lunes, 23 de febrero de 2009

Luz al final del túnel



Recuerda que para alguien tú eres la luz al final del túnel


La frase salía en una viñeta en un periódico que recorté y desde entonces está en la puerta de la nevera... Solo así la veo todas y cada una de las mañanas.
Solo así recuerdo no olvidarme de lo que quiero acordarme...

La mente humana parece diseñada para echar de menos lo que no tiene más que para valorar lo que ya tiene... No lo veo del todo mal, pero es muy ingrato.. Digo que no lo veo del todo mal puesto que de algún modo indica que el ser humano no se resigna, pero lo veo muy ingrato cuando en vez de algo que nos mueve la queja, el lamento, nos paraliza.. y ni alcanzamos lo que no tenemos pero tampoco valoramos lo que tenemos.

Engancha esto a la cantidad de veces que nuestro lamento se basa en que somos nosotros los que no vemos la luz al final del túnel, cuando ya somos nosotros la luz para alguien...
¿No es precioso, recordar, que somos nosotros los que evitamos que los demás vayan a ciegas?
¿No es precioso, asumir, que el que yo no perciba mi brillo no significa que para los demás no alumbre?
¿No es precioso, ser conscientes, de que la vida se camina en dos direcciones.... y quien busca un destino, es también un destino en sí mismo?

A mi me lo parece...
Y es por eso que antes de sacar el zumo cada mañana he decidido leer esta frase todos y cada uno de los días...
Y por eso mismo, hoy decido compartirla.

Julieta Paris

jueves, 12 de febrero de 2009

Crisis y fracasos

En estos momentos de crisis comparto las palabras de un genio con el que no puedo estar más de acuerdo. Iba a poner unas palabras sobre los políticos que nos "lideran" pero...

"Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y... da más peso a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar la salida. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla".



Albert Einstein (1879 – 1955) en el Crack Financiero del 29.

lunes, 9 de febrero de 2009

El sufrimiento del abandono

Una de las cosas que más nos hace sufrir cuando una relación se rompe es esa necesidad de la mente de encontrar una explicación.

El ser humano, como el resto de los mamíferos con quienes comparte el sistema límbico, tiene una fase de su vida en la que es completamente vulnerable y dependiente de que otro, un adulto, le cuide. Esta fase de nuestra vida es especialmente importante porque en el caso de ser abandonados moriríamos (o eso siente un niño que no sabe nada de servicios sociales, etc.). ¿Y qué nos asegura que no seremos abandonados? El Amor. El cariño de nuestros padres es la garantía de que nos cuidarán y, por tanto, sobreviviremos en este mundo que nos desborda.

Cuando se producen conflictos en la percepción de este amor la sensación que acompaña a dicha carencia deja una huella de peligro grabada en nuestro sistema límbico que nos influirá toda la vida, ya hemos comentado otras veces que la emoción decide y la razón justifica, que las estructuras de sistema límbico reaccionan unos instantes antes de que la información llegue a la parte racional. Esta situación provocará con mucha probabilidad un conflicto emocional situado en una parte de nuestro cerebro muy inconsciente y de difícil acceso racional. Y lo importante, repito, no es haber recibido amor sino haberlo sentido seguro, por mucho amor que nos hayan dado si no hemos sido conscientes, no lo hemos percibido como seguro o no se nos dió de la manera en que necesitábamos entonces es como si no existiera.

Todos hemos sido en algún momento dependientes, y hasta cierto punto lo seguimos siendo, y si no hemos transitado con seguridad esa etapa, cada vez que en nuestra vida tengamos la posibilidad de un abandono emocional nuestro sistema límbico disparará la señal de peligro grabada cuando éramos niños, es decir una señal de peligro vital, y nuestra mente racional tratará de buscar desesperadamente una solución. Esta solución puede venir por varios caminos, una es tratar por todos los medios que el otro no nos abandone (como niños indefensos que se mueren sin el adulto que les cuide), otra es encontrar una explicación que por lo menos nos de la seguridad de que somos dignos de ese amor que perdemos y que seremos merecedor de él en el futuro (pero volvemos a depender de que otro nos quiera para sentirnos seguros).

Por eso en una ruptura le damos tantas vueltas a lo que el otro ha hecho, a por qué nos ha dejado y, sobre todo, tratamos de buscar una explicación que nos dé cierto poder sobre lo que ha pasado para poder controlarlo. El problema es que la mayoría de las veces las razones de una ruptura amorosa son inexplicables racionalmente, en ocasiones aunque todo vaya bien hay algo que no funciona a nivel emocional, la pasión, el deseo, la conexión o la magia se han ido. Otras veces el problema es exclusivamente de la otra persona que puede tener miedo al compromiso, no desea lo mismo que nosotros o no siente las cosas de la misma manera. O incluso que a veces las cosas, simplemente no son.

Así nos encontramos en un callejón sin salida, si nos culpamos a nosotros tenemos más control pero nos llenamos de la inseguridad de no sentirnos validos y eso, si tenemos un conflicto, es un peligro vital. Si le echamos la culpa al otro quizá nos sintamos más seguros pero perdemos el control de la situación, depende del otro, y también saltan las alarmas. Por eso las rupturas emocionales son tan dolorosas y los estudios dicen que incluso se sufre (de sufri-miento) más cuando pierdes a la pareja por un abandono que cuando se muere (que provocaría más dolor).

Quizá la única salida a este embrollo sea construir una relación con nosotros mismos que nos permita llenar de ese amor que no percibimos a ese niño que un día fuimos, a esa parte de nosotros que sufrió carencias y arrastra la inseguridad. Quizá por eso tanta gente opina que para querer a otro de una manera sana primero tengamos que querernos a nosotros mismos. Mientras busquemos esa seguridad fuera siempre nos sentiremos en peligro y necesitaremos al otro para sentirnos seguros. Y la necesidad siempre ahoga al Amor, porque el Amor por definición siempre es libre.

lunes, 2 de febrero de 2009

Puente entre orillas



Muchas veces el Puente que nos une con la otra orilla somos nosotros mismos...

Quizá haya que mojarse... Quizá haya que prepararse antes para poder saltar a la otra orilla... Quizá caigamos y no lo consigamos a la primera.... Solo quizá...

Tu decides.

Julieta Paris

Fotografía de Ellen Kooi

lunes, 26 de enero de 2009

De viajes y caminos

El aeropuerto es un lugar mágico, cruce de aventuras, ilusiones, deseos, miedos, encuentros, emociones... Cada persona con la que compartes espera va acompañada de una historia personal única y en ese lugar todas se cruzan como los destinos lo harán luego en el aire.

Hay motivos muy diversos para viajar y de todos ellos sólo las despedidas, del tipo que sean, parecen tener un componente negativo. Aunque toda despedida tiene sabor a reencuentro, el partir es el primer paso del retornar, igual que el retorno es el primer paso del marchar. A veces emprendemos viajes que deseamos con todo el alma, por el lugar, las expectativas o las personas que nos vamos a encontrar; otras lo hacemos a empujones, las menos contra nuestra voluntad y deseo. Son estos últimos viajes los más difíciles de de emprender, clavamos las uñas en el suelo y nos resistimos con todas nuestras fuerzas a partir, como si no entendiésemos que ese es el primer paso para un nuevo encuentro. Un encuentro que, sin duda, superará al anterior con algo diferente, más profundo, más avanzado.

Vivimos una vida en la que es imposible retroceder, no podemos ir hacía atrás por más que nos empeñemos, solo se puede avanzar, ir hacia delante. Como mucho, si le ponemos a la resistencia verdadero empeño, podemos conseguir movernos en círculos durante un tiempo, retrasar el avance, coger aire para afrontar el reto, fuerza para superar el miedo... pero, inevitablemente, no importa cuales sean nuestras resistencias, el único camino posible es hacía delante. En nuestros intentos vanos por no avanzar en ocasiones nos perdemos por angostos caminos que retrasan nuestro encuentro con el destino, o tratamos de coger siempre el mismo camino con la fantasía de que alguna vez nos lleve a otro sitio, somos capaces de parar a descansar cada dos pasos, pero no podemos luchar contra nuestra esencia de seres vivos que nos dicta que solo podemos estar en movimiento. El día que conseguimos quedar completamente estáticos morimos y ese es otro viaje que suena a apasionante, por lo menos por lo desconocido de su destino.

Hay personas que recorren veloces el camino, sin mirar a los lados, como si transitasen por un terreno hostil en el que pararse significase poder ser agredidos. en el otro extremo encontramos aquellos que se tumban en el camino, se aferran al suelo y avanzan reptando, milímetro a milímetro, en la dolorosa seguridad de sus camas abrigadas por enfermedades o depresión. Existen mil posibilidades y, entre ellas, están en el centro las personas que avanzan al ritmo que les marca la vida, que se dejan fluir por lo que el destino les pone en su camino, a veces zonas de peligrosos rápidos, a veces lagos de aguas tranquilas, pero siempre disfrutando de la belleza de los lugares por los que transitan, por mucho que esta belleza esté a veces escondida tras zonas oscuras. Son personas que se llenan con lo que cada uno de los compañeros de viaje que se encuentran les ofrece, sean regalos o difíciles retos; que se dejan seducir por las piruetas del destino confiando en la sabiduría última del Universo, son esas personas que han encontrado la magia del equilibrio y que desde la admiración y el agradecimiento son libres, fin último de todo viaje, empiece este en un aeropuerto o en el primer paso que damos tras salir de la cama.

Buen viaje!

martes, 20 de enero de 2009

De luchas eternas y Unión.

El cuerpo salía de aquel torbellino de sensaciones sin aliento. Había transitado muchas veces esa batalla, desde su posición inicial de testigo mudo hasta el resultado final, donde siempre acababa siendo la víctima.

Era una lucha de esas absurdas en las que los contendientes no entienden que en realidad están luchando por lo mismo, que no sólo no son enemigos sino que en realidad tienen un único fin aunque los caminos para llegar a él sean tan diferentes, quizá tan diferentes que se necesitaban el uno al otro para estar equilibrados. El corazón luchaba por abrirse, entregarse, regalarse, quería volar olvidándose de todo. La mente echaba anclas, se recogía en si misma, levantaba defensas, inmovilizaba. Uno quería tocar el cielo con las manos mientras que la otra enraizaba bien los pies en la tierra. Para un observador externo podría resultar obvio el juego, era fácil descubrir la paradoja, el resultado de la lucha era exactamente el mismo que si se dieran la mano y caminasen juntos.

Pero ninguno estaba dispuesto a renunciar a su esencia, los dos se empeñaban en hacer las cosas a su manera y no estaban dispuestos no solo a abrirse, sino a si quiera escuchar lo que el otro les proponía. Peleaban con una fuerza que iba incrementándose según aumentaba el dolor de sus heridas, sin querer mirar el espejo que reflejaba silencioso que el daño que se infringían era a sí mismos y no a ningún enemigo al olvidar que estaban peleando contra esa parte de sí mismos que no aceptaban. Ambos podían ver claramente lo que al otro le faltaba y se esforzaban por dárselo, por imponer el aprendizaje. Ambos estaban ciegos a lo que ellos necesitaban, sin duda era mucho más fácil pelearse contra el otro que enfrentarse a los miedos que ellos mismos albergaban.
Por eso era una lucha eterna, cuanto más quería la emoción desbocarse y mostrarse plena más muros ponía la mente ante aquel desbarajuste que era imposible controlar. Cuantas más razones lógicas, concretas y bien argumentadas proponía la mente más enloquecía, gritaba y se descontrolaba la emoción.

El alma mientras les miraba compasiva, sin querer intervenir aunque mandándoles señales claras de que no tendrían más remedio que entenderse. A veces les mandaba un dolor de cabeza, directamente dirigido a la mente, a veces una opresión en el pecho que no dejaba respirar con intención de despertar a la emoción, y a veces el mensaje era para ambas, picores en la piel, problemas intestinales difíciles de digerir, constipados que les encerraban en casa juntas o incluso, en las situaciones más urgentes, enfermedades graves que les obligaban a permanecer durante días en la pequeña y neutral habitación de un hospital donde era imposible no preguntarse que ocurría y donde de hecho solían abrirse, la mayoría de las veces solo momentáneamente, para dialogar.

En las ocasiones en las que el alma se desesperaba, solía pedir ayuda a otras para juntas jugar a organizar casualidades que o bien iban enfocadas a avivar la pasión de la emoción cuando ésta se daba por vencida, o bien producían situaciones imposibles de explicar para tratar de abrir los férreos controles de la mente. En las situaciones más difíciles creaban sincronicidades tan potentes que funcionaban sobre las dos a la vez y mente y emoción tenían que abrazarse para no caer. Y era durante ese abrazo cuando todo el cuerpo se iluminaba, los músculos y otros órganos se llenaban de fuerza y energía, el corazón se inundaba libremente de emoción al ser protegidos los límites por la razón y ésta se desbordaba en creatividad, signo inequívoco de la influencia directa de la emoción. Pero mantener el abrazo era difícil y antes o después la mente cambiaba la creatividad por pensa-mientos o la emoción, en un arrebato, se saltaba los límites y se perdía en ensoñaciones, fantasías o dependencias y el cuerpo físico volvía a ser el que pagaba el precio del desgarro y la separación.

Pero el Alma, que tenía conexión espiritual con todo y cuya especialidad era la Unidad, con la paciencia que le otorgaba su sabiduría les daba otra oportunidad, quizá esta vez de una manera que no pudieran imaginar y ante la que, por mucho miedo que albergasen, no pudieran escapar.

lunes, 5 de enero de 2009

Transición de caminos

Son días estos de echar una mirada atrás antes de dejar el año pasar, uno más.

Entre las múltiples experiencias, los diferentes caminos recorridos, hay algunos que lucen con luz propia esos que han hecho de algunos instantes del año tremendamente especiales. Aunque supongo que cuando los caminos no acaban en el lugar esperado dejan un poso de amargura, una sensación de frustración, de dolor, que a veces es capaz de inundar todo el alma hasta tornarlo todo en oscuridad. Pero el tiempo, aliado, se encarga de ir secando esa sensación de opresión dolorosa y la va resquebrajando hasta abrir vías que permiten descubrir que aquello que sentía el corazón era verdadero y que si el camino acabó en un lugar imprevisto, inesperado o no deseado, era por un motivo concreto y al verlo con cierta perspectiva cobra todo su sentido.
Podemos pelearnos contra la realidad todo lo que queramos pensando que esto o aquello fue mal o tenía que haber sido diferente cuando en realidad todo cumple una función perfecta en nuestra misión más importante: crecer.

Me recordaba una persona de luz hace poco una frase de un post del año pasado "no conseguir lo que uno desea, a veces, es un auténtico golpe de suerte", yo hoy le quitaría el "a veces" porque no hay nada de lo que nos pase que no nos aporte lo mismo de bueno que lo que juzgamos nos ha aportado de malo. Sólo tenemos que cambiar las gafas con las que lo observamos, el juicio estrecho con el que lo evaluamos o ampliar la perspectiva con la que lo estamos observando para descubrir toda su perfección y estar agradecidos por ello.

Pero a veces, estamos tan ocupados quejándonos de aquello que no podemos cambiar que se nos olvida lo que si podríamos cambiar: nosotros mismos.

Y así, echando la vista atrás descubro que el año 2008 ha sido perfecto, dejándome volar entre las nubes descubro lo que había detrás de las montañas que me toco escalar, observo que todavía no se lo que se esconde detrás de otras que fueron especialmente duras pero se que antes o después lo descubriré, disfruto de nuevo de las imágenes de esos valles frondosos que tantas sensaciones me despertaron y que con su recuerdo vuelven a pintar una sonrisa en mi cara y a activar mi alma. Observo caminar a todas esas personas que me han acompañado en los diferentes caminos emprendidos, algunas me han cogido tiernamente la mano, otras me han guiado, con algunas compartí escaladas, con otras me deje caer montaña abajo resbalando por la fresca hierba empapándome de todos sus olores, unas pocas me empujaron fuera del camino para que otras me tendieran una mano y me metieran de nuevo dentro o, simplemente, para que fuese yo el que me equilibrase y volviera a mi sendero con más fuerza.

Y observo todo lo que me ha aportado el 2008 y me siento plenamente preparado para empezar a transitar lleno de ilusión y energía el 2009 ¿y por qué lo se? porque siento que lo estoy observando todo, absolutamente todo, con amor.

Un abrazo y feliz trayecto!