dentro de mi que me invitan a poner mi corazón a bailar, que me invitan a compartir con el resto de seres humanos, da igual la raza, las creencias, las costumbres...

Ojalá todos nos dejásemos arrastrar en este nuevo año por el ritmo que nos dicte nuestro corazón, que pudiésemos bailar juntos la danza de la vida, que entrásemos en contacto con la alegría de nuestra alma e inundásemos cada uno de los pasos de este nuevo año de esa alegría, de ese Amor intrínseco que es lo que cada uno de nosotros y nosotras tenemos en común. Porque debajo de miedos, incertidumbres, añoranzas, culpas, engaños, defensas, historias... siempre hay lo mismo... Amor.

Ese es mi deseo para este nuevo año, que comparto con vosotros y vosotras a través de la danza que Matt Harding ha popularizado alrededor del mundo, espero que la disfrutéis pinchando aquí

Un abrazo

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Federica, Alfredo, el Amor y el miedo

Las lágrimas le recorrían las mejillas, siguiendo el mismo camino que su esperanza y justo el inverso que su dolor. Tenía la mirada perdida a través de la ventana y la lluvía ayudaba a que estuviese todavía más desenfocada. No quería pensar más, no quería vivir más, se sentía tan sola, desolada sería la palabra.

Su futuro se presentaba tan oscuro como el día, un día que parecía haberse sintonizado con ella, como si el Universo quisiera acompañarla en esos momentos tan difíciles.
No podía creer las palabras de Alfredo, que todavía resonaban en lo más profundo de ella, sus palabras de perdón, sus palabras de no lo volveré a hacer, sus palabras expandiéndose como puñales en todas direcciones, el alcohol que le hacía perder la cabeza, sus amigas envidiosas y frívolas, el estrés del trabajo por la crisis, las exigencias permanentes de ella imposibles de cumplir... para todos y todo había una dosis de veneno menos para si mismo, él sólo parecía culpable de quererla.
Hasta ahora había habido veces que se había portado mal, que la había abandonado, insultado o la había hecho callar, en todas esas ocasiones le había provocado mucho dolor, pero esta vez había sentido verdadero miedo.

"Miedo... ¿Cómo podía estar relacionado el Amor con el miedo? ¿Cómo podía hacerle sentir miedo a la vez que le decía "te quiero"? ¡No podía ser!". Los pensamientos se agolpaban en su cabeza como surgidos entre las gotas de agua que el cielo lanzaba con furia sobre la tierra, pero ahora esos pensamientos le estaban provocando más rabia que tristeza.
No lo iba a soportar más, no podía creer como aquella persona amable que tanto se preocupaba por ella, que no la dejaba sola ni un instante, que vivía para ella se había transformado en esta persona egoísta, que no la escuchaba, no la miraba, la despreciaba... pero daban igual los motivos, las razones o las excusas, ¡no lo iba a soportar más!

De repente un rayo surcó el cielo, iluminándolo todo a alrededor, su mente quedó en silencio y el tiempo se paró.
No podía distinguir si había sido su imaginación o una señal del cielo en este tiempo navideño, ¡igual se estaba volviendo loca! como tanto le gustaba gritarle Alfredo últimamente. Allí, en mitad de la lluvía, había visto la cara de Alfredo diciendo "No voy a dejar que te vayas a tu casa sola, no hay más que hablar, te acompaño". Se quedó paralizada, con los ojos bien abiertos, las pupilas dilatadas, su cuerpo en tensión, había oído esas mismas palabras tan sólo hacía un par de horas, las mismas, algo transformadas. "No voy a dejar que te vayas de casa, no hay más que hablar, yo te quiero, no puedes dejarme".
"¡Dios mío!" susurró Federica. En realidad no había habido ninguna transformación, eran las mismas palabras, las del primer día, ese que tanto les gustaba recordar los primeros meses porque sin la insistencia de Alfredo las defensas de Federica hubiesen abortado cualquier posibilidad de relación. "Las mismas que las del primer día..." y las del que acababa de decidir que sería el último.

Daba vértigo ser consciente de lo que se había abierto paso dentro de su cabeza, daba vértigo si, mucho, pero ella no le tenía miedo al vértigo. Y como enlazando una idea con otra descubrió que lo que de verdad le impedía seguir adelante, lo que le impedía ser feliz, no era Alfredo, ni el trabajo, ni su mala suerte, lo que le impedía seguir adelante era solo... su miedo.
Había tenido delante toda la información, Alfredo no la había respetado aquel primer día, ni ninguno, en nombre del Amor, porque la quería, eso decía, pero sólo había atedido a sus propios deseos. Pero en realidad la que no se había respetado era ella misma. No había respetado su deseo de ese primer día, ni sus deseos ahora, ni los deseos que había tenido toda su vida. Tenía tanto miedo a que no la quisieran, a estar sola, que atraía a aquellas personas que simplemente resonaban con ese miedo, igual que nos hacemos amigas de las personas con las que compartimos los mismos valores.
¡Sus relaciones de pareja no se habían basado en el Amor, se habían basado en el Miedo! Una tras otra... en el miedo... en el suyo y en el de los que le habían acompañado en el camino.

Entonces vió clara otra imagen, la de aquel compañero de clase, ese mismo día, diciéndole mientras las palabras obligaban a su cara a deshacer su sonrisa "Nos vamos a cenar, ¿te apetece venir?" y cómo ante su negativa él respondió "Está bien. Espero que descanses y que tengas una bonita noche, te echaremos de menos". Aquel día había pensado que su mirada escondía algo, ahora veía claramente la imagen de los ojos de aquella persona cuyo nombre no recordaba, unos ojos que no conocía, que no sabía que significaban, unos ojos en los que... ¡no había miedo!
¡Esa era la diferencia! por eso había desconfiado de ellos, era una mirada totalmente desconocida para ella, ¡eran unos ojos donde no había miedo!
Y en ese instante Federica entendió que agarrarse a lo conocido, a lo seguro, era una instrucción grabada a fuego en su corazón por el miedo. Y supo, con absoluta certeza, que hoy prefería lo desconocido, lo nuevo, a aquellas miradas que le eran tan familiares. Hoy era el día en el que se despediría, no sólo de Alfredo, sino también de su miedo, un miedo añejo que le había acompañado toda su vida, que protegiéndola se había hecho cada vez más grade, tan grande que había hecho dueño de ella hasta pensar que ella era su miedo.

Y eso le daba vértigo, muchó vértigo, pero ella no le tenía miedo al vértigo. Y al no tener miedo podía enfrentarse a cualquier cosa, y al enfrentarse desaparecía el miedo y el miedo al miedo... y sin el miedo ella sería feliz, con pareja, sin pareja o como fuese, ella sería feliz, merecía ser feliz y ese era un deseo que si se iba a respetar. Porque desde hoy iba a honrarse y respetarse, porque desde hoy iba a simplemente Ser.


Dedicado a las 71 personas que han sido asesinadas en nombre del Amor (miedo) durante el 2010 en España, a su recuerdo y al intento de honrarlas ayudando a que los miedos y autoengaños se superen y la lacra del maltrato desaparezca.
Ante la violencia, Tolerancia cero.

Fotos de Ana Alonso http://www.luzescrita.com

domingo, 5 de diciembre de 2010

Federica y Alfredo

Federica apenas podía contener la angustía ante el vacío y el dolor que sentí en su interior. La insensibilidad del último hombre al que ella había amado profundamente había sido tan insoportable como las veces anteriores en las que le había pasado lo mismo. Pero lo peor no era si quiera el abandono después de mil y un maltratos psicológicos de este último personaje, eso casi era un alivio. Lo peor era su mala suerte. Esa infinita mala suerte que acompañaba a Federica en el amor desde siempre.
Mira que desde el primer hombre que se portó mal con ella se había jurado a sí misma que nadie le haría daño nunca más. Pero no importaba cuanta prevención utilizaba ni cuantas veces le decía que no a los hombres que se le aproximaban, antes o después siempre aparecía uno maravilloso que se desvivia por ella y la cuidaba. Si, la cuidaba, pero sólo hasta que ella bajaba la guardía y empezaba a abrir su corazón, y Federica una vez abría su corazon tenía serías dificultades para cerrarlo, entonces todo se transformaba y la persona maravillosa que la había enamorado se convertía en un ser insensible que no paraba de machacarla, de decirle que no era suficiente, que no hacía nada bien o que algo no funcionaba en ella.

"No podía existir tan mala suerte en el mundo" pensaba Federica, no, lo que ocurría era que todos los hombres eran iguales, que no existía ninguno que mereciese la pena y con el que tener una relación especial, no sabían amar o por lo menos no sabían amar como ella lo hacía, entregándose al cien por cien y respetando lo que los demás deseaban incluso más.

-"Hola"
Federica estaba tan sumida en sus pensamientos que el simple saludo le sobresaltó .-"Hola"- respondió, poniéndose de inmediato a la defensiva ante aquellos ojos tan expresivos que la miraban.
- "Nos vamos a cenar, ¿te apetece venir?"- le propuso uno de sus compañeros, el mismo que el primer día había llegado tarde y cuya entrada en el aula con cara de avergonzado y pidiendo disculpas le había quitado el aliento.
-"No. Prefiero irme a casa y descansar"- contestó Federica cuya promesa de que jamás volverían a hacerle daño estaba demasiado fresca como para dejarse engatusar por aquella mirada fresca que seguramente escondería algo.
-"Esta bien"- respondió el chico algo decepcionado. -"Espero que descanses y que tengas una bonita noche, te echaremos de menos en la cena". Y despidiéndose de ella con un gesto se encaminó hacía donde los demás esperaban.
Federica no se sentía mal por haberse perdido la cena, prefería mil veces irse a casa que meterse nuevamente en un lío que le rompiese el corazón y, muy satisfecha, se encamino hacía la parada de metro que la llevaría a su casa.
-"Espera" oyó gritar detrás. "¿No vienes a la cena?", era Alfredo, otro de los compañeros de clase.
-"No"- respondió Federica- "no me apetece".
-"No irás a ir a casa sola ¿no?".
- "Si, no pasa nada, me apetece estar sola"- respondió Federica.
-"Ni hablar", respondió Alfredo, te acompaño.
-"No te preocupes, en realidad prefiero ir sóla, quiero descansar"- respondió Federica tratando de aparentar algo más de firmeza.
-"No me cuesta nada"- respondió Alfredo poniéndose a su altura. "Y no voy a dejar que vayas a tu casa sola, no hay más que hablar, te acompaño".
Ante la insitencia Federica no le quedo más remedio que ceder y permitir que Alfredo la acompañase. La verdad es que nunca se había fijado en Alfredo, pero por todo lo que contaba sobre sí mismo parecía un chico que tenía las cosas claras y sabía lo que quería.

La relación entre Federica y Alfredo se fue afianzando a base de "acompañamientos" a casa, de sentarse a su lado en clase, de invitarla a un café en los descansos e incluso de ir a buscarla y esperarla en la parada de metro que ella cogía para ir a clase. Y es que Alfredo no es de los que se rendían a la primera, daba igual cuantas veces Federica le decía que no, a él le gustaba ella e iba a hacer todo lo necesario para conquistarla y demostrarle que él podía ser el hombre de su vida.
Federica estaba sorprendida por todo lo que Alfredo hacía por ella, no importaba las veces que ella había sido borde y le había rechazado, él siempre estaba ahí y eso era signo inequívoco de que le importaba de verdad. Quizá por fin había encontrado a un hombre diferente, un hombre que de verdad se interesaba por ella e iba a dar tanto como ella daba cuando se enamoraba y, sin darse cuenta y sin acordarse de su promesa, empezó a abrir su corazón, con lo que todos sabemos que eso significaba...

¿Tendrá Federica razón esta vez? ¿Habrá encontrado por fin al hombre de su vida?