El comienzo de año es una fecha mágica, una toma de consciencia sobre lo que estamos haciendo en nuestra vida y una oportunidad para elegir lo que deseamos para los nuevos tiempos que empiezan. Hemos defendido muchas veces esa frase del dr. John Demartini que dice "Todo lo que eliges lo tienes, todo lo que no eliges los demás o las circunstancias elegirán por ti"
Vivimos unos días bombardeados por noticias constrictivas, recortes, problemas, crisis... que provocan miedo y tensión. Pero podemos elegir dar lo mejor de nosotros mismos más allá de lo que pase fuera. Es verdad que cuando las cosas se ponen difíciles parece que todo es demasiado cuesta arriba y que nosotros no podemos hacer nada ante ello, pero siempre nos enfrentamos a una pregunta que es difícil de esquivar ¿Voy a tomar las riendas de mi vida y a responsabilizarme de lo que en ella ocurra o voy a dejar que sean los demás los que decidan por mi y a invertir mi energía en buscar buenas justificaciones para culpar a los demás o las circunstancias de lo que me pasa?
Desde Avatar Psicólogos defendemos que en tanto enfoquemos nuestra energía y nuestra acción sobre aquello que depende de nosotros estaremos trabajando en el poder que tenemos sobre nuestra vida y, con ello, la sensación de tener un mayor control sobre ella aumentará junto con nuestra seguridad. Trabajar en nosotros mismos y lo que nosotros podemos hacer hace que nuestra eficacia se dispare y empecemos a tener éxito en cuestiones en las que antes nos chocábamos una y otra vez contra una pared. En los cursos de gestión de estrés solemos concluir que la herramienta anti-estrés más poderosa es la pregunta:

De hecho, una de las primeras normas en apoyo psicológico cuando estamos trabajando para ayudar a las víctimas de una catástrofe es tratar de facilitarles que puedan hacer algo. Cuando antes podamos darles alguna función que hacer antes empezarán a tener cierta sensación de control sobre lo que ha ocurrido y su sensación de victimización disminuirá.
Como este aspecto me resulta tan importante os lo presento de otra manera:
Estímulo - Respuesta - ConsecuenciaToda situación tiene tres momentos:
1. Estímulo, es lo que ocurre, lo que nos encontramos, por ejemplo que hoy esté lloviendo o haga mucho calor.
2. Respuesta, es lo que nosotros hacemos en búsqueda de una consecuencia que queremos que se produzca, por ejemplo, si llueve cojo un paraguas porque no quiero mojarme o si hace calor me visto con ropa ligera para no pasar mucho calor.
3. Consecuencia, es el resultado que obtenemos tras poner en marcha nuestra respuesta.
¿Cuánto poder tenemos sobre cada uno de esos momentos?
Sobre el estímulo tenemos un 0% de control, es lo que nos encontrarmos y como aparece sin que podamos hacer nada no tenemos ninguna influencia sobre ello.
Sobre la respuesta tenemos todo el control, el 100%, es lo que nosotros hacemos y por tanto podemos elegir cual va a ser nuestra respuesta. De hecho, una de las cosas que diferencian al ser humano del resto de animales es que los seres humanos entre el estímulo y la respuesta tienen un espacio,
la libertad para elegir la respuesta. El resto de los animales tras el estímulo reaccionan, sólo el ser humano tiene la capacidad para elegir entre diferentes respuestas, hay seres humanos que tienen un gran espacio, hay otros cuyo espacio es tan reducido que se asemejan mucho a la falta de libertad que tienen los animales.
Finalmente, sobre la consecuencia tenemos un control relativo, está claro que depende de la calidad de nuestra respuesta que obtengamos las consecuencias que pretendemos, cuanto mejor sea nuestra respuesta mayores probabilidades de obtener lo que deseamos, pero nunca el 100% porque hay factores que se escapan a nuestro control. Puedo salir con un paraguas grande y bueno, pero al pasar al lado de una calle que pase un coche pise un charco y me salpique, o ponerme una ropa muy fresca pero que el sitio al que voy esté cerrado y no haya aire acondicionado, etc. Así que sobre la consecuencia tenemos un X% de control, es variable.
Teniendo estos porcentajes... ¿dónde pondríamos nuestra energía?

Parece claro que lo más eficaz sería poner la energía en aquella parte en la que tenemos el 100% de poder, pero no siempre es eso lo que hacemos.
Hay personas que ponen su energía en el estímulo, eso hace que se sientan impotentes y a merced de las circunstancias, podemos descubrir a las personas que están centradas en el estímulo (en su circulo de preocupación) porque la mayoría de sus frases empiezan por "es que...": “es que es muy difícil”, “es que está lloviendo mucho”, “es que hace mucho calor”... con un tono normalmente teñido por la queja y impotencia.
En mi opinión, la mayoría de las personas comenten el error de centrar su energía en la consecuencia. Si lo que hacen sale bien se sienten bien, si no obtienen la consecuencia esperada se sienten mal. Las personas que se centran en los resultados para evaluarse se sentirán impotentes en todas aquellas situaciones que no dependan de ellos o en las que, habiendo dado lo mejor de sí mismos, no obtengan los resultados que merecen. Por tanto, esta forma de evaluación nos parece injunta porque, si yo he tratado de coger el mejor paraguas, me he puesto con botas de agua y un pantalon impermeable, si pasa un coche que no podía preever (si lo hubiese hecho seguro que me hubiese quitado de en medio en ese preciso momento) y me salpica de abajo a arriba y al final acabo mojado ¿Es justo que me sienta mal y me critique o me insulte a mi mismo? ¿No he hecho todo lo posible, todo lo que estaba en mi mano para mantenerme seco? La experiencia me enseñará que la próxima vez tengo que estar más atento a los coches que circulan a mi lado y por tanto puedo utilizar la experiencia para mejorar mi respuesta en el futuro, pero en esta situación particular ¿Cómo debería sentirme? Pues en mi opinión muy satisfecho de mi mismo porque hice todo lo que estaba en mi mano. Ni más ni menos y eso es todo lo que puedo hacer. Los que trabajamos con deportistas de alto rendimiento somos muy conscientes de lo importante que es centrarse en el juego, en lo que yo puedo hacer, más que en el resultado. Porque si me centro en el resultado ¿Qué dejo de hacer? Pues precisamente eso que me puede hacer ganar que es jugar bien. Cuanto más centrado estoy en si gano o pierdo o lo importante que es este punto más recibe mi cerebro señales de peligro y por tanto más se tensa y más difícil tiene dar la mejor respuesta posible. Si en un examen estamos centrados en las consecuencias, en lo que pasará si suspendo, todo ese tiempo que estoy centrado en lo que podría pasar estoy dejando de hacer lo único que me ayuda a aprobar que es... ¡estudiar!
Por eso nuestro consejo en estos momentos difíciles es centrarse en la respuesta, en nuestro circulo de influencia, en lo que nosotros podemos hacer para superar el reto que la vida nos esté poniendo delante, más que anticipar las consecuencias o quejarnos de nuestra mala o buena suerte. Nuestra propuesta para este año es desarrollar al máximo esa capacidad de elegir con la que contamos y nos comprometamos en nuestra vida con ese cuarto acuerdo que nos ha ofrecido el dr. Miguel Ruíz en su libro “Los cuatro aceurdos” que dice:
Haz siempre lo máximo que puedasY como también decía Confucio “
Vayas donde vayas… ve con todo tu corazón”
En el siguiente cuento podemos encontrar otra manera de verlo:
En un paraje de sol y de paz, se hallaba un escritor que vivía junto a un pequeño poblado de pescadores. En su tranquila vida, cuando llegaba el amanecer, daba un largo paseo por la orilla del mar. Un día como tantos otros, divisó a lo lejos a una joven que parecía bailar sobre la orilla. Conforme se fue acercando, comprobó que la hermosa muchacha recogía estrellas de mar halladas en la arena y las devolvía, con gracía y ligereza, al océano.
"¿Por qué hace eso?", preguntó el escritor un tanto intigrado.
"¿No se da usted cuenta?", replicó la joven, "con este sol de verano, las estrellas se secarán y morirán si se quedan aquí en la playa".
El escritor no pudo reprimir una sonrisa, y contestó: "Joven, existen miles de kilómetros de costa y centenares de miles de estrellas de mar... ¿Qué consigue con eso? Usted sólo devuelve unas pocas al océano".
La joven, tomando otra estrella en su mano y mirándola fijamente, dijo: "Para ésta ya he conseguido algo", lanzándola al mar. Al instante, dedicó una amplia sonrisa y prosiguió su camino por la playa.
Aquella noche el escritor no pudo dormir... Finalmente, cuando llegó el alba, salió de su casa, buscó a la joven a lo largo de aquella dorada arena, se reunió con ella y, sin decir palabra, comenzó a recoger estrellas y devolverlas al mar.Os deseamos lo mejor para cada una de vosotras y vosotros en el 2012, sin olvidar que mientras estamos en el camino hacía nuestros sueños disfrutaremos de cada etapa del camino mientras que si estamos en el camino de los sueños de otros... todo requerirá mucho esfuerzo, pero eso es algo que trataremos en alguno de nuestros próximos post.