lunes, 17 de septiembre de 2012

Personas

Hay personas que te cambian la vida.

Hay personas que llegan en el instante preciso y, queriendo o sin querer, tocan la tecla que necesitas en ese momento para superar tu aletargamiento, tus limitaciones o tus creencias obsoletas. En ocasiones tocan la tecla que tú tienes ahí expuesta para ser tocada. Otras tocan justo esa que más escondías, la que más tratabas de proteger y de mantener alejada de miradas curiosas. Algunas veces te das cuenta de que la han tocado al instante y te da tiempo a agradecer lo recibido. Otras te das cuenta mucho tiempo después, sin tiempo ya para agradecer o, incluso, pedir disculpas por la agresión emitida a cambio del regalo inesperado y muchas veces incómodo. Y te das cuenta que, de haberlo sabido, no te hubiese gustado dejarlas ir. Y que te arrepientes de haberles culpado de tu dolor cuando en realidad solo te estaban dando la oportunidad de curar esas heridas enquistadas del pasado, pero es que abrir los limites y las defensas suele ser incómodo, tanto como necesario.

La Vida es sorprendente e impredecible pero los vínculos lo son todavía más. Las relaciones con otros seres humanos son, sin duda, las experiencias que más nos hacen crecer. Y cuanto más crecemos más enriquecedoras son nuestras relaciones. Aunque hay relaciones que son enriquecedoras desde el principio, son tan mágicas que no dependen de nada, simplemente son dos seres humanos conectando en planos que no podemos explicar.

A veces los vínculos se cuecen a fuego lento y van creciendo toda una vida, superando cambios vitales,  tormentas y esos errores variados tan humanos que solemos cometer con los que tenemos más cerca.
Otras son un chispazo que ilumina todo por un instante para luego difuminarse como los colores de un cohete de fuegos artificiales en el cielo.

A veces vienen y van, es alucinante esas personas que aparecen justo en el momento en el que las necesitas para desaparecer luego otras decenas de meses. Aunque por mucho que estén desaparecidas han dejado un poso en tu corazón que te hace sentirlas cerca más allá de tiempos y distancias.

Unas veces vienen personas a despertarnos de largos letargos, "¡espabila!" era la frase preferida que me decía una de esas personas especiales hace unos meses. Mientras que otras lo que vienen es a frenarnos, equilibrarnos, a ayudarnos a pisar más sólido.

Las hay que nos acompañan toda la vida y las que caminan con nosotros unos instantes. Las que nos toman de la mano y las que nos empujan. Las que nos roban una sonrisa y las que nos liberan de unas lágrimas que sobraban. Las que nos enseñan directamente y las que son mucho más sutiles. Las hay que las damos por sentadas y nunca les agradecemos lo suficiente porque estamos demasiado pendientes de lo que no nos dan para ver que lo que nos han dado supera con mucho a lo que anhelamos. Las hay que darían la vida por nosotros y las que nos matarían, normalmente haciéndonos  más fuertes.

Hay seres humanos de diferentes creencias, culturas, razas, opiniones, criterios, valores, estilos... y cada uno de ellos es tremendamente especial y, si se ha cruzado en nuestra vida, es que tiene algo para nosotros. Abre los ojos, mira a los ojos, mira al corazón, siente el Alma, cada persona es especial y si bajas un poquito las barreras te tocarán con su magia, de la manera adecuada, aunque no siempre de la que tú esperas.

Yo hoy soy especialmente consciente y agradezco de manera especial a todas las personas con las que tengo la suerte de haber compartido algún tramo de este mágico camino que es la Vida. Me siento afortunado, muy afortunado.




lunes, 3 de septiembre de 2012

¿Vale la pena? Un homenaje al profesorado

En los últimos tiempos Avatar Psicólogos ha tenido la oportunidad, generalmente a través de los CEP (Centros del Profesorado) de Málaga, Ronda, Antequera, Marbella y Vélez, de contactar con cientos de profesores y profesoras y compartir con ellos su problemática, sus dificultades y su compromiso de mejora constante.

Hoy que es el primer día del curso 2012/13 queremos pararnos un segundo a rendir homenaje a todas esas personas que dan lo mejor de sí mismas para que otras, en el futuro, estén preparadas para dar lo mejor de ellas y conseguir los retos que se propongan. Sabemos que empezáis el nuevo curso con ilusiones renovadas, con ganas de superar las dificultades antiguas, con fuerza y carácter para enfrentar los recortes con los que se presenta el nuevo año.

Os admiramos.

Y para que no olvidéis que nosotros no olvidamos os dejo este pequeño cuento, que algunos me habréis oído en los cursos, que nos recuerda que vuestro trabajo, por muchos sin sabores que a veces tenga siempre merecerá la pena.

Un fuerte abrazo y... ¡mucha ánimo para el nuevo curso!

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En un paraje de sol y de paz, se hallaba un escritor que vivía junto a un pequeño poblado de pescadores. En su tranquila vida, cuando llegaba el amanecer, daba un largo paseo por la orilla del mar. Un día como tantos otros, divisó a lo lejos a una joven que parecía bailar sobre la orilla. Conforme se fue acercando, comprobó que la hermosa muchacha recogía estrellas de mar halladas en la arena y las devolvía, con gracía y ligereza, al océano. "¿Por qué hace eso?", preguntó el escritor un tanto intigrado. "¿No se da usted cuenta?", replicó la joven, "con este sol de verano, las estrellas se secarán y morirán si se quedan aquí en la playa". El escritor no pudo reprimir una sonrisa, y contestó: "Joven, existen miles de kilómetros de costa y centenares de miles de estrellas de mar... ¿Qué consigue con eso? Usted sólo devuelve unas pocas al océano". La joven, tomando otra estrella en su mano y mirándola fijamente, dijo: "Para ésta ya he conseguido algo", lanzándola al mar. Al instante, dedicó una amplia sonrisa y prosiguió su camino por la playa. Aquella noche el escritor no pudo dormir... Finalmente, cuando llegó el alba, salió de su casa, buscó a la joven a lo largo de aquella dorada arena, se reunió con ella y, sin decir palabra, comenzó a recoger estrellas y devolverlas al mar.

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¿Basta una sola estrella de mar? ¿Una sola? ¿Basta un sólo alumno/a? Como excelentemente expresa Jose Mª Doria, la vida es un valor que no habla el idioma de la cantidad, sino que, más bien, se desenvuelve en las suaves brisas de la cualidad. Cuando ofrecemos a un solo niño, a una sola niña, esas acciones que permiten cubrir sus carencias, afectivas, intelectuales o culturales, cuando trabajamos para satisfacer esos deseos básicos de los que hemos hablado en otras ocasiones en este blog, estamos haciendo una labor que no tiene precio, que es imposible de cuantificar, nunca podremos saber el alcance de ésta actuación, de este esfuerzo que hacemos por ofrecer una segunda oportunidad a ese alumno o alumna que tanto en su familia como en otros ámbitos de su microcontexto está siendo rechazado, agredido o abandonado.

¿Merece la pena?


martes, 28 de agosto de 2012

Polarización y deshumanización de las ideas

La falta de un liderazgo eficaz en los últimos años unido a la crisis económica, y posiblemente de nuestro modelo social, son las posibles causas de una polaridad política que percibo cada vez más acentuada en nuestro país. Es frecuente encontrar en las redes sociales personas que realizan criticas feroces a un partido político por hacer cosas que ocultan, entienden o justifican en la opción política que ellas defienden.

Me sorprende y me preocupa esta deriva que están tomando las opiniones de uno y otro lado porque es bien sabido que para salir de una situación difícil lo más eficaz suele ser el trabajo en equipo y el aunar las fortalezas de cada una de las partes. Mientras que la pelea interna, el autoengaño y la permanente justificación acusando al otro de lo que va mal no solo no ayuda a mejorar nada sino que suele perjudicar el desarrollo de soluciones creativas a los problemas. Decía Stephen Covey que si no eres parte de la solución eres parte del problema y cada vez tengo más la sensación de que estamos tan inundados por nuestras creencias polarizadas que engordamos más el problema que aportamos soluciones. Desgraciadamente, cuando nos enfrentamos a una situación difícil que nuestro cerebro detecta como peligrosa suele tomar las riendas de nuestra toma de decisiones la parte emocional, dejando a la parte racional en un segundo plano. Hemos repetido hasta la saciedad ese mantra de Roberto Aguado que dice "La emoción decide y la razón justifica". El problema es que el cerebro emocional no es el más adecuado para solucionar los problemas a los que nos enfrentamos actualmente. Y el cerebro inteligente, que si podría encontrar soluciones, está demasiado ocupado buscando justificaciones para los miedos del emocional que no tiene tiempo de usar sus recursos creativos para solucionar las exigentes y complejos retos a los que nos enfrentamos.

Hace unos años nuestro país vivió la situación más terrorífica que se puede vivir, una guerra civil. Creo que es el peor escenario que podemos imaginar, personas enfrentándose, traicionando e incluso matando a otras que hace unos días eran sus vecinas o sus amigas, todo ello justificado por una ideología. Unas ideologías que para conseguir validez tienen que buscar enemigos, tienen que encontrar opuestos a los que enfrentarse, amenazas ante las que unirse, diferencias que den un sentido a su identidad. Cuando polarizamos las ideas: "nosotros" frente a "ellos", "izquierdas" y "derechas", "rojos" y "fachas", "nacionalistas" y "centralistas", etc. tendemos a dejar de ver a los otros como personas para cosificarlos en conceptos que por ser diferentes a nosotros son malos. Da igual que en el fondo estemos haciendo lo mismo, lo nuestro es "bueno" porque es nuestro, lo suyo es "malo" porque es diferente a lo nuestro y por lo tanto lo diferente a lo bueno solo puede ser "malo".

Este deshumanización de los que no piensan como nosotros me parece peligrosísima porque es la base para que podamos agredir a los demás. Nuestros códigos morales no nos permiten agredir a un ser humano, pero si nos permiten agredir a una cosa, a un "rojo", a un "facha", a un "capitalista", a un "perro flauta"... Al hacer a cada una de esas personas objetos negativos es más fácil justificar nuestra agresión hacía ellos. Y como al agredirles estamos traicionando nuestro valores no nos queda más remedio que buscar justificaciones que nos permitan mantener nuestra contradicción interna y esconder nuestra auto-traición y nuestro autoengaño.
Y al crear esas justificaciones aumentamos la cosificación (son malos), más en peligro nos sentimos ante ellos y desde nuestro miedo a la diferencia más agredimos. Este circulo vicioso se ve aumentado porque con cada agresión que hacemos, más facilitamos que las personas que se encuentran en el otro polo encuentren motivos para justificar su misma actitud y puedan cosificarnos de la misma manera que nosotros estamos haciendo con ellos. Estamos haciendo exactamente lo mismo pero, por supuesto, la culpa es del otro.

Desde estas páginas invito a las personas a reflexionar sobre nuestros niveles de autojustificación y autoengaño. Podemos estar más o menos de acuerdo en las medidas a tomar para salir de esta difícil situación social y económica, podemos discutir ideas (especialmente si son intentos de solución), estar en desacuerdo... pero creo que tendríamos que esforzarnos para no cometer el error de juzgar a los que no opinan como nosotros como "malos" y menos insultarlos o deshumanizarlos. Al fin y al cabo solo podemos aprender algo de aquellas personas que opinan cosas diferentes a nosotros ¿no? y cuanto más a fondo conozcamos una idea más podemos desmontarla con criterio así que... ¿Por qué no empezamos a escucharnos? ¿Por qué no cambiar critica por curiosidad? Si una persona adulta e inteligente opina algo tan diferente ¿Qué información tendrá que yo no tengo? ¿Que valores sustentarán sus opiniones?
Repito, podemos seguir en desacuerdo y defender ideas y valores diferentes pero sin olvidar que la persona que tenemos enfrente defendiendo algo distinto es ni más ni menos que eso, una persona.

Cuanto más diferentes sean las ideas más posibilidades habrá de encontrar una que de solución al problema, cuanto más diferentes sean las opiniones de los otros más amplían nuestro campo de visión y más nos enriquecen ¿Por qué no elegir entonces abrirnos en lugar de cerrarnos? ¿Por qué no elegir colaborar en vez de entorpecernos? ¿Por qué no elegir crecer en vez de inmovilizarnos?
Espero de corazón que no tengamos tanto miedo como para no poder empezar a hacerlo.

jueves, 9 de agosto de 2012

Eres Amor

Puedes gritar, criticar, insultar, golpear, enfadarte, romper, destrozar... asesinar...

Puedes correr, esconderte, huir, levantar barreras, destruir puentes, separarte, rechazar, empujar... romper lazos...

Puedes llorar, perder la esperanza, encerrarte, anularte, paralizarte, desvitalizarte, anularte... dejar de vivir...

Pero te pongas como te pongas... Eres Amor



sábado, 21 de julio de 2012

Todo lo que odiamos en los demás son los aspectos que no aceptamos en nosotros mismos

Esta es, sin duda, una de las frases que más polémica suscita en los cursos en los que se trabaja el autoconocimiento y la autogestión. ¿Cómo voy a ser yo igual que fulanito? ¿Cómo voy a tener ese rasgo? Eso es imposible, yo no soy un egoísta, maleducado, irrespetuoso, asesino, etc. etc.

Supongo que descubrir a través del espejo del otro esos rasgos que rechazamos en nosotros mismos es una de las cosas más difíciles de admitir. Aunque también es cierto que cuando podemos aprovechar la ocasión para descubrir eso que todavía no amamos en nosotros mismos y empezamos a amarlo nuestro camino de evolución habrá dado un paso hacía delante de incalculable valor.

Así que, antes de seguir, te invito a que recuerdes ese rasgo de personalidad que tiene esa persona tan diferente a ti y que tú tanto detestas...

Todas las personas somos todo. Todas poseemos todos los rasgos de personalidad, todas somos egoístas y generosas, buenas y malas, abiertas y cerradas, tolerantes e intolerantes, agradables y agresivas. Todas somos todo y cuando admitimos esto somos libres para poder elegir que rasgo de estas polaridades manifestamos en cada momento.

El problema es que cuando rechazamos alguno de estos rasgos de nuestra personalidad entonces ese rasgo nos gobierna la vida y podremos manifestarlo en los momentos en los que menos nos gustaría hacerlo. Son palabras de mi maestro John Demartini, "todo lo que no amas en ti, todo lo que rechazas te gobierna la vida".



¿Y por qué rechazamos aquello que somos? Pues seguramente porque hemos aprendido que algunas cosas son malas y que si las tenemos se convierten en un peligro para nosotros. Imaginemos que cuando somos niños nuestros padres nos han criticado severamente por ser egoístas, por no compartir nuestros juguetes con nuestro hermano pequeño, por ejemplo. Como desde nuestra dependencia como niños necesitamos de su cariño y aprobación para sentirnos seguros ¿Qué haremos con ese rasgo de personalidad? Pues rechazarlo, controlarlo y mandarlo a las más oscuras profundidades de nuestro ser. Nosotros no somos eso y de ello, para nuestro cerebro emocional más primitivo, depende nuestra seguridad y, en casos un poco más extremos, hasta nuestra vida.

Así creceremos rechazando nuestra parte egoísta y siendo, obviamente, muy muy generosos. Yo soy una persona generosa, no hay duda.

¿Y que ocurre cuando en nuestra vida nos cruzamos con una persona que está manifestando el rasgo opuesto, el egoísmo? Pues que al ver en el otro eso de nosotros que rechazamos nos recuerda que eso que hemos escondido profundo sigue perteneciéndonos y esa sensación, tan peligrosa, es la que rechazamos a través de atacar al otro. Es decir, atacamos en el otro aquello que no nos gusta de nosotros mismos. Y con cuanta más vehemencia lo hagamos es que más nos rechazamos a nosotros mismos en él. Ojo, que podemos simplemente elegir que no queremos compartir nuestra vida con esa persona, de hecho, solemos elegir para estar a nuestro lado las personas que comparten con nosotros valores y características, mientras que rechazamos las que manifiestan rasgos opuestos. Pero elegir no compartir tiempo con una persona no es rechazar emocionalmente, y mucho menos odiar, a esa persona por "como es" ¿Se entiende la diferencia? Si odio a alguien o le rechazo con un componente de emoción muy fuerte esa persona está expresando aquello que no acepto en mi misma, me hace de espejo de lo que no me gusta y por eso agredo al espejo, a ver si rompiéndolo deja de mostrarme lo que no quiero ver. Si simplemente no me gusta algo de alguien y elijo no compartir mi tiempo con ella, pero sin emoción, sin rabia y sin que se me remuevan las entrañas en su presencia, pues está reflejando un aspecto de mi que acepto en mi pero que elijo no manifestar porque no está en mis valores.

A modo de ejemplo.

- "¡Yo si va Cristina no voy!"- gritó Rocío como queriendo que su tono de voz expresase todo lo que sentía. "Es una egoísta y siempre hay que hacer lo que ella quiere, si ella va al viaje no contéis conmigo".
- "Pero Rocío, si es un viaje de empresa ¿como podemos dejarla a ella fuera?"- contestó Marta en un tono suave que quería rebajar esa tensión que sabía les llevaba a un callejón sin salida.
- "Me da igual, vosotras podéis ir si queréis, yo sólo digo que si va ella yo no voy, ¡no la soporto!"
- "Pero Rocío, si no pasa nada, si se pone tonta podemos pasar de ella e ir a nuestra bola". Esta vez intervino Vanessa, aunque sin muchas esperanzas de solucionar algo que ya había salido mal otras veces.
- "¡Qué no tías, que yo paso! Qué paso de estar allí y que luego ella quiera mandar donde tenemos que ir o dejar de ir, que ya me conozco sus escenitas, sus gritos y sus chantajes. Yo paso y si vosotras queréis ir pues vosotras veréis". 
Las palabras de Rocío no dejaban ni un resquicio para la duda, su opinión sobre Cristina era inamovible y todas sabían que si iban al viaje iban a tener bronca con ella para todo el mes, como mínimo. No ir al viaje era generar un mal rollo en el departamento que tampoco se podían permitir y, además, les apetecía ir.
- "Pero Rocío..."- Marta hizo el amago de hacer un último intento que Rocío cortó al instante alzando un poco más la voz.
- "¡Qué no! ¡No insistas! Si me voy de fin de semana es para hacer lo que yo quiera no para que alguien me esté diciendo todo el rato lo que tengo que hacer. Así que con esa yo no voy, no insistáis, ¡no seáis cabezotas!"


Es curioso como en muchas ocasiones al rechazar aquello que "odiamos" estamos haciendo precisamente lo mismo que estamos rechazando, pero claro, como lo hacemos nosotros no cuenta. Puedo criticar a alguien por ser egoísta sin darme cuenta del egoísmo que estoy manifestando al hacerlo.

Puedo manifestar abiertamente desde la plataforma por la tolerancia que hay que ser intolerante con la intolerancia... Claro, tengo muchos argumentos (o quizá justificaciones) para demostrar que mis ideas son buenas y las del otro malas y por eso hay que ser intolerante con ellas pero... ¿la otra persona no estará sintiendo lo mismo? El otro día en el muro de una amiga de facebook una persona comentaba con satisfacción y orgullo que había borrado a alguien de su lista de amigos porque sus opiniones eran "fascistas". A mi me pareció curioso eso de eliminar a alguien por sus opiniones...

Cada vez que una persona me hace sentir mal me esta ofreciendo el regalo de observar ¿Qué me pasa a mi que eso me hace sentir mal? El día que podemos amar todas nuestras características entonces no nos molestará que los demás las manifiesten. Ese día, seremos dueños de nosotros mismos y podremos elegir con libertad, según nuestros particulares valores, que persona deseo ser, si más egoísta o más generosa, si cuarto y mitad de tolerante pero intolerante con ciertos aspectos concretos, si abierta a las opiniones pero cerrada a las agresiones, etc. Siendo conscientes de que todo es neutro y que elegir ser de una manera u otra está determinado por mis valores y mis valores no son mejores ni peores que los de otra persona, simplemente son los que yo elijo porque conectan conmigo y me hacen más feliz.


Y, obviamente, a partir de ahí también puedo elegir con quien compartir mi vida. Normalmente elegimos como amigas a aquellas personas con la que compartimos los valores más importantes para nosotros. Solemos rechazar igualmente a aquellas personas que, en los aspectos importantes para nosotros, defendemos valores o criterios opuestos. No hay nada bueno ni malo en ello, podemos elegir que deseamos y de que nos rodeamos, pero cuando lo hacemos desde el amor, desde la aceptación y, en definitiva, desde la libertad nuestra vida toma un color diferente. Es difícil, si. Y merece la pena.

domingo, 8 de julio de 2012

Retales en mi Alma

Sintió el calor del sol entrando por su ventana, un sudor pegajoso cubría su cuerpo. Permaneció boca arriba, mientras las imágenes atravesaban su mente. No quería moverse. Sabía que el dolor aparecería de un momento a otro. Ese dolor que habitaba en su cuerpo pero pertenecía a su alma. Desde que Fran se marcho el dolor hacia su entrada triunfal siempre a la misma hora, siempre puntual, punzante y arrebatador. Solo tenía unos segundos de serena amnesia en ese lapso de tiempo comprendido entre que abría los ojos y conectaba  la mente, solo unos cuantos segundos y después la puñalada le desgarraba el pecho y ya no había vuelta a atrás se le quedaba ahí clavada a la altura del corazón. Que difícil era vestirse todas las mañanas para ir a trabajar, solo podía usar camisas, se tiraba un buen rato acomodando la empuñadura entre botón y botón. No le importaba, las camisetas no le sentaban bien, le daban un aire muy infantil que no le pegaba nada. Eso sí, ya no podía entrar a bancos ni viajar en avión, todos absolutamente todos los aparatos comenzaban a chillas cuando ella se acercaba y claro la gente podía cruzar el mundo con un clavo en la rodilla o una placa metálica en la cabeza pero no con un puñal en el corazón. Es que el corazón… le decían, el corazón es impredecible María,  mire si volando a miles de metros de altura al corazón se le da por expulsar su puñal y lastima a alguien o peor aún, si se clava en la susceptibilidad de algún pasajero. Ninguna compañía aérea estaba dispuesta a correr ese riesgo. Y claro ella lo entendía. Su vida había cambiado considerablemente desde ese día. Ya no podía subirse al metro o al autobús en hora pico la gente aprisionada en esos transportes como alubias en un frasco,  empujaban y presionaban el puñal sin enterarse siquiera y entonces cada vez se hundía más… María sabía que si toleraba el dolor era precisamente porque veía que era lo que lo estaba provocando por eso evitaba las horas pico. Si alguna vez el puñal se hundiera hasta el fondo y desapareciera de su vista por completo, solo quedaría el dolor, un dolor huérfano y amnésico que lo llenaría todo, sin recordarle a nada. Un dolor sin sentido, ensimismado, una mierda de dolor. No, ella no se merecía un dolor tibio… ya había pasado por eso, la ausencia de sentimiento la conectaba con la muerte. Por eso no se quejaba, porque si había algo que María tenía era memoria. Una memoria infinita, selectiva y muy apropiada que seleccionaba de manera impecable el acontecimiento correcto en el momento preciso, nunca un recuerdo equivocado, jamás un pensamiento descontextualizado, imposible un “no me acuerdo”. Cuando Fran entró a su vida era aun mas desdichada, arrastraba una enorme armadura obsequio de Raúl, último sobreviviente de una raza de hombre-erizo. Ahh cuanto amaba a Raúl, con que amor cosía sus camisas rajadas por las púas, con que entereza aguantaba el abrazo mientras sus púas se clavaban a fuego en su piel. Un día después de amarse casi hasta quedar inconscientes con el cuerpo rasgado y dolorido María despidió a Raúl. Supo que nunca más lo volvería a ver cuando la pesada armadura se ciño a su cuerpo. Empezó por sus piernas, trepando como una enredadera avanzando sin prisa pero sin pausa, subiendo incansable por sus muslos, abrazando sus caderas, sujetando la columna, el esternón, los pechos como una delgada pero solida malla que la envolvía hasta el cuello. Y así estuvo arrastrándose durante años sin sentir nada, absolutamente nada, ni frio, ni calor. Muerta a los sentidos y las sensaciones, viva a la mente como una burbuja frágil, volátil, psicópata, desconectada de todo lo que la rodea. Años amorfos, uniformes, desolados. Y entonces conoció a Fran lanzador de cuchillos de un circo perdido en el tiempo, rodeado de mujeres barbudas y enanos saltarines. Cuando Fran vio a María por primera vez supo que estaba hecha a su medida, no hay nadie más adecuado para un lanzador de cuchillos que una partenaire cubierta de metal ferroso, que relajados eran sus días junto a María sin pensar siquiera en errar un tiro, sin el mínimo cuidado, sin preocuparse por el viento, la distancia, sin afinar la puntería. Lo cierto es que un día como cualquier otro María sintió calor, un calor tímido y escurridizo que empezaba  en su nuca y se deslizaba hacia abajo como cobrando fuerza, como una pequeña bola de nieve que crece ladera abajo, tan contundente, tan escalofriante  y a la vez  tan abrazador… toco su cuerpo hasta entonces helado y rígido, y descubrió que estaba blando, cálido, acaricio sus muslos, su abdomen, sus pechos y no pudo contener las lagrimas, tanto tiempo sin sentir… tanta vida sin su cuerpo. Lloró, cascadas y ríos, lloró lagos y charcas con nenúfares,  hasta que la habitación  se lleno de lagrimas y flores. Nadó hasta la ventana y sintió el aire rozando su piel. Frente a su casa la carpa del circo, le recordó a Fran, no le diría nada, no quería perderlo, al fin y al cabo ella podía fingir, eso no le representaría un gran esfuerzo, todo sea por sentir un poco… pero no fue tan sencillo la efímera felicidad apenas le rozo la punta de los dedos,  escapo del pueblo una fría mañana de enero cuando su amante circense confiado se asomó por la ventana y con su amplia y luminosa sonrisa doblando el brazo en un movimiento fugaz soltó como tantas veces un puñal, afilado, preciso, contundente,  esperando que sonara la hermosa campanada, un Toing resbaladizo, precoz y desafiante. En vez de eso un sonido a hueso y decepción salió del pecho de María que acababa de dar una media vuelta con los brazos abiertos bailando aquella canción que hacia tanto no cantaba...

El circo levanto a sus mujeres barbudas que se habían convertido en las reinas de los bares del pueblo, sus enanos saltarines y a un devastado lanzador de cuchillos que no podía levantar la vista de la punta de sus zapatos.

El puñal al fin se materializo en su pecho, puntual, punzante y arrebatador como cada mañana. María se levanto y se metió en la ducha. Sintió el agua caliente corriendo por su cuerpo. Sonrió. Al fin y al cabo, nunca le gusto viajar en avión. 


Mariela Mazza
Terapeuta Transpersonal

jueves, 21 de junio de 2012

¿Sabes lo que significa la palabra "respeto"?

- "¡Eso no se lo puedo consentir, me está faltado al respeto!"- gritó Federica tras leer el mensaje, más hacía si misma que teniendo en cuenta la persona con la que estaba compartiendo esos momentos de la tarde, momentos que tantas veces había compartido con su abuela y que ahora compartía con esa única amiga viva que quedaba y que de alguna manera le hacía sentir más cerca de ella. Aunque resultaba evidente que con aquello que había leído en el móvil su abuela había quedado muy lejos de su realidad, tan lejos como la aceptación de aquello que le acababan de transmitir.

- "¿Y cómo te puede faltar a ti al respeto?"- preguntó esa amiga de su abuela de cuyo nombre no lograba acordarse y le daba tanta vergüenza preguntarle. 

- "¡No me puede tratar así, no es justo, con todo lo que yo he hecho por él y todo lo que le he dado!"- contestó defendiendo su postura más que respondiendo a la pregunta que acababan de formularle.

- "¿Federica, sabes lo que significa 'respeto'?"- La pregunta estaba hecha con ese interés ambivalente del que está interesado en lo que el otro va a contestar pero que a la vez sabe cual es la respuesta. Intuía que Federica no podía saber la respuesta, no porque ella fuese capaz de adivinar el futuro sino porque si hubiese sabido lo que significa respeto no estaría tan enfadada, y si estaba tan enfadada es porque no debía saber lo que significaba respeto. El silencio de Federica le animó a seguir hablando.

-"Respeto, proviene de respectus que significa 'atención', 'consideración' y del verbo specio cuyo significado es 'mirar'. Como Re significa 'otra vez' pues respetar significa mirar dos veces, mirar con atención y consideración por una segunda vez. Normalmente nuestra primera mirada suele estar teñida de los juicios de nuestra mente para sentirnos protegidas en cualquier circunstancia, especialmente ante las nuevas o diferentes. Cuando miramos la primera vez ¿Qué vemos? Pues solemos ver la fachada, lo más superficial. ¿Y que vemos en lo más superficial Federica?"

Federica sabía perfectamente que era una pregunta que no buscaba ser respondida sino asegurarse su atención. Y su atención volvía a estar completamente centrada en las palabras de esa anciana que hablaba con una voz tan dulce, tan comprensiva, tan profunda, que hipnotizaba. una voz que surgía desde lo más profundo no desde lo superficial, una voz que estaba cargada de respeto.

- "Lo que solemos ver en nuestra primera mirada son las defensas, las barreras de las personas con las que nos relacionamos"- continuó la anciana. - "Es solo cuando miramos una segunda vez cuando podemos descubrir quién es la persona en realidad. Es cuando miramos más profundo cuando podemos descubrir más allá de las defensas al ser humano que las sostiene, a la persona, a lo que algunos llaman el Ser".

Era difícil saber si Federica estaba más alucinada con el contenido de las palabras de esa anciana de nombre desconocido o con el hecho de que en ese pueblo perdido de Zamora alguien le estuviese dando una lección tan grande. Quizá debería dejar de pensar en ella en términos de una anciana de pueblo, quizá podría empezar a mirar un poquito más profundo y considerarla una sabia. A veces las sabias se encuentran en lugares insospechados, lejos de libros y conferencias, es posible que la mejor escuela sea la vida y por ello sean las personas que han vivido, con todas las letras, las más sabias. Pero no quería que sus pensamientos hiciesen que se perdiese alguno de los detalles que le estaban ofreciendo así volvió su atención hacía aquella sabia que sin necesidad de ser preguntada, hay preguntas que se hacen desde la mirada, continuo.

- "Cuando nacemos, todos somos un Ser puro y perfecto ¿Has visto alguna vez un bebé con maldad? El problema es que nacemos muy vulnerables y dependientes y la vida va golpeando a ese Ser que somos con las necesidades y carencias propias del ser humano. Cuando empezamos a sentir esas carencias aprendemos a defendernos, a poner barreras que protejan esa parte de nosotros tan sensible. En ocasiones esas barreras son adaptativas, contienen y dan seguridad. Pero hay personas que sufren traumas más fuertes, dolores más intensos, que hacen que sus barreras vayan aumentando. Si te fijas, la mayoría de las casas de este pueblo están rodeadas de muros ¿Por qué?"

- "¿Pues porque la gente no se fía y temen que la gente entre en sus propiedades?"

- "Exactamente"- reafirmo la sabia.- "Y cuando un pequeño muro no es suficiente ¿Qué hace la gente?"

- "Pues construye muros más altos"- respondió Federica.

- "Y cuando ni aún así es suficiente pues en lo alto de los muros ponen cristales cortados que tratan de evitar que nadie entre y les robe o les haga daño"- la sabia hizo un silencio, un silencio de esos que preceden a algo importante. Federica respetó ese silencio. -"Pues los seres humanos hacemos lo mismo. Alrededor de nuestro Ser construimos defensas, a veces ciertamente agresivas, llenas de pinchos y claro, cuando alguien se acerca a esas defensas pues lo que siente es el dolor de pincharse con ellas, y ahí se queda, en ese dolor, sin poder traspasarlo para observar que dentro, muy dentro, esa persona es sólo un ser humano con miedos".

- "Ya, pero esos miedos dañan mucho"

- "Sin duda hija mía, pero ese daño tiene más que ver con nuestras propias heridas que con las cosas que los demás hacen".

- "¿A que te refieres?"- preguntó Federica que ya no quería perderse ni un detalle.

- "A que cuando las barreras que cubren nuestro Ser son lo suficientemente flexibles entonces podemos absorber esos pinchos y no nos dañaran. Nuestro Ser no puede ser dañado por ningún pincho, por ningún ataque, la que se siente dañada es nuestra mente cuando interpreta esos hechos como una agresión hacía nosotros. Si en realidad vemos una persona con miedo defendiéndose entonces mágicamente las cosas no nos dañan y somos capaces de mirar al otro con mayor compasión ¿Sabes lo que significa la palabra compasión?".

La cara de sorpresa de Federica provocó en la sabia anciana una sonora carcajada, una carcajada tan libre y sincera que parecía salir de lo más profundo de ella, como si estuviese tan conectada con su propia esencia que todo lo que salía de ella saliese directamente desde lo más profundo de ella. Como leyéndole la mente la sabia añadió:

- "Cuando tú te respetas a ti misma, cuando entras en contacto con lo que realmente eres y no te identificas con aquello que suele ver la mayoría de las personas, que es simplemente tu máscara"- Ahora cada vez que alguien mencionaba la palabra máscara, no podía dejar de recordar su encuentro con aquella persona que le recordó el alto precio que pagamos por las más caras. -"Entonces puedes entrar en contacto con el Ser de luz que eres. Tú, como todas las personas, somos en esencia Luz, por eso los ataques de los demás que vienen de sus sombras no pueden desestabilizarnos, porque quien está en contacto con su luz no teme a la oscuridad. Quien está en contacto con su luz lo único que trata es de aportar esa luz a los demás. Así que igual antes de culpar a otro de no estar respetándote ¿Por qué no te preguntas si tú misma te respetas?"

Y era evidente que si ella se respetaba las palabras de ese mensaje que acababa de recibir no hubiesen tenido el mismo efecto en ella. Ahora, entendía mejor aquellas palabras que le había regalado aquel desconocido en el tren, esas palabras que tanta rabia le habían provocado en su momento y que ahora cobraban un nuevo sentido. Era sorprendente todo lo que le estaba pasando en ese viaje, como si todo tuviese un sentido más profundo de lo que ella podía percibir, como si todo tuviese un orden establecido que escapaba a su control. Pero no quería perderse, no quería dejar pasar esas palabras que acababa de recibir. El objetivo era mirarse más profundo, conocerse más allá de sus defensas, no quedarse en sus pensamientos sino entrar en contacto con el Ser, había oído hablar muchas veces de todo aquello, ahora estaba dispuesta a sumergirse en ello.