
Existe, eso que buscamos existe. Tenemos un recuerdo de lo que podría ser, como un recuerdo inmaculado que guarda nuestra Alma de lo que podemos llegar a sentir en la unión con otra. Ese recuerdo provoca un anhelo profundo que nos lleva a buscar incesantemente, y veces sentimos cosas, parecidas, que nos confunden, en las que ponemos ilusión, incluso tememos no poder sentir nada mejor y nuestra mente da mil vueltas tratando de conseguir seguridad, tratando de acallar la voz de nuestra Alma diciendo desde lo más profundo... "existe y no te puedes conformar con menos".
Pero es difícil, la mayoría de las veces, antes de poder disfrutar de la común unión con otra persona, que es una pequeña representación de la Unidad del Universo, tenemos que andar nuestro propio camino de evolución. Antes de llegar al Paraíso hay que limpiar el karma, hay que llegar al equilibrio con nosotros mismos, resolver aquellas heridas que nos provocan vacíos y nos impiden compartir de manera completa con otro ser humano. En otras ocasiones, es precisamente el amor profundo la que nos ofrece la fuerza para afrontar nuestras heridas más profundas que, inevitablemente, son estimuladas y abiertas ante la apertura completa que requiere esa unión de almas.
Es importante diferenciar el anhelo del Alma por cumplir su propósito junto a otra Alma, del anhelo de la mente y el miedo generados por tempranos abandonos o relaciones simbióticas en la infancia. Es difícil diferenciarlo porque ambos tienen parecida pasión, fuerza y deseo. Quizá lo que más nos puede dar pistas es la serenidad o la ansiedad que sintamos. El miedo siempre produce ansiedad y ya hemos visto en otros post como la ansiedad es la clara señal de que nos estamos desviando del camino, de que algo tenemos que cambiar dentro de nosotros. Las sensaciones provocadas por la ansiedad y el miedo son muy diferentes a la consciencia del Alma. Obviamente, sobre todo si llegamos a la pareja con heridas sin resolver, la unión de Almas también duele, pero no duele por la conducta del otro que es de lo que nos solemos quejar sino por esas heridas no curadas.
La unión de Almas siempre tiene un objetivo de crecimiento, por eso, todo lo que limita, trata de controlar, etc. no es Amor sino miedo, la excitación de la búsqueda del Alma es una pasión que expande, la del miedo contrae.
La mayoría de nosotros tiene que pasar por diferentes relaciones, distintos encuentros, para aprender aquello que hay que aprender antes de encontrar el Amor verdadero. Cada una de las relaciones que no funcionan son un aprendizaje vital para nuestro camino hacía el Paraíso, cada persona con la que compartimos un trozo del camino es nuestra maestra, por más que nos provoque el daño de una ruptura. Honremos pues a nuestros maestros y maestras, mientras mantengamos el odio o el rencor hacía ellas las heridas permanecerán infectadas y mientras nos dediquemos a hurgar en nuestras heridas o a tratar de esconderlas, estaremos interrumpiendo nuestra llegada al Paraíso.
Decíamos una vez en este blog que "no conseguir lo que uno desea es a veces un auténtico golpe de suerte", la suerte de tener la oportunidad de vivenciar un aprendizaje que nos acerque a aquello que nuestra Alma busca y que, evidentemente, no estaba junto a aquella persona que se separa de nosotros.
Dejemos ir aquello que ya ha cumplido su función y sigamos avanzando en nuestro camino. Una gran amiga me decía hace mucho tiempo "si el amor no es correspondido entonces no es verdadero Amor". Y estoy de acuerdo, no puedo sentir ese amor del Alma con un Alma que no está en mi camino, por definición no es posible, así que no puede ser Amor, será miedo, capricho, necesidad... pero no Amor.
Así que cuidemos las heridas descubiertas, limpiémoslas con amor, dejemos que se curen y permitámonos estar más cerca de aquello que nuestro Alma espera. Puede aparecer en la adolescencia, en la intensidad de los veinte, en la estrenada madurez de los treinta, en la consolidada de los cuarenta o en la sabiduría de los cincuenta, sesenta, setenta u ochentas. Puede incluso que nuestra llegada al Paraíso no se produzca en esta vida sino en planos diferentes, no importa, nuestra Alma sabe y, si dejamos que dirija nuestros pasos, si estamos atentos a las señales, nos llevará por el camino de nuestra plenitud que acabará en la anhelada unión de Almas, a través de la especial unión con un Alma gemela o en el momento de Unión el Todo, pero el final del camino es siempre esperanzador, ya que no hay posibilidad de fallar.
Porque existe, eso que buscamos existe, y en un lugar muy profundo de nosotros, lo sabemos.



