viernes, 15 de mayo de 2009

La Gula




Hoy quiero continuar con la Gula, considerado, como la lujuria, un vicio del deseo.... un deseo incontenido de llenarse, de comer y beber hasta llegar a la saciedad... hasta reventar... y mientras tanto, no pensar.
El simbolismo queda claro ya en la primera línea.
Es una necesidad de llenarse... y lo que necesita llenarse es porque está vacío... Y si la comida simboliza el afecto (para el bebé ambos son igual de importantes, ya que de hecho el afecto de la madre es quien garantiza su comida), podemos entender que se trata de llenar vacíos existenciales... vacíos afectivos.

Vacíos qué, debemos comprender, nunca se llenarán con comida, ni con bebida, puesto que poco tienen que ver con ellos.

La gula se convirtió en pecado capital porque implicaba el desperdicio de la comida, estaba relacionado con la envidia y la necesidad de comer aquellos lujos a los que uno no tenía fácil acceso; porque se trataba de comer en exceso, es decir, "mas de lo que el cuerpo necesita"... o porque implicaba estar más pendiente de la comida que de los compañeros comensales.
Por todo eso, y quizás porque eso implicaba "salirse del camino", la gula pasó a ser uno de los pecados.

Y yo me pregunto, ¿quien no supo leer la carencia? Si hay necesidad, es que hay carencia o desequilibrio...

Así es como lo enfocamos nosotros, que consideramos que vivimos en una sociedad donde la gula (traducida ahora en bulimia) es una gula de afectos... una gula de amor... de cariño, de sentimientos. Una gula que tiene que ver con la soledad, en realidad, con la peor de las soledades posibles: Esa de estar rodeados de gente y sentirnos solo. Vivimos en una sociedad en la que es más fácil que nunca comunicarse con los amigos que están lejos, en otros países... y en cambio, es más difícil que nunca comunicarse con quien duerme en la habitación de al lado... o quizás, en mi misma cama.

La Gula es uno de los pecados que, psicológicamente, por todas sus derivaciones, más me pre-ocupa (de ocupar primero...) puesto que en sí mismo ya se considera pecado, y porque sin duda, es uno de los pecados que más sentimiento de culpa pueden llegar a provocar en quien lo padece, además de suponer un autocastigo para él/ella, puesto que sabe del daño que se está inflingiendo y sabe que la salida no está ahí.

Por tanto, cambiar nuestra relación con la comida pasa por cambiar nuestra relación con los demás. Y cambiar nuestra relación con los demás pasa por reconciliarnos con nosotros mismos. Con nuestra imagen. Con nuestro propio reflejo en el espejo. Pasa por recuperar la esperanza. Por asumir qué, en nuestras relaciones, el que no nos elijan no significa que nos rechacen (de hecho los episodios de bulimia se multiplican después de un desengaño amoroso); por recuperar la armonía, esto es, el temple, la fuerza justa que permita sellar los agujeros del alma por los que se nos va el afecto, que curiosamente, no somos siempre conscientes de recibir.

Y sobretodo, por dejar de buscar fuera lo que está en nosotros.

martes, 12 de mayo de 2009

La pereza



Decía Jenofonte que nunca el alma entregada a la pereza produce nada bueno, se entiende, sencillamente, porque entregada a la pereza, el alma directamente no produce.
Quizás por eso, por el no producir, el no contribuir, el no aportar… la pereza fue elegida como uno de los siete pecados capitales, porque en realidad, en si mismo, el no producir debería ser, en ocasiones, un derecho humano.

Todos necesitamos momentos de apatía, de no hacer nada. Momentos de silencios en el cuerpo y en el alma donde reubicar lo vivido recientemente. Momentos de autodiálogo (que no es lo mismo que monólogo), donde encajar lo que entre tantas prisas, no tuvimos tiempo de decirnos.

Son tiempos oportunos, necesarios, que en el momento actual muchas ocasiones debemos buscar esos reductos de “tiempo libre” que nos permitan dedicarnos sin cargo de conciencia (he aquí herencia católica de la que hablábamos en la introducción) a ese “no hacer nada” que no es si no estar con uno mismo... de forma consciente.

El problema aparece cuando esos tiempos se cronifican. Cuando la pereza se instala no como un recurso de recuperación, si no como un mecanismo de defensa que consiste en la parálisis ante el mundo, una forma de materializar ese cómico “paren el mundo que me bajo” que decía Groucho Marx.

En términos psicológicos la pereza estaría entre la anhedonia (incapacidad para experimentar placer) y la apatía, esa falta de energía que nos impide ejecutar ese requisito mínimo en la vida: el movimiento.
En ese sentido, la pereza “crónica” si nos debería hacer reaccionar (por muy paradójica que sea esta última frase… ya que el perezoso, lo último que hace es reaccionar) y provocar ese autodiálogo del que hablábamos más arriba compuesto por frases del tipo “¿de qué estoy tan cansado/a? “ “¿estoy viviendo por encima de mis posibilidades?”… “¿en qué se me ha ido la energía?” … o quizás, “¿en quién?”…. al
mismo tiempo que, como deberíamos hacer con todos aquellos que necesitan nuestra ayuda, le ofrecemos un apoyo extraordinario a nuestro propio cuerpo, refiriéndome con extraordinario a alguna atención especial, como cierto mimo, regalo, caricia, y buen trato.

En algunos casos la pereza podría ser incluso una defensa, cuando sentimos que no tenemos la capacidad o que no podemos llegar a conseguir algo no resulta extraño que nos de mucha pereza el esfuerzo que conlleva. Y es tan difícil desperezarse y afrontar esas cosas que tanto nos asustan...

Simbólicamente la pereza es parar.
Todos necesitamos detenernos.
Pero no se entiende aquí detención como bloqueo, si no como estrategia que me permita valorar que parte del camino he recorrido, y enfrentarme al resto del camino con la energía justa.

Así que utilicemos la pereza, el día que nos agarre, como descanso… pero también como un tiempo de inflexión y liminal, desde el cual reconocer que las cosas no son como fueron pero tampoco como serán.

sábado, 9 de mayo de 2009

Los siete pecados capitales: introducción

Si, esta serie se titula Los Siete Pecados Capitales.



Ni nos hemos vuelto locos, ni hemos pecado hasta el punto de tener que redimirnos, ni le hemos dado un giro al blog, ni nos hemos vuelto castos, ni nada parecido...
Tan solo seguimos en nuestra tónica, esa de construir un poquito cada día... De hacer algo con las palabras (hilos del pensamiento.. o era al revés?) reflexionando, construyendo, y por supuesto, opinando...

Somos católicos.
En mayor o menor medida. Practicantes o no. Confirmados o no.
Creyentes o no.

Con "somos católicos" me refiero a que hemos nacido y crecido (por lo tanto, nos hemos enculturizado aquí...) en una sociedad católica, por lo que desde niños hemos crecido con la impronta de la terminología católica.
Conceptos como culpa, perdón, juicio... y por supuesto pecado... forman parte de nuestro imaginario particular. Repito: seamos o no practicantes.

Como antropóloga especialista en símbolos y religiones he estudiado en profundidad varias de las principales religiones del mundo. Todas, cada una de ellas, refieren a lo mismo y de lo mismo: Como explicar aquello no abarcable desde los cinco sentidos básicos humanos... un "aquello" que parece concretarse en el asunto de la muerte. Pero aunque se abre aquí un tema muy interesante en realidad lo que pretendo es hablar de los pecados.

La palabra pecado, es la traducción del "pecattum" latino. Pero la Biblia fue escrita en Hebreo... y en hebreo pecattum refiere a "hâtta" o "chattaah" que literalmente se traduce por "errar el tiro / fallar el blanco" cuya traducción más conceptual sería "salirse del camino". Como vemos, es un sentido muy diferente. A nosotros nos ha llegado un "errar" cargado de culpa (juicio final = valoración de los
pecados) que poco tiene que ver con esos pequeños errores, o fallos que no siempre están cargados de la intencionalidad que el pecado bíblico nos atribuye.

En cualquier caso, sirva lo anterior como una pequeña introducción de una serie que hoy comenzamos.
Desde Avatar Psicólogos consideramos que cualquier acontecimiento que sucede en nuestra vida (sea un éxito o un fracaso, un reto o un obstáculo...) aparece para crecer, para mejorar, en definitiva: para aprender.

¿Qué podemos aprender de la ira, de la lujuria, la pereza, la gula, la envidia, la soberbia y la avaricia?
Responder a esa pregunta es nuestro propósito para los próximos días, esperamos contar con vuestra ayuda.

Julieta

viernes, 1 de mayo de 2009

Recipientes perfectos

Aprovecho una cita de autor desconocido que nos trae Loose para, tras hacer unos cambios y adaptarla a nuestra opinión, desarrollar este post.



Los hechos son siempre vacíos, se transforman en sentimientos con la forma del recipiente en el que se depositan.

Las cosas que ocurren no son lo importante, lo importante es lo que hacemos con ellas. La misma situación crítica será para algunos una oportunidad para mejorar, cambiar, adaptarse, evolucionar y para otros una oportunidad para quejarse, culpar a los demás o al destino y seguir esperando a que sean los demás, o el destino, los que hagan algo que mejore sus vidas.

Somos cada uno de nosotros los que les damos un significado a los acontecimientos que nos rodean, somos ese recipiente en el que se introducen los hechos y toman una forma u otra. Podemos encontrar muchos tipos de recipientes, dependiendo del material del que están hechos y la forma en la que fueron moldeados cuando todavía eran flexibles y moldeables. Así podemos observar diferentes tipos de recipientes: algunos, que fueron golpeados con dureza están llenos de picos, aristas y zonas que pinchan provocando dolor, aunque lo que duele de verdad es la presión del líquido depositado dentro de esas aristas; otros a los que no se le pusieron limites y entonces todo líquido que entra se desborda sin control; otros, por el contrario, fueron tremendamente limitados y el líquido encuentra espacios tan angostos y estrechos que casi no puede expresarse; otros muchos fueron moldeados según las necesidades del artesano, sin tener en cuenta las características especiales del material con el que trabajaban y por tanto desde entonces se pelean con funciones para las que no fueron creados. Aunque seguro que la gran mayoría fueron creados desde el amor del artesano los diferentes avatares a los que estuvieron expuestos hacen que no haya dos recipientes iguales.

Pero más allá de como fuimos moldeados, lo importante es que si ponemos un poco del calor del amor a nuestro lado podremos generar la temperatura necesaria para permitir que el artista que somos ahora pueda retocar aquellas cosas que considere para construir el recipiente deseado. Y no hay nada más bonito, una vez que hemos moldeado el recipiente a nuestro gusto, que luchar por los valores que consideramos justos frente a las agresiones, egoísmos e injusticias de nuestro alrededor.
Pero no desde la rabia o el daño ya, sino desde el profundo amor que brinda el conocer por qué lo estamos haciendo y con la fuerza extraordinaria que nos da el tener una misión y un sentido profundos para esa lucha. Porque quizá desde nuestro equilibrio y nuestro amor podamos ofrecer la oportunidad para que aquellos recipientes dominados por sus aristas encuentren el calor que ablande sus formas y puedan iniciar, si lo desean, el camino de su transformación hacia lo que realmente son, recipientes perfectos en su singularidad.

Ofrezcamos el calor necesario para que nuestro artista interior encuentre la inspiración para crear la más bella obra de arte, nosotros mismos, un trabajo especial que jamás termina.

lunes, 27 de abril de 2009

El vacío de... vivir

El sol acariciaba su mejilla y la ligera brisa le protegía de cualquier sensación de excesivo calor. Todo a su alrededor estaba en orden y fue justo en el preciso instante en el que fue consciente de eso cuando entró en pánico. Si todo estaba bien... ¿qué iba a hacer él? ¿Cómo enfrentarse a eso? No recordaba la última vez en su vida en la que se había sentido en paz, quizá porque había sido hace tanto tiempo que su memoria todavía no estaba lo suficientemente desarrollada para poder grabar nada. Desde entonces toda su energía había sido invertida en resolver problemas, asumir daños, evitar peligros, superar el escozor de las heridas, desarrollar recursos para afrontar los insuperables obstáculos... en definitiva... sobrevivir.

Y sin duda sabía muy bien como sobrevivir, lo que nunca había aprendido era a vivir. Así que de repente se encontró ante esa situación para la que no tenía recursos, ante ese problema al que nunca se había enfrentado, ante una exigencia para la que no tenía recursos, ¡estaba bien! La sensación de miedo que le invadía era indescriptible, tan grande que de nuevo se sintió cómodo, tenía de nuevo un problema y podía poner de nuevo todos sus recursos en marcha, ir a urgencias, pelearse con los médicos que no le daban una explicación a lo que le pasaba, preocuparse por su estado físico, tener en su cuerpo un nuevo enemigo contra el que luchar, dejar ese absurdo paseo por la playa para volver a correr en busca de algo, huyendo de algo... del vacío que le producía esa sensación desconocida de no tener nada con lo que luchar.

Y así, desarrolló, una vez más, un nuevo recurso. La capacidad para construir enemigos cuando ya todos habían sido vencidos, y encontró en sí mismo por fin a un enemigo de la entidad suficiente para enfrentarse a él, por fin un contrincante que no iba a ser fácil de derrotar, un enemigo lo suficientemente fuerte como para construir una lucha eterna que alejase de él ese peligro que muy dentro de él le producía mucho más terror que ningún otro al que se pudiese enfrentar.... el terrorífico vacío de sentir que no había nada ni nadie contra lo que luchar...

lunes, 13 de abril de 2009

La reina de la luz



Tenía tanta luz que cegaba.

No se si es porque nació en un día de esos de mitad de verano en los que su ciudad es puro fuego, porque era una sabia reencarnándose para finalizar un conflicto o porque simplemente había sido elegida para iluminar un ensombrecido mundo, pero tenía tanta luz que hipnotizaba.

Y como suele pasar con las personas de cuento de hadas esa luz que ella traía ensombrecía a aquellos a los que la oscuridad les atrapaba el corazón, esos que delante del espejo se preguntaban quien era el más bello e importante. Así que cuando su luz provocó reflejos en la temida oscuridad de los ojos del hechicero esté le lanzo un conjuro que palabra a palabra, herida a herida, abandono a abandono fue oscureciendo su esencia bajo una enmarañada tela de araña que la encadenaba y dejaba su rostro pálido tan lejano de la fuente de su luz. Ella caminaba por la vida con la imagen que el hechicero le reflejaba, por eso solía ir con la cabeza baja y el paso ligero, tratando de pasar desapercibida, buscando humildemente una aprobación que le hiciese sentir el calor de la luz que sentía faltaba en su vida.

Pero crecía y con cada estirón la tela que la ocultaba se daba de sí dejando salir algún rayo de luz y el enfadado hechicero más se afanaba por seguir encadenando aquella luz que le cegaba, que le hacía consciente de su propia sombra. Así que por más que se esforzaba ella por satisfacer al hechicero sólo recibía rechazos e incomprensibles rechazos. Fue tan largo el tiempo y tan dura la tela que le rodeaba que empezó a pensar que ella no era merecedora de luz, que ella era un ser de oscuridad que solo podría mirar de lejos la luz de los demás.

Llegó un día en que nuestra protagonista, de nombre de historia de amor, tuvo la suficiente fuerza para salir de aquel reino gobernado por la oscuridad en el que cualquier persona que destacaba era abortada y castigada. Conoció otros reinos, empezó a sentirse por fin liberada aunque no era consciente de que por muy libre que fuera su caminar su corazón todavía estaba firmemente atrapado. Sin embargo, había algo en ella que le empujaba a buscar los símbolos, a resolver un enigma, no sabía que buscaba ni por qué pero una parte de ella se sentía irremediablemente atraída por los caminos hacía la luz. El problema es que cuando se veía en los espejos la única imagen suya que reconocía era aquella proyectada por el viejo hechicero y aunque se encontró en el camino con personas de luz ella era difícil para ella reconocerlas, o no se sentía digna de caminar a su lado, así que las dejaba partir.

Por otra parte, su interés por la búsqueda iba aumentando su sabiduría y con ella crecía y cuanto más crecía más huecos dejaba la vieja tela de araña que su hechicero ya no podía reparar desde la lejanía, aunque de vez en cuando todavía sus intentos hacía. El problema es que esa luz atrapada atraía a otros hechiceros que, por una parte querían poseer la luz que les faltaba pero que en cuanto descubrían todo su poder quedaban irremediablemente cegados y o huían o trataban de tejer nuevas telas de araña a su alrededor para dominar una luz que les desbordaba. Este juego no era nuevo para ella, era tan familiar que se dejaba hacer, sintiendo la luz que emanaba de su interior como algo lejano y que no pertenecía a ella. Es más, había veces que pensaba que la luz que sentía cuando se liberaba era de aquellos hechiceros y cuando estos salían corriendo cegados era ella misma la que ocultaba su luz pensando que era ella la que producía oscuridad.

Pero su alma había crecido tanto que la resistencia de la tela de araña se resquebrajaba, había llegado a este mundo con la misión de liberar su luz y compartirla para estimular la luz escondida en el alma de los demás. En realidad ya lo hacía porque, aunque ella no lo supiera, cada uno de los hechiceros que se cruzaban en su vida y se iban cegados de alguna manera contenían la suficiente luz como para sanar sus heridas y poder ver el mundo de manera diferente una vez que sus ojos fuesen curados por aquello que en un principio les quemaba. Su misión dolía, porque era difícil encontrar un espejo con la calidad suficiente para poder reflejar tanta luz, era difícil encontrar personas que pudiesen sentir su luz sin quemarse y era todavía más difícil encontrar a la persona con la que ella estaba destinada a compartir el camino e iluminar el mundo.

Pero día a día, poco a poco, sin necesidad de príncipes rescatadores, dejando atrás a los hechiceros temerosos de la luz, ella iba rompiendo los límites que durante tanto tiempo la habían tenido secuestrada y iluminando cada vez más el camino bajo sus pasos. Todavía no sabía que la realización de su misión era inevitable, que era una enviada de los dioses que le habían concedido un don y que cuando sintiese frío o soledad sólo tenía que dejarse sentir desde dentro para encontrar el abrazo cálido de su inmensa luz.

martes, 31 de marzo de 2009

La vida no es algo que nos sucede

Se cruzan en mi camino unas palabras de Victor E. Frankl, psíquiatra austriaco que en los tres años que paso en campos de concentración nazis perdió a su mujer, a sus padres y a un hermano y estuvo a punto de perecer de fiebre tifoidea él mismo. De alguna manera sus palabras expresan mejor que nadie, seguramente porque él es la fuente de la que han bebido aquellos que me han enseñado a mi, las ideas que sustentan este blog y el trabajo de Avatar Psicólogos.

Dos son las ideas fundamentales que Victor E.Frankl empezó a desarrollar a la temprana edad de los 19 años y que llenaron todo su trabajo y vida:
- La vida no es algo que nos sucede, somos nosotros quienes la hacemos y la dotamos de sentido, somos responsables de nuestra existencia.
- El sentido último se halla más allá de nuestra comprensión y así deber permanecer.

"Puedo ver que detrás de la tristeza de la situación existía el potencial del descubrimiento de un sentido para todo aquello y, por lo tanto, que podía transformar un sufrimiento aparentemente sin sentido en un logro genuinamente humano. Estoy convencido de que, en un análisis final, no hay situación que no contenga la semilla del sentido". (1)

"No tienes que sufrir para aprender, pero si no aprendes del sufrimiento sobre el que no tienes control, entonces tu vida pierde verdaderamente todo el sentido [...]. La manera en que una persona acepta su sentido, esas cosas que escapan a su control, puede añadir un sentido más profundo a su vida. Controla entonces la manera de responder". (2)

"Al ser humano se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino". (2)

Yo, humildemente, no tengo más que añadir...

(1) "Victor Frankl Recollections: an Autobiography". Nueva York, Penum Press, 1997.

(2) "El hombre en busca de sentido". Barcelona, Herder 2004.