jueves, 28 de febrero de 2013

Somos más felices cuando deseamos las cosas que cuando las tenemos

Es curiosa la vida, muchas personas se pasan la vida deseando tener lo que no tienen, envidiando a las personas ricas, siguiendo sus vidas en la televisión, añorando las oportunidades que ellas no tienen...

Pero luego, de repente, tienes dinero, mucho dinero. Y aquello que añoraste lo tienes, aquello que envidiabas puedes tenerlo en tus manos, ahora la que provocas envidia eres tú, pero... sigues sin sentirte bien. Lo tienes todo pero parece que los problemas se multiplican, ahora otros problemas pero que parecen incluso peores que antes, aunque supuestamente lo tienes todo.

Y es que somos más felices cuando deseamos las cosas que cuando las tenemos... obviamente siempre y cuando tengamos satisfechas nuestras necesidades básicas de alimento, vivienda y seguridad. Cuando lo que necesitamos para vivir está satisfecho y nos mostramos agradecidos por ello, esto es muy importante así que lo voy a repetir, y nos mostramos agradecidos por ello entonces deseamos.

Para nuestra mente más profunda no hay mucha diferencia entre lo que imaginamos y la realidad, así que cuando deseo algo, ya sean objetivos personales o profesionales o ese bolso tan bonito que he visto en un escaparate, pues empiezo a imaginar lo que sería tenerlo, como llegar a conseguirlo. Disfruto de la motivación de moverme hacía ello, disfruto de cada paso en el camino porque en cada paso tengo lo que deseo en mi mente y, cuando lo tengo en mi mente, lo tengo. Pero al no poder tocarlo sigo deseando. Incluso igual no lo puedo comprar nunca pero... ahí está, dentro de mi, en mis sueños.

Y de repente, como decíamos antes, nos encontramos con muchísimo dinero. Y el dinero nos quita la capacidad para desear, de soñar, si queremos algo vamos y lo compramos. Y... pafff, se perdió la magia, el tiempo de espera, del disfrute de imaginar cómo sería si estuviese en nuestras manos, ya lo tenemos, lo disfrutamos unos instantes y la pasión se pierde. Además en esta sociedad de profunda influencia judeo-cristiana, católica más bien porque Jesucristo predicaba algo bien diferente, nos enseñan que las cosas que no se consiguen con esfuerzo no tienen valor y eso está grabado a fuego en nuestro subconsciente así que, si consigues algo sin ningún esfuerzo, no te ha costado nada, rápidamente el objeto en cuestión pierde su atractivo.

Por ejemplo, si te atrae alguien y ese alguien te corresponde rápida e intensamente pierde su valor, en cambio, si ese alguien te mantiene en vilo sobre sus intenciones el objeto de deseo cada vez se va volviendo más valioso y en esos momentos nos preguntamos ¿Por qué no me gusta el chico ese que es tan perfecto, en vez, de este petardo que me hace sufrir tanto…?  Así que si encuentras un chico con un Ferrari que se enamore de ti locamente y te proponga matrimonio a la semana de conocerte, corre, corre muy lejos porque posiblemente acabes con un estado de anhedonia intenso, sintiendo que tienes todo lo que hay que tener en la vida para ser feliz pero no lo eres. Y encima te sientes culpable porque todo el mundo a tu alrededor  te pregunta que quieres más si lo tienes todo, ¿Todo? No, falta lo más importante “ilusiones”…


En cambio con el mismo chico y un Ford Fiesta, puedes sentirte muy feliz, paseando por Puerto Banus, agarrada de su mano charlando y fantaseando, lo maravilloso que sería tener un Ferrari como el que  está ahí aparcado… Paradojas de la vida...

Así que tenemos todo lo que podemos desear y no lo disfrutamos tanto como pensábamos antes de poder tenerlo. Y es entonces cuando nos damos cuenta de todas las cosas que no se pueden comprar con dinero, el amor, la amistad, el calor de una compañía sincera... y entonces empezamos a añorar eso que no tenemos. Y quizá la diferencia con aquello que si podemos comprar es que lo que no se puede comprar fuera forma parte de nuestra esencia interna, y cuanto más conectamos con lo que somos más plenos y mejor nos sentimos, mientras que cuanto más conectamos con adornos del exterior, mejor nos sentimos... un ratito.

Así que quizá la lección que tenemos que aprender es a ser felices con lo que somos, con lo que tenemos, para así descubrir que la felicidad está dentro de nosotros y, si en algún momento de nuestra vida nos hacemos ricos, poder ser felices también cuando lo tenemos todo, tanto como cuando no lo teníamos porque, al final, seguramente lo importante es lo que somos, lo que sentimos siendo más de lo que nos hace sentir el hacer o el tener. Pero ya sabéis, sólo quizá... 



Toñi Figueredo y Antonio de Dios

miércoles, 13 de febrero de 2013

Día de éxito... y de sueños

Ayer fue un día curioso, lleno de sincronicidades.

Ayer fue un día de esos que te ponen la piel de gallina, en el que los que vienen a aprender te enseñan, en el que las personas con las situaciones más duras son las que más energía, esperanza, proactividad y pasión le ponen a su recuperación y a su libertad.

Personas que no se quedan en "eso está muy bien en la teoría" sino que, aún sin mirarte a los ojos por muchas memorias de maltrato y abuso infantil sufridas, te piden que les lleves más allá de esas memorias y con paso más decidido que justificadamente temeroso se entregan a la práctica: sentir la emoción, permanecer en el dolor, dejar que pase, estar presente, mover los músculos que te pide el cuerpo, memorizar ahora que aquello fue en el pasado, soltar lo que no es mío, atreverse, enfrentarse a lo que sobra y dejar allí lo de allí para estar aquí, en esa pequeña consulta que ayer fue un espacio sagrado.

También hubo quien tuvo éxito en el "no puedo", en el "es muy difícil" y doy fe de que no pudieron, de que consiguieron ponérselo muy difícil en su quererlo "fácil". Un éxito que no es el que me gustaría pero que respeto, sabiendo que todo tiene sus pasos, que todo tiene sus tiempos. Con la confianza plena en que como yo me imagino que si pueden algún día ellas también lo creerán y su éxito será en un sentido diferente.

Y para finalizar un día que empezó con un revelador sueño, por si me quedaba alguna pizca de duda, o quizá para disipar la de los demás, un compañero me mandó esta historia que hoy comparto con vosotros esperando que os transmita la fuerza y confianza que me transmitió a mi.

Porque por algún extraño motivo nacemos con la capacidad de si poder realizar aquello que deseamos. Por alguna mágica disposición es muy difícil no tener éxito cuando te propones algo desde el corazón. Tan difícil que tendríamos que tener cuidado con aquello que deseamos, con aquello que visualizamos, porque lo que sueñas, lo que deseas, lo que eliges... lo tienes.

¿Y si fuese verdad que construimos nuestra realidad? ¿Y si tan sólo existiese esa posibilidad? ¿La despreciarías?





lunes, 14 de enero de 2013

Divertirse, volverse loco, disfrutar... con equilibrio.

Comparto con vosotros/as hoy un video que he visto por casualidad hoy en internet. Es una canción en directo de un grupo que se llama "30 seconds to mars" y el cantante Jared Leto da una auténtica lección de liderazgo. Pero antes de seguir comentando os dejo el enlace para ver el video:

http://www.youtube.com/watch?v=F5WL1MhgqBk&list=PLBC5C37AA248FD2A9


Como habréis podido comprobar la canción no es muy relajada, el cantante comparte con el público, estimula, pide a la gente que griten, se tira sobre el público, un auténtico momento de descontrol, locura, diversión... pero lo que quiero señalar aquí es lo que ocurre en el minuto 4:11.

En mitad de la parte más potente y desenfrenada de la canción para el concierto porque observa que hay gente que se ha caído. Para y dice (traducido al español):

"Todo el mundo, parar un momento, espera, levantar al otro (levantaos unos a otros), alguien está abajo, levantadle, girar y levantadles... De repente todo el mundo se ha vuelto loco aquí... girad y levantar a alguien, todo el mundo que levante a alguien, si hay gente debajo de vosotros levantadla... espera (le dice a alguno que supongo le pide que siga cantando) ¿Esta todo el mundo bien? Todo el mundo ahí atrás echaos hacía atrás un poco, ir hacía atrás, ir hacía atrás... ¿Está todo el mundo bien? Nadie pisando a alguien ¿no? No hay nadie caído ¿no? ¿Hay uno? Ok espera. Por favor calla un segundo (le dice a alguien del público) hasta que arreglemos esto..."- Vuelve a preguntar-  "¿Ok?" - y como parece que todo está bien le dice a la que ha mandado callar - "Ahora puedes gritar" - Vuelve a preguntar "¿Está todo el mundo bien?" y ya volviendo a encender al público empieza a preguntar a derecha e izquierda si esta todo el mundo bien para continuar con la canción.

Lo que me ha sorprendido es como se puede combinar esa pasión por hacer a la gente vibrar, soltarse, expresarse, gritar, bailar, descontrolar y a la vez mantener la serenidad para parar y, con gran educación y aplomo, manejar la situación que se podía estar tornando peligrosa para parte del público.

¿Podríamos en nuestras vidas combinar ese equilibrio para descontrolar en los momentos adecuados y controlar en los que se precisa el control? Ya hablábamos hace tiempo sobre este tema en los post "Controlar lo incontrolable" y "Controlar lo controlable". ¿Podríamos permitirnos la pasión y la locura y a la vez mantener la serenidad y el enfoque cuando la situación lo precise?

Sin duda la salud y la felicidad tienen mucho que ver con utilizar cada emoción a tiempo, sin reprimir ninguna y sin ser dominados por ninguna, saber elegir cual utilizar en el momento preciso y disfrutar de todas ellas.


sábado, 5 de enero de 2013

2013, un año para crear nuestra realidad

¿Podría ser verdad que somos creadores de nuestra realidad?

Desde la formulación del principio de incertidumbre de Heisenberg pasando por la interpretación de Copenhague, de Bohr, Heisenberg, Pauli y otros, se afirma que la realidad no existe sin la influencia del observador que la observa. Es muy aventurado mezclar las teorías de la física cuántica (que tratan de explicar las leyes de las partículas subatómicas) con los principios de la física mecánica que gobiernan los objetos más grandes, pero los avances de la física quizá nos están dirigiendo hacia cambios de paradigma que suponen una autentica revolución a la hora de entender nuestro mundo y nuestras vidas. Tan grande posiblemente como la que los humanos tuvieron que hacer al pasar de ser el centro del Universo (observando lógicamente como el sol se movía a lo largo del día) a que éramos nosotros los que nos movíamos alrededor del sol, o que la Tierra no era plana (como parece evidente echando un vistazo o caminando durante unas horas) sino redonda (y por tanto en algunos lugares los seres humanos debían estar boca abajo). Lo que parece evidente es que nuestros sentidos no nos describen la realidad sino una pequeña parte de ella y negar aquello que no podemos "ver" o que todavía desconocemos no es una conducta muy científica.

En los últimos tiempos ha habido muchas teorías basadas en esto, las teorías de la ley de la atracción, los mensajes del libro "El Secreto", etc. Seguramente no todo será según lo interpretamos pero lo que parece lógico es que lo que hemos creído hasta ahora no es tan cierto como parece y que podría ser interesante empezar a abrirnos y a comprobar si todos estos movimientos se pueden aplicar a nosotros o no.

Ya conocemos el concepto de la "profecía autocumplida" que explica como lo que creemos que va a ocurrir acaba ocurriendo en realidad. Por ejemplo, si pienso que algo me va a salir mal estoy tan tenso cuando lo realizo que las posibilidades de hacerlo mal se disparan o dejo de intentarlo al primer fracaso cuando si pensase que seguro que lo consigo lo haría con una confianza, una intensidad y una constancia que seguramente me llevarían hacía el éxito.

Es por eso que nuestra propuesta para este 2013 que empieza es el compromiso con crear nuestra realidad. Y eso pasa por, primero definirla y describir con el mayor detalle posible que es lo que realmente queremos, segundo empezar a actuar como si aquello que deseamos fuese a producirse con total seguridad, jugando a "como si" ya estuviese en vías de realización y haciendo todo lo necesario para llegar hasta ello. Desde los objetivos más pequeños y alcanzables hasta, sobre todo, los más disparatados. Quizá la única norma imprescindible podría ser que fuesen realmente nuestros deseos y que nuestro cuerpo y mente se enfocasen sin contradicciones hacía ellos.

Creo sinceramente en que podemos realizar exactamente lo que deseamos y que la mayoría de las veces que fracasamos en nuestros intentos es porque no estamos dispuestos a hacer lo necesario para conseguir lo que nos hemos planteado, es decir, el esfuerzo dedicado a conseguir el objetivo no es proporcional a lo ambicioso del mismo, o porque no lo hemos definido de una manera apropiada y por tanto nuestro cerebro no puede construir los caminos que llevan hacía el éxito.

Dice uno de los principios de la Terapia de Interacción Recíproca que no podemos realizar aquello que no hayamos imaginado antes así que... ¡invirtamos tiempo en imaginar con exactitud lo que deseamos! ¡Pongámoselo fácil a nuestro cerebro! La mayoría de nosotros somos expertos en todo lo contrario, en estar todo el día con miedo a aquello negativo que pudiese pasar, todo el día quejándonos, todo el día a cuestas con la famosa crisis que nos rodea. Cuando nuestras visiones crean o describen entornos catastróficos es normal que nuestro cerebro se centre en que tengamos precisamente eso. Si os digo que hay un montón de coches cuya matrícula termina en "8" seguro que empezaréis a ver muchos más que los que visteis la semana pasada.

Así que con un fuerte abrazo agradecido por vuestra compañía en este camino vital, el deseo que lanzamos con fuerza al Universo los profesionales de Avatar Psicólogos para vosotros es que la realidad que os rodea vaya tomando la forma de lo que habéis ido construyendo, primero en vuestra cabeza y luego con vuestras acciones. Que el año 2013 sea el de recogida de aquello que hayáis estado sembrando y, si no hemos sembrado el producto que deseamos, que sea el año en el que se remueva la tierra y empecemos a plantar las semillas que, tras respetar la ley de la cosecha, produzca el fruto que deseamos en nuestras vidas.

¡Feliz 2013!

sábado, 22 de diciembre de 2012

Cosas que hacer...

Uffff, con un montón de cosas que hacer todavía en estas Navidades y para el próximo año...


¿Alguien que me eche una mano con la tarea?

domingo, 9 de diciembre de 2012

Los polos opuestos se atraen

¿Los polos opuestos se atraen? Este es uno de los mitos clásicos en las relaciones de pareja y considerándolo un mito ya os podéis imaginar que no estoy muy de acuerdo con ello.

En primer lugar porque no creo que existan los polos opuestos. Hace poco ya publicamos que todos tenemos todas las características de personalidad que existen, que todos tenemos todo. Así que si todos somos todo... ¿Cómo vamos a tener un polo opuesto?

Cuando se dice que los polos opuestos se atraen significa que solemos sentirnos atraídos por aquello que (pensamos) nosotros no tenemos o que tenemos que desarrollar. Después de muchos años haciendo terapia de pareja te das cuenta de que las personas no se juntan por casualidad y que cuando vienen a terapia es porque se están resistiendo a aquello que tienen que evolucionar en sí mismas pero que les saca de su zona de confort y eso es siempre difícil.

Si por ejemplo una persona es muy estricta y estructurada ¿Qué tiene que desarrollar de si misma? Pues esa flexibilidad y desorden es lo que seguramente le atraerá de otra persona. Al fin y al cabo, su exceso de estructuración le hace sentir esclava y se siente atraída por aquello que le haría más libre que es desarrollar lo que supuestamente "le falta". Esa atracción por lo que no tengo se vuelve incomodidad cuando el desorden de la otra persona me saca de mi zona de confort y me obliga a vivir de una forma diferente a la que me da seguridad. Y entonces ¿Qué hacemos? Pues hay dos opciones:

- La primera y más usual es rechazar el rasgo que muestra la otra persona con mil y una justificaciones (todas ellas verdaderas) que explican porqué ser estructurada es mejor y más razonable que ser desordenada.

- La segunda es sentir el malestar que nos produce que se nos saque de nuestra zona de seguridad y confort, conectar con nuestro Ser para ir ampliando nuestro espectro de posibilidades y avanzar en nuestra libertad para seguir con nuestra evolución vital.

Y como suele ocurrir, pese a los beneficios obvios de la segunda opción, la mayoría de nosotros solemos elegir la primera porque, parafraseando a Silvia Salinas, es más fácil pelearse con el otro que con nosotros mismos. Pero por más que rechacemos a la otra persona, antes o después acabaremos siendo atraídos por otra igual. No podemos olvidar que nuestra esencia nos impulsa hacía nuestra evolución y nuestra libertad de las cadenas que creamos por los miedos del pasado.

Cuando el Amor que sostiene una relación es sólido nos dará la energía suficiente para enfrentarnos a nuestros miedos y nos permitirá mantenernos en esa zona de disconfort que nos permita evolucionar. Al final, la pareja es una de las maneras más eficaces para poder expandir nuestras limitaciones y permitirnos ser nosotros mismos. Como decía Carl Jung "todo lo que nos irrita de otros puede llevarnos a un mejor entendimiento de nosotros mismos".

El enamoramiento, según los griegos antiguos, es una exageración de las similitudes. Solemos enamorarnos en un principio de alguien con quien compartimos los rasgos que más nos gustan de nosotros mismos. Pero tengo la firme creencia que si solo compartimos cosas en las que nos parecemos antes o después acabaremos aburridos (de nosotros mismos en el otro) y tras esa primera fase de locura la pasión se desvanecerá, al fin y al cabo esa relación no tiene ninguna utilidad para nuestra evolución. Cuando nos enamoramos aparentemente por nuestras similitudes pero debajo hay una atracción todavía mayor por nuestras diferencias entonces, tras la fase de enamoramiento, nos encontraremos con el reto de afrontar lo que tenemos que desarrollar y esa relación seguirá estimulándonos. El problema es que a veces no tendremos la valentía para enfrentarnos a nosotros mismos y la proyección de nuestras carencias se convertirá en acusaciones y resentimiento hacía la otra persona.

Si la fantasía que te has construido de la otra persona no cuadra con la realidad, o incluso si es muy diferente como estamos viendo aquí, tendremos dos opciones, tratar de empezar a conocer y amar la realidad de la persona que tenemos delante o culpar (a ella o a nosotros mismos) de no ser lo que nosotros nos habíamos imaginado. Todo esto forma parte del enamoramiento, Amar supone aceptar los dos polos opuestos en nosotros mismos y en la otra persona.

Por otra parte, si todos tenemos todas las características de personalidad ¿Por qué nos enamoramos de una persona y no de otra si al fin y al cabo todas somos "iguales"? Cada persona tiene un diferente sistema de valores y concede importancia a unas cosas más que a otras coincidiendo con ese sistema. Una relación puede funcionar cuando, además de ayudarnos a evolucionar, los miembros que la forman comparten los valores más importantes para cada uno. Si en aquellas cosas más importantes para nosotros coincidimos entonces podremos estar en desacuerdo con aquellas otras que no sean tan prioritarias. Así que al final, parece que más que los polos opuestos los que se atraen son los polos parecidos siempre y cuando estemos completos. El gráfico del ying y el yang es un hermoso símbolo de este concepto, solo estaremos completos cuando integremos nuestras zonas de luz (las que amamos) con las de sombras (las que rechazamos) y a partir de ahí podemos compartir nuestra luz con otra persona amándola completa.

Las personas que elegimos para que nos acompañen en el camino de la Vida suelen ser aquellas con las que compartimos los valores más importantes para nosotros, lo que quizá nos queda para construir un mundo más tolerante y pacífico es aprender a, una vez aceptadas en nosotros mismos, respetar las diferentes prioridades de los demás.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Mierdamatrix

Hace tiempo, en un curso de atención al cliente para los agentes únicos de la EMT creé esta historia que nunca me he atrevido a publicar por sus aspectos escatológicos. Pero por una sugerencia me atrevo a hacerlo ahora unos diez años después de contarla por primera vez.

Vivimos en un mundo muy competitivo en el que lo que haces bien apenas es valorado, "es tu trabajo", "es lo menos que puedes hacer, ser profesional" te suelen decir cuando haces las cosas bien. Sin embargo, cuando cometemos un error, por pequeño que sea éste, normalmente se nos señala que lo hemos hecho mal en un instante y la noticia vuela por la empresa como la pólvora. Y esto no solo ocurre en el mundo laboral, en el personal es muy parecido ¿Cuántas cosas hace nuestra pareja por nosotros que damos por sentado y no agradecemos? Y... ¿Quién se calla cuando hace algo que nos molesta?

Así que si cada vez que hacemos algo bien se nos valora con un +0,2 y cada vez que hacemos algo mal se nos puntúa con -7,0 ¿Cómo está la mayoría de la gente? Pues en negativo, sintiéndose muy insegura y por tanto con un estado de estrés que facilita la agresividad y el estar a la defensiva.
Este estado de negatividad yo lo simbolizo con que la gente lleva un trozo de mierda en las manos, algunas personas llevan un trozo pequeño y otras uno muy grande.

Y cuando tienes un trozo de mierda en las manos ¿qué deseas por encima de todo? Pues soltarla ¿Y cuál es la manera más fácil de soltarla? Sin duda, tirársela a otro.

Ante este hecho que no podemos evitar he observado que hay tres tipos diferentes de personas:

El porcentaje más numeroso, de largo, son los que yo llamo los "intercambiadores de mierda". Este tipo de personas, cuando alguien les echa su mierda la cogen y, como no es suya, pues se la tiran de vuelta al que se la tiró antes y, de paso, como no se nota, le ponen un trozo de la suya propia a esa que devuelven. El problema es que cuando alguien te echa su mierda y tú la coges esa persona olvida instantáneamente que es suya así que, cuando tú se la tiras de vuelta, la persona percibe que eres tú el que le echa mierda y vuelve a devolvértela, haciendo circular y eterno el proceso. En un intercambio de mierda finalmente el que es más fuerte hace que el trozo grande se lo quede el otro, pero en el proceso los dos quedan pringados hasta las orejas. Una variante del intercambio de mierda es aquel que alguien le tira su mierda, la coge y, como no puede devolvérsela a quien se la tiró, se la tira a una tercera persona.

El segundo grupo, un porcentaje de personas muchísimo menor que el anterior, son las que yo llamo las "mierdamatrix". Son esas personas que cuando alguien les tira su mierda... la esquivan.
Cuando haces el mierdamatrix y la mierda, que no puede estar perdida en el espacio, vuelve a quien te la tiró lo normal es que eso le enfade todavía más. No podemos olvidar que están muy acostumbrados a que los demás sean intercambiadores y la cojan, así que posiblemente ocurrirá que te la vuelva a tirar todavía más fuerte. Si la vuelves a esquivar más les molesta así que más fuerte te la tiran pero antes o después todos recuerdan el dicho que dice "si hay que ir se va, pero ir pa' na' es tontería" así que dejan de tirártela para, supongo, tirársela a otros.

El tercer grupo, el menos numeroso de todos, es el de las personas que denomino "buscadores de mierda". Es el integrado por esas personas que alguien tira una mierda a lo alto y parece que van a buscarla. Son esos típicos que te dicen "¿y tú qué miras? ¿me estás mirando?" buscando bronca a la menor excusa que tienen. ¿Por qué alguien es un buscador de mierda? Pues porque tiene tanta mierda encima que necesita cualquier pequeña excusa para tirartela toda.

Pues bien, tú puedes elegir a que grupo pertenecer porque quizá no tengas poder para evitar que la gente desde su inseguridad te lance su mierda, pero para lo que si tienes un poder absoluto es para responder a ese estímulo como tú decidas, intercambiando, esquivando o buscando. Sólo de ti depende, elige bien.

Eso si, si eliges el mierdamatrix como esperamos, no puedes olvidar que primero tienes que limpiar toda esa inseguridad que llevas contigo porque si tú tienes un gran trozo encima será difícil que puedas esquivar nada. Puede parecer difícil pero, sin duda, merece la pena.