martes, 1 de noviembre de 2011

Detrás de los muros

Todos somos importantes, perfectas.

Pero en un mundo en el que lo que haces bien se valora como "normal", "tu trabajo", etc. y lo que haces mal en seguida se te señala y se te critica, la mayoría de nosotros tenemos la sensación de estar en negativo. Eso nos hace sentir que no somos suficientes y nos esforzamos por hacer cosas que nos permitan recobrar la seguridad que nos regala el sentirnos importantes. Aunque eso es una confianza irreal, depende del afuera, de tu éxito, de la opinión de los demás, de que los resultados sean los requeridos por las exigencias. Eso nos hace irremediablemente esclavos.

Cuanto más necesitamos demostrar más inseguros nos sentimos y cuanto más inseguros más necesidad y, así, más esclavos.

Si queremos mejorar nuestras relaciones afectivas y sociales, la libertad es la clave. Nadie se siente atraído por un esclavo a no ser que quiera explotarle. Además, una vez conseguida la libertad, tienes una ventaja sobre los demás que, en mi opinión, tienes la misión de compartir.

Si deseas influir sobre los demás empieza por asegurarles su importancia personal. Mira a través de sus muros defensivos y encuentra al Ser humano que hay detrás. Cuando juzgas, las personas se ponen a la defensiva. Cuando les reflejas sus propios miedos se verán tentados a romper el espejo. Sin embargo, cuando ese espejo les refleja lo más divino de su Ser, cuando les refleja su verdadera esencia, entonces algo se ilumina dentro. Empiezan a sentir el calor que desprende esa luz y sus murallas empiezan a derretirse, a caer solas. Y una vez sus barreras han caído la comunicación fluye y con ella el entendimiento. Y donde hay entendimiento y consciencia lo único que puede surgir es el Amor.

Ojo! a veces, las personas más defendidas, ante la intensidad de lo que sienten cuando se abren, pueden ser inundadas por sus pensa-mientos y llenarse de miedo al descubrirse sin protección. Entonces, seguramente volverán a levantar sus muros de importancia personal y volverán a encerrarse en su cárcel de pretendida seguridad atacando aquello que hizo que se tambaleasen, atacándote a ti. Esto no tiene nada que ver contigo, a no ser que tú te lo tomes de manera personal que entonces te estará enseñando donde reside tu propia inseguridad, donde exactamente tú misma necesitas poner más luz y Amor. Pero si no te defiendes, si permites su miedo y lo acoges con la paciencia de quien observa miedo en un niño, entonces podrás seguir desviando el reflejo de sus muros y seguir reflejando aquello que sabes que permanece guardado en su interior.

Y quizá, sólo quizá, cuando la persona esté preparada para sentir su propia grandiosidad, su perfección, entonces tendrá la oportunidad de derribar sus muros y relacionarse contigo de Alma a Alma. Porque tú, posiblemente sólo tú, le comprendes y sabes quien Es. Y es muy fácil saber quien es porque, en realidad, eres tú, una misma esencia que cuando supera las más-caras donde está encerrada inevitablemente se reconoce.

Cuanto más hace una persona más difícil se lo pone, porque al hacer se está mandando el mensaje de que no es suficiente con lo que Es. Y así, la misma mentira que fue construyendo sus primeros muros, que tenía que hacer algo para ser querida, se transforma en realidad en su vida al vivir identificada con esa imagen de su más-cara. Y cuanto más trata de defender la validez y la importancia de esa imagen construida, cuanto más esfuerzo emplea para fortalecerla y sentirse segura, paradójicamente, más insegura se siente. Porque no existe ningún arma capaz de defendernos de algo que no depende en absoluto de nosotros, la opinión de los demás.

Solo si te paras a reconocer lo que esos muros guardan, solo si renuncias a tu importancia personal, serás libre. Porque si no tienes nada tampoco hay nada que defender, nadie tendrá el poder de arrebatarte nada y serás libre de vampiros energéticos y otras personas que, manejadas por sus miedos y su sensación de no tener suficiente aprovechan tus necesidades y tu inseguridad. Y es que, si se sienten tan vacíos y tan en peligro ¿Quién les puede culpar de querer robar aquello que más necesitan, seguridad y energía vital? Si no hay nada que demostrar no hay nada por lo que luchar y la guerra, interna y externa, puede terminar para dar paso a una paz que llenará todo de luz y Amor.

En vez de juzgar a los demás, acéptalos con compasión, con la compasión que te permite ofrecer la seguridad de que no te pueden robar nada, que aquello que tú eres no se puede tocar con las garras materiales de sus defensas. Y quién sabe si, quizá, un día les podrás contagiar de tu luz y Amor y descubran que no hace falta robar, agredir ni rebajar a los demás, que cuando se paren y cierren los ojos para ver con claridad descubran que poseen esa misma luz que tienes tú. Que ellos son tú y tú eres ellos y que no podemos carecer de nada ni envidiar nada porque ¿Cómo puedo carecer o envidiar lo que yo Soy?

Y un día, no se si lejano o cercano, pero un día, el Amor reemplazará a la violencia, los abrazos reemplazarán a la competición, la apertura a las defensas y la sabiduría a la ignorancia. Piénsalo, siéntelo, es una elección que depende sólo de ti.

viernes, 21 de octubre de 2011

Acompañamiento de personas en el proceso de abrazar la muerte


Cuando una persona se muere nos hace de espejo de nuestra propia muerte. Sólo si tenemos una buena relación nosotros con ella podremos acompañar libres a esa persona en su camino. Por eso decíamos en el anterior post que primero tenemos que superar nuestros propios miedos.

Antes de poder acompañar a alguien en sus últimos pasos por la vida tenemos que estar nosotros muy vivos. Tener claro nuestra misión personal en esta vida, ser lo suficientemente egoístas como para permitirnos realizarla, cuidarnos a nosotros mismos nos dará la fuerza para poder acompañar a alguien en esos momentos, a veces difíciles. Y digo a veces, porque hay otras personas que caminan con la cabeza alta, con serenidad, seguridad y confianza esos últimos pasos. Son personas que pueden mirar hacía atrás y sentirse satisfechas, son personas que saben que su misión ha concluido y que es tiempo de pasar a otro estado. Son personas que con el Amor pintado en sus caras nos regalan una última lección, quizá la más importante, es posible VIVIR con mayúsculas y no sólo sobrevivir. Pero más allá de esos y esas maestros y maestras que podemos hacer las personas que nos dedicamos al cuidado de personas en estado terminal para facilitarles su tránsito.

En el acompañamiento de personas en el último momento de sus vidas lo más importante es presentarse desnudo. Desnudo de prejuicios, de ideas preconcebidas, de juicios, de deseos, en definitiva desnudos de nuestro mapa de la realidad. El objetivo es permitir que la persona haga su propio proceso, lo que ella necesite, dándole el espacio necesario para hacerlo.

Así que las herramientas más útiles que tenemos es el silencio y nuestras preguntas. Silencio para dar ese espacio, hay veces que el silencio es muy incómodo, pero si somos capaces de sentirnos cómodos en la incomodidad permitiremos que la otra persona exprese lo que hay más dentro de ella. No podemos olvidar que toda confesión dolorosa necesita un tiempo para ser elaborada, después de un gran silencio suele llegar una gran confesión. Así que el silencio es nuestra herramienta. Las personas suelen sentirse muy incómodas ante ese silencio y lo rellenan con opiniones, consejos, distracciones. Cuando alguien me pregunta "y en esos momentos ¿Qué se dice?", mi respuesta suele ser "Nada, no hay nada que decir, así que lo que hacemos es callarnos y escuchar". Las preguntas son la segunda herramienta, son las que facilitan que el otro nos exprese lo que siente, lo que piensa.

Pero quizá incluso antes de preguntar o de guardar silencio, es importante dar permiso. Demostrar que con nosotros si se puede hablar de aquello que les preocupa, que les atemoriza, de aquellas intuiciones que llegan en los últimos momentos. Y para probar si se puede hablar con nosotros muchas veces ellos nos hacen preguntas ¿Por qué a mi? ¿Por qué ahora? ¿Qué es la muerte? ¿Hay algo después de la muerte?. Esas preguntas no buscan una respuesta, buscan comprobar si huimos de ellas o nos mantenemos serenos. No esperan una respuesta, es en muchas ocasiones su manera de tratar de promover una conversación sobre el tema que les ayude a poder articular sus propios pensamientos, miedos y lucha interior. A veces las creencias que he defendido toda la vida no se sostienen con lo que sienten en ese momento y necesitan su proceso de elaboración de sus sensaciones sin sentir que están traicionando lo que siempre han creído. Así que... ¿Se puede hablar con nosotros? ¿Nos callamos y escuchamos o empezamos a parlotear con lo que nosotros pensamos? Incluso es posible que la respuesta a esas preguntas ni siquiera sea lo importante, sino que lo importante sea el propio proceso interior de buscar la respuesta. Así que dar permiso es callarse, no huir del tema y devolver las preguntas para que la persona pueda encontrar sus propias respuestas, no me cansaré de repetirlo, sus propias respuestas no las nuestras.

Las cosas a resolver

Quizá la primera necesidad es hacer real la pérdida, poder combatir esa negación que surge instantáneamente ante la noticia. A veces nos preguntan porque necesitan que alguien les acompañe en ese darse cuenta de que la muerte se acerca. Poder dar la mala noticia con serenidad, Amor y compasión les ayudará a integrarla.

Luego es muy importante poder expresar todas las emociones, TODAS. Hay personas que tienen más dificultad para expresar la rabia, otras el miedo, otras la tristeza. Normalizar todas las emociones y dar permiso para sentir es nuestra función en esos momentos. Es difícil estar con alguien mientras tiene una abreación emocional, pero por favor, no cortéis el proceso, permitir que la persona haga la curva emocional que sube y luego baja. Si tratamos de consolar, de controlar la emoción, de que esté bien, estaremos mandando en mensaje que con nosotros no se puede hablar, expresar, sentir. Quizá lo único que hay que combatir es la culpa, pero nunca directamente siempre con las preguntas que lleven a la persona a darse cuenta de que la culpa es absurda.

Hasta aquí las pautas son iguales que para cualquier persona en un proceso de pérdida, pero que es necesario resolver antes de morir:

- Encontrar un sentido y un significado a la propia vida. Descubrir el sentido de lo vivido y sentirlo realizado nos permite irnos con la seguridad del deber cumplido. Para ayudar podemos preguntar por los acontecimientos más significativos de la vida, ayudar a identificar lo conseguido en cada etapa, lo aportado a los demás o al mundo. Normalmente lo que la persona ha realizado tendrá que ver con sus valores, a veces cometer el error de valorar si hemos conseguido algo importante basándonos en los valores de los demás o de la sociedad. ¿Qué es lo más importante para esa persona? Seguro que en ese área la persona ha hecho cosas fantásticas, las otras dan igual, porque cada uno tenemos una misión diferente que suele estar en consonancia con nuestros valores.

- Resolver duelos pasados. Es difícil irse si hay cosas sin resolver. Para poder morir serenamente es importante encontrarse en un estado de Amor Incondicional, de estar en contacto con nuestra esencia de Amor. Por eso podemos ayudar a las personas a expresar las emociones no expresadas, a resolver los conflictos enquistados, a deshacer las culpas que cargan en sus espaldas y no les permites caminar derechos, las culpas propias o las de los demás. Trabajar el perdón es liberador y nos acerca al Amor por todo, imprescindible para irnos con todo resuelto y libres.

- Querer y sentirse querido hasta el final. Los seres humanos somos seres vinculares, las relaciones y los vínculos con los demás nos alimentan, dan seguridad a nuestro cerebro emocional y nos liberan de miedos. Ayudar a los familiares a acompañar, algunos de ellos no querrán dejar ir a la persona que se va, o ser capaces de amar nosotros y dejarnos amar por la persona que está sola es la manera de llenar esta necesidad. La persona con la que trabajamos es un Ser Humano que como tal merece respeto y Amor. Da igual si es amable o agresivo, dulce o agrio, si nosotros estamos plenos podremos ofrecer ese Amor que hará que la persona se sienta segura. A veces las personas muy dañadas tienen miedo a abrirse y nos prueban con sus ataques, si a cada agresión respondemos con Amor les estaremos transmitiendo que con nosotros si es seguro abrir el corazón y, obviamente, al estar en estado de Amor nosotros también nos sentiremos mejor.

- Sentido de esperanza y/o trascendencia. Ya hemos visto lo importante de encontrarle un sentido a la vida, encontrarle un sentido a la muerte también es importante. Aquí es donde las creencias religiosas o espirituales cobran sentido, es posible que la persona haya rechazado ambas durante la vida pero eso no significa que no pueda abrirse a ellas ahora. Lo importante será facilitar que la persona entable un diálogo con su propio corazón, que pueda abrirse a lo que ha estado cerrada hasta ahora cuando empieza a sentir esa llamada interior. Establecer una relación de confianza, libre de juicios y de nuestras creencias, estar dispuestos a dar testimonio silencioso de su dolor o ayudarles con meditaciones guiadas, lecturas, expresión creativa, símbolos, rituales de despedida o de paso... habrá que estar con los ojos bien abiertos para descubrir como la persona quiere expresar su espiritualidad y ayudarle a hacerlo.

- Cuidados básicos. Aportar los cuidados básicos de enfermería, limpieza, hidratación, comida, etc. a veces son pequeñas cosas que tienen un gran significado. Cuidar y honrar a un ser humano es una experiencia que sólo aquellas personas abiertas a disfrutarla podrán saborear, como dice el famoso anuncio "hay cosas que no tienen precio".


Mis agradecimientos para escribir este post a: A Payàs i Puigarnau, A. por su artículo "Espiritualidad en la última etapa de la vida". Labor hospitalaria, 35 (268): 7-14, 2003. A Doka, 1993 y Corr et. al., 2000 por sus investigaciones. Y especialmente a: Elisabeth Kübler-Ross, con su valentía, su trabajo y su dedicación nos enseñó a muchos cuando el tema del apoyo psicológico en la muerte era un tema muy tabú. A Félix Esteban, mi tutor del master de transpersonal, siempre ahí siempre haciéndome pensar. Al Hospital USP de Marbella, que me permite desarrollar este regalo de profesión que tengo. Y, en especial, a Cruz Roja Española por su dedicación a la ayuda de los que más sufren y su labor humanitaria en todo el mundo, trabajar bajo los principios de esta organización es un orgullo y una motivación constante.

jueves, 13 de octubre de 2011

Abrazar la muerte abrazando la vida

Una vez tuve la fortuna de ser transportado por una amiga a otros mundos en una sesión de cuentacuentos. Pero no sólo nos hizo viajar a lejanas tierras y disfrutar, también dejó en nosotros un espacio para el crecimiento y la reflexión. Hoy, más de diez años después utilicé uno de esos cuentos como entrada en mi participación en unas Jornadas sobre Garatía y Protección de los Derechos de las Personas Mayores organizadas por el Colegio de Trabajo Social de Castilla la Mancha. Comparto aquí el cuento y las reflexiones de la ponencia. Gracias Lidia, por tu larga amistad y por la inspiración.

El criado del rico mercader

Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.

Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.

—Amo —le dijo—, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.

—Pero ¿por qué quieres huir?

—Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.

El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.

Por la tarde, el propio mercader fue al mercado, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

—Muerte —le dijo acercándose a ella—, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?

—¿Un gesto de amenaza? —contestó la Muerte—. No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro. Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque esta noche debo llevarme en Ispahán a tu criado.


Bernardo Axtaga: Obabakoak (1993)

¿Y de que huimos con tanto miedo y tanta fuerza? Supongo que de nuestra propia sombra. Y nuestra sombra, ese conjunto de cosas que rechazamos en nosotros mismos, solemos proyectarla en los demás en vez de escucharla e integrarla dentro de nuestra globalidad. Y así nuestros miedos son los que gobiernan nuestra vida. Y si los miedos dirigen nuestra vida ya estamos muertos así que... ¿por qué tenerle miedo a la muerte entonces? Es paradójico como cuanto más muertos estamos en vida más miedo a morir, aunque quizá sea lógico, porque hay una parte de nosotros que nos grita que no podemos morir mientras no hayamos vivido antes.

Sólo cuando vives plenamente abrazas la muerte con una sonrisa de paz. Quizá eso sea muerte digna, poder realizar completamente mi misión en esta vida antes de irme. Y esa es una de nuestras misiones, ayudar a las personas mayores que avanzan hacía el final del camino a resolver aquellos fantasmas a los que no se han enfrentado. ¿Y cómo podemos saber que hay fantasmas irresueltos? Pues observando sus respuestas, por su miedo a morir, por sus defensas, por su agresividad. Cuanto más agresiva es una persona más miedo tiene y, por tanto, más Amor necesita. Así que en vez de rechazar a aquellas personas que nos rechazan y agreden quizá tendríamos que aprender a abrirnos más y a mostrarles que les respetamos tanto que a nosotros si nos pueden contar sus miedos más profundos. También es una señal definitiva el encontrar a una persona deprimida, la depresión es la respuesta del cerebro cuando siente que no hay nada por lo que luchar o que aquello que deseamos es inalcanzable, entra entonces en un modo de ahorro (gastar energía cuando no podemos conseguir los objetivos es absurdo) esperando que en algún momento la vida cambie y las opciones aumenten. Es la misma respuesta que hace un oso hibernando, como escasea el alimento su cerebro entra en un programa de ahorro energético total hasta que llegue la primavera y el alimento vuelva a estar disponible. Pero para la persona deprimida la vida no va a cambiar si no hace nada diferente, porque nuestros deseos profundos no dependen de las estaciones ni del tiempo, así que si no realizamos aquello por lo que estamos aquí cuando la muerte aparezca por la puerta no podremos más de dar pasos hacía atrás tratando de evitarla, porque ella será el espejo que nos reflejará que no hemos realizado aquello que vinimos a realizar, aquello que es nuestro sentido vital.

Así que la labor de los profesionales de la atención médica y psicosocial será acompañar, escoltar y facilitar que nuestros mayores puedan resolver todos aquellos asuntos que queden por resolver, desde nuestra completa apertura, desde nuestro profundo respeto, para dar soporte a sus necesidades espirituales. Pero para poder hacerlo primero tenemos que superar nuestros propios miedos ante la muerte y eso es algo que en nuestros días, en los que la ciencia a avanzado tanto en la lucha contra la enfermedad, es difícil. La muerte no se ve como parte indisoluble de la vida sino como una enemiga a la que combatir. Eso y el rechazo a lo religioso en nuestra sociedad no facilita los procesos de duelo y aceptación de la muerte. Que alguien muera es considerado un fracaso y eso lleva a luchar contra la muerta en busca del éxito, perdiendo en el camino el enorme que es acompañar con com-pasión en el dolor a otro ser humano que sufre.

En próximos post, si hay interés, describiremos como hacer ese acompañamiento.

Foto Ana Alonso http://www.flickr.com/photos/anaalonso/

lunes, 19 de septiembre de 2011

Hoy estoy de bajón

Hoy estoy de bajón. No me apetece levantarme de la cama, ni tampoco seguir en ella sin dormir, no me apetece nada, sólo olvidarme, dormir, escapar, salir.

Hoy estoy de bajón, es una nueva mañana y yo quiero que sea simplemente ayer, bueno no tampoco, quizá antes de ayer, o hace un año o... quiero estar como antes, aunque una vocecita me diga que ese antes me ha traído hasta este hoy en el que... estoy de bajón.

Doy un vuelta, trato de acallar a esa voz que sale de algún lugar dentro de mi que me martillea con opciones... salir a correr por la mañana, meditar, ducharme y salir a desayunar, trabajar... ¡pero no entiende esa voz que no me apetece nada! Y no me digas que me anime, no me digas nada porque hoy no quiero escuchar, sólo quiero que esa voz que grita que todo es una mierda suene más alta que la maldita voz que me recuerda las opciones que tengo, de ahogar esa consciencia de que el día está en mis manos y lo puedo cambiar, disfrutar, suprimir la sensación de saber quien soy de verdad, porque llegar hoy hasta mi es difícil y... ¡hoy estoy de bajón!

Y entiendo las causas pero me da igual, quizá no he dormido suficiente o quizá demasiado, o hay un cambio de presión atmosférica, o llevo demasiado tiempo traicionando mis valores o hay un cambio hormonal o... me da igual... ¡hoy quiero estar de bajón!

Aunque esa maldita voz sigue colando sus ideas en mi cabeza, si siempre hago lo mismo siempre obtendré el mismo resultado, está bien estar hoy de bajón pero si me contagia el día posterior y el posterior será depresión... lo que más me molesta es que se empeñe en recordarme quien soy y que este no soy yo. Y si no soy yo ¿cómo no voy a estar de bajón? ¿Y quiero ser yo? pero eso es un esfuerzo y no tengo ganas... estoy de bajón... ¿Esfuerzo o bajón? ¿Esfuerzo o bajón?

Me levanto... me lavo la cara... me miro al espejo, profundo a los ojos y decido ser yo...

Me quedo en la cama, me quejo, me convenzo de que no puedo, es culpa de la vida o culpo a mi yo de no ser yo...

Es sólo una elección. Sólo una elección y... yo estoy/estaba de bajón...

jueves, 8 de septiembre de 2011

Eventos y preguntas sin respuesta (racional)

El sonido del móvil sonaba insistentemente. Intuyendo la pregunta en sus caras, les dijo sin quitar las manos del volante y los ojos de la carretera: "No lo voy a coger, vuestra seguridad es más importante que cualquier llamada".

Menos de tres segundos después de haber terminado la frase, dos coches cruzaban a su lado a gran velocidad afrontando en suelo mojado esa doble curva en forma de "s" que ellos estaban terminando de trazar. El segundo de los coches, no se por qué intuyo que el del conductor más inconsciente de los dos, perdía el control de su mercedes invadiendo en una sonora derrapada el carril contrario en el mismo momento en que con un rápido volantazo era evitado por aquellos que yendo cómoda y tranquilamente por su carril eran todavía solicitados telefónicamente.

Apenas unos instantes después una serie de preguntas pasaban por la cabeza. "¿Qué habría ocurrido de estar en esa curva sólo un segundo más tarde? ¿Y si no hubiese llevado las dos manos en el volante o los dos ojos en la carretera?".

Sabía, su trabajo en emergencias y catástrofes se había encargado de recordárselo múltiples veces, que la vida es efímera, que hay que disfrutar cada instante, que esa pregunta a veces utilizada en ciertos cursos "¿Qué harías si supieras que este es el último día de tu vida?" podía hacerse real en cualquier momento.

Pero otra reflexión inundaba todavía con más intensidad a su mente. Hacía tan sólo unas horas una de sus almas gemelas en esta vida le había estado contando lo que a ella le había pasado. Como en mitad de sus vacaciones, haciendo un trekking, había tenido una caída que para todos sus compañeros de viaje en los segundos eternos que duró parecía con total seguridad el final de su vida. Para su todavía mayor alivio que incredulidad ella se levantó del fondo del precipicio con apenas unos rasguños y el gemelo roto. "Durante la caída -le había contado- sentí como una voz me decía `no luches, déjate ir, no temas, todo va a salir bien´y yo, mientras todo daba vueltas a mi alrededor en cámara lenta, solo le hacía caso a esa voz que había surgido de no se donde".

Esos dos episodios construían una serie de preguntas que se agolpaban en su mente sin siquiera darle tiempo a elaborar ninguna respuesta coherente:
¿Hay alguien o algo que cuida de nosotros hasta que es nuestro momento?
¿Es casualidad la muerte o nos vamos de aquí en el momento preciso?
¿Será la vida fruto de la simple casualidad, evolución e incertidumbre, o tenemos una misión que desarrollar y mientras no la hayamos realizado (o abandonado) tenemos que permanecer en este plano más allá de lo duras o fáciles que sean nuestras circunstancias?


Sin duda su intelecto no tenía la capacidad para responderlas de una manera creíble, pero algo dentro de él, muy lejos de ser razonado, le decía que si se había construido esas preguntas era porque ya en su interior existía la respuesta a ellas. Y una sonrisa de complicidad y agradecimiento hacia el Universo se dibujo en sus labios.



Dedicado con cariño y agradecimiento a ese ser tan especial con el que tengo la suerte de compartir camino en esta vida mientras que los extraños eventos y casualidades se empeñan en hacer más pequeña la distancia física que nos separa.

sábado, 27 de agosto de 2011

No tuvo tiempo de arrepentirse...

No tuvo tiempo de arrepentirse...
Cuando observó esa luz brillante frente a ella, esa luz de la que tanto había oído hablar en tertulias, libros y películas y en la que nunca había acabado de creer, sintió una mezcla de fascinación y vacío. Fascinación por la sensación de Amor con la que aquella luz le envolvía, una sensación que durante tanto tiempo había buscado desesperadamente para darse cuenta de que es ella la que, simplemente, te encuentra. Vacío al mirar sus manos y observar que se encontraban así, vacías. Ese era el bagaje que le había dejado años de quejas, de añoranzas, de justificaciones y resistencias. Años de centrarse en lo que el pasado no le había dado, años de temor a que el futuro reprodujese las mismas carencias que en el pasado le habían dañado. Años de vivir entre un pasado y un futuro que no se podían atrapar entre las manos, que lo único que hacían era agrandar su sensación de vacío, de sentirse llena de una gran nada.

No tuvo tiempo de arrepentirse de haber dejado que sus miedos no le abriesen ni un pequeño espacio al presente, ese único momento en el que se podía sentir aquello que ella tanto tiempo había añorado. Tanto tiempo que se acostumbró a la sensación de añorarlo, hizo suya la identidad de la que está llena de carencias, se identificó tanto con ella que despreció las múltiples señales que la vida le ponía delante, las diferentes manos que se extendían a su paso ofreciéndole algo diferente, tan diferente que escapaba a su control, y aquello que no controlaba era ineludiblemente teñido por el color del miedo.

No tuvo tiempo de arrepentirse de haber girado siempre la mirada hacía la oscuridad, haciéndose experta en buscar justificaciones para su eterna existencia a su lado. Una oscuridad que helaba sus huesos, pero mucho más cómoda que la peligrosa sensación de calor en su piel, que ya sabía podía llegar a quemar.

Ahora esa luz le concedía el don de la visión, de la consciencia plena sobre cada una de sus decisiones, de la certeza de su completa responsabilidad sobre su propia vida. Esa luz le recordaba implacable... que no tuvo tiempo de arrepentirse... de vivir toda la vida arrepentida...
Las investigaciones psicológicas demuestran que las personas se arrepienten mucho más de aquello que no intentaron que de aquello que intentaron y fracasó, aunque el miedo no para de susurrarnos al oído lo contrario. Nosotros decidimos a quien hacerle caso.

lunes, 8 de agosto de 2011

¡Pura vida!

Hoy voy a hablar de nuevo de un viaje, pero esta vez no de un viaje metafórico, ni inventado, sino de un viaje real, de esos que suceden tras una conjunción de acontecimientos y casualidades que impiden fluir hacia donde la vida te lleva.

Y me llevó, me trajo, a Puerto Viejo, un pueblecito de la costa caribeña de Costa Rica. Un lugar mágico donde la presencia del ser humano todavía no ha estropeado la belleza intrínseca de la belleza de la naturaleza que lo rodea. Un lugar donde la selva y el mar están separados por unos metros de arena, a veces blanca, a veces negra y las más de las veces una mezcla entre ellas, que parece disfrutar jugando a separar a los dos amantes. Aunque cuando el mar, en su deseo, se desata y se pone bravo alcanza con facilidad a acariciar troncos y raíces, completando un Amor la mayoría del tiempo contenido, coartado. La selva también tiene sus formas de expresarse y a través de los mil y un rios que la surcan, drenando las frecuentes lluvías tropicales, le regala al mar cada día sedimentos, hojas, ramas y, en días de especial pasión, enormes troncos desprendidos con los que el mar juega durante días antes de devolverlos a la playa, como si una vez satisfecho recordará que a mayor número de troncos en la playa menos espacio le separa de su amante.

Más allá de su exuberante naturaleza, destaca con intensidad el caráctere de sus gentes. Una exótica mezcla de ticos (así se llama coloquialmente a los costarricenses), jamaicanos (o mas bien sus descendientes) y personas de todo el planeta que llegaron aquí para unos días y echaron raíces, atrapados por esa belleza que no se sabe exactamente donde ubicar, pero que te atrapa, te conquista y, si te descuidas, te secuestra.

La expresión más utilizada en Puerto Viejo es "pura vida". Se utiliza como saludo: "¡pura vida!", para preguntar "¿Cómo estás?": "¿Pura vida?", para contestar "bien, gracias": "¡pura vida!", para decir "de nada" tras un agradecimiento: "¡pura vida!", para decir adiós deseándole a uno lo mejor: "¡Pura vida!" y supongo que para otras muchas cosas más que en diez días no me ha dado tiempo a descubrir.

Y no se dice por decir, aquí la gente realmente honra sus palabras cuando expresa "pura vida", como si cada instante fuese un sorbo de vida que ha de ser aprovechado, degustado, despacito, con ese "ahorita" que es un presente continuo de final intangible. Es sorprendente la calidad en la atención al cliente, en un restaurante, en una tienda, en un supermercado, desde el hotel de cinco estrellas hasta el conjunto de cabinas de habitaciones compartidas. Todo son sonrisas, todo es "con gusto", todo es pura vida. Y eso me recuerda lo fácil que es comprometerse con hacer con alegría, con el corazón, llenando de Amor, cada tarea que la vida nos encomienda. Hay una enorme diferencia en hacer tu trabajo con presencia, con Amor por lo que se realiza o por sus consecuencias, a la amargura del "tengo que" o de la pelea continua con lo que es, con lo que se ha elegido, la mayoría de la veces desde la elección inconsciente o consciente de no elegir.

Así, disfrutando de sus sonrisas, de su entrega en el servicio, de su Amor por la vida, cierro los ojos y dejo que se grabe, aun más profundo, esa lección. Porque hacer cada tarea con Amor es estar permanentemente enamorado, no de un objeto particular al que aferrarse sino hacía todo lo que te rodea, sintiendo la magía de ser parte de un todo que, más allá de selvas o edificios, playas o asfaltos, bosques o parques, puede ser sentido en cada instante, porque cada instante es vida, ¡Pura Vida!