El aeropuerto es un lugar mágico, cruce de aventuras, ilusiones, deseos, miedos, encuentros, emociones... Cada persona con la que compartes espera va acompañada de una historia personal única y en ese lugar todas se cruzan como los destinos lo harán luego en el aire.
Hay motivos muy diversos para viajar y de todos ellos sólo las despedidas, del tipo que sean, parecen tener un componente negativo. Aunque toda despedida tiene sabor a reencuentro, el partir es el primer paso del retornar, igual que el retorno es el primer paso del marchar. A veces emprendemos viajes que deseamos con todo el alma, por el lugar, las expectativas o las personas que nos vamos a encontrar; otras lo hacemos a empujones, las menos contra nuestra voluntad y deseo. Son estos últimos viajes los más difíciles de de emprender, clavamos las uñas en el suelo y nos resistimos con todas nuestras fuerzas a partir, como si no entendiésemos que ese es el primer paso para un nuevo encuentro. Un encuentro que, sin duda, superará al anterior con algo diferente, más profundo, más avanzado.
Vivimos una vida en la que es imposible retroceder, no podemos ir hacía atrás por más que nos empeñemos, solo se puede avanzar, ir hacia delante. Como mucho, si le ponemos a la resistencia verdadero empeño, podemos conseguir movernos en círculos durante un tiempo, retrasar el avance, coger aire para afrontar el reto, fuerza para superar el miedo... pero, inevitablemente, no importa cuales sean nuestras resistencias, el único camino posible es hacía delante. En nuestros intentos vanos por no avanzar en ocasiones nos perdemos por angostos caminos que retrasan nuestro encuentro con el destino, o tratamos de coger siempre el mismo camino con la fantasía de que alguna vez nos lleve a otro sitio, somos capaces de parar a descansar cada dos pasos, pero no podemos luchar contra nuestra esencia de seres vivos que nos dicta que solo podemos estar en movimiento. El día que conseguimos quedar completamente estáticos morimos y ese es otro viaje que suena a apasionante, por lo menos por lo desconocido de su destino.
Hay personas que recorren veloces el camino, sin mirar a los lados, como si transitasen por un terreno hostil en el que pararse significase poder ser agredidos. en el otro extremo encontramos aquellos que se tumban en el camino, se aferran al suelo y avanzan reptando, milímetro a milímetro, en la dolorosa seguridad de sus camas abrigadas por enfermedades o depresión. Existen mil posibilidades y, entre ellas, están en el centro las personas que avanzan al ritmo que les marca la vida, que se dejan fluir por lo que el destino les pone en su camino, a veces zonas de peligrosos rápidos, a veces lagos de aguas tranquilas, pero siempre disfrutando de la belleza de los lugares por los que transitan, por mucho que esta belleza esté a veces escondida tras zonas oscuras. Son personas que se llenan con lo que cada uno de los compañeros de viaje que se encuentran les ofrece, sean regalos o difíciles retos; que se dejan seducir por las piruetas del destino confiando en la sabiduría última del Universo, son esas personas que han encontrado la magia del equilibrio y que desde la admiración y el agradecimiento son libres, fin último de todo viaje, empiece este en un aeropuerto o en el primer paso que damos tras salir de la cama.
Buen viaje!
El blog de Avatar Psicólogos es un espacio para reflexionar, opinar, sugerir, informar, recibir, aportar y cualquier otra cosa que se nos ocurra. Espero que lo disfrutéis.
lunes, 26 de enero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
De luchas eternas y Unión.
El cuerpo salía de aquel torbellino de sensaciones sin aliento. Había transitado muchas veces esa batalla, desde su posición inicial de testigo mudo hasta el resultado final, donde siempre acababa siendo la víctima.
Era una lucha de esas absurdas en las que los contendientes no entienden que en realidad están luchando por lo mismo, que no sólo no son enemigos sino que en realidad tienen un único fin aunque los caminos para llegar a él sean tan diferentes, quizá tan diferentes que se necesitaban el uno al otro para estar equilibrados. El corazón luchaba por abrirse, entregarse, regalarse, quería volar olvidándose de todo. La mente echaba anclas, se recogía en si misma, levantaba defensas, inmovilizaba. Uno quería tocar el cielo con las manos mientras que la otra enraizaba bien los pies en la tierra. Para un observador externo podría resultar obvio el juego, era fácil descubrir la paradoja, el resultado de la lucha era exactamente el mismo que si se dieran la mano y caminasen juntos.
Pero ninguno estaba dispuesto a renunciar a su esencia, los dos se empeñaban en hacer las cosas a su manera y no estaban dispuestos no solo a abrirse, sino a si quiera escuchar lo que el otro les proponía. Peleaban con una fuerza que iba incrementándose según aumentaba el dolor de sus heridas, sin querer mirar el espejo que reflejaba silencioso que el daño que se infringían era a sí mismos y no a ningún enemigo al olvidar que estaban peleando contra esa parte de sí mismos que no aceptaban. Ambos podían ver claramente lo que al otro le faltaba y se esforzaban por dárselo, por imponer el aprendizaje. Ambos estaban ciegos a lo que ellos necesitaban, sin duda era mucho más fácil pelearse contra el otro que enfrentarse a los miedos que ellos mismos albergaban.
Por eso era una lucha eterna, cuanto más quería la emoción desbocarse y mostrarse plena más muros ponía la mente ante aquel desbarajuste que era imposible controlar. Cuantas más razones lógicas, concretas y bien argumentadas proponía la mente más enloquecía, gritaba y se descontrolaba la emoción.
El alma mientras les miraba compasiva, sin querer intervenir aunque mandándoles señales claras de que no tendrían más remedio que entenderse. A veces les mandaba un dolor de cabeza, directamente dirigido a la mente, a veces una opresión en el pecho que no dejaba respirar con intención de despertar a la emoción, y a veces el mensaje era para ambas, picores en la piel, problemas intestinales difíciles de digerir, constipados que les encerraban en casa juntas o incluso, en las situaciones más urgentes, enfermedades graves que les obligaban a permanecer durante días en la pequeña y neutral habitación de un hospital donde era imposible no preguntarse que ocurría y donde de hecho solían abrirse, la mayoría de las veces solo momentáneamente, para dialogar.
En las ocasiones en las que el alma se desesperaba, solía pedir ayuda a otras para juntas jugar a organizar casualidades que o bien iban enfocadas a avivar la pasión de la emoción cuando ésta se daba por vencida, o bien producían situaciones imposibles de explicar para tratar de abrir los férreos controles de la mente. En las situaciones más difíciles creaban sincronicidades tan potentes que funcionaban sobre las dos a la vez y mente y emoción tenían que abrazarse para no caer. Y era durante ese abrazo cuando todo el cuerpo se iluminaba, los músculos y otros órganos se llenaban de fuerza y energía, el corazón se inundaba libremente de emoción al ser protegidos los límites por la razón y ésta se desbordaba en creatividad, signo inequívoco de la influencia directa de la emoción. Pero mantener el abrazo era difícil y antes o después la mente cambiaba la creatividad por pensa-mientos o la emoción, en un arrebato, se saltaba los límites y se perdía en ensoñaciones, fantasías o dependencias y el cuerpo físico volvía a ser el que pagaba el precio del desgarro y la separación.
Pero el Alma, que tenía conexión espiritual con todo y cuya especialidad era la Unidad, con la paciencia que le otorgaba su sabiduría les daba otra oportunidad, quizá esta vez de una manera que no pudieran imaginar y ante la que, por mucho miedo que albergasen, no pudieran escapar.
Era una lucha de esas absurdas en las que los contendientes no entienden que en realidad están luchando por lo mismo, que no sólo no son enemigos sino que en realidad tienen un único fin aunque los caminos para llegar a él sean tan diferentes, quizá tan diferentes que se necesitaban el uno al otro para estar equilibrados. El corazón luchaba por abrirse, entregarse, regalarse, quería volar olvidándose de todo. La mente echaba anclas, se recogía en si misma, levantaba defensas, inmovilizaba. Uno quería tocar el cielo con las manos mientras que la otra enraizaba bien los pies en la tierra. Para un observador externo podría resultar obvio el juego, era fácil descubrir la paradoja, el resultado de la lucha era exactamente el mismo que si se dieran la mano y caminasen juntos.
Pero ninguno estaba dispuesto a renunciar a su esencia, los dos se empeñaban en hacer las cosas a su manera y no estaban dispuestos no solo a abrirse, sino a si quiera escuchar lo que el otro les proponía. Peleaban con una fuerza que iba incrementándose según aumentaba el dolor de sus heridas, sin querer mirar el espejo que reflejaba silencioso que el daño que se infringían era a sí mismos y no a ningún enemigo al olvidar que estaban peleando contra esa parte de sí mismos que no aceptaban. Ambos podían ver claramente lo que al otro le faltaba y se esforzaban por dárselo, por imponer el aprendizaje. Ambos estaban ciegos a lo que ellos necesitaban, sin duda era mucho más fácil pelearse contra el otro que enfrentarse a los miedos que ellos mismos albergaban.
Por eso era una lucha eterna, cuanto más quería la emoción desbocarse y mostrarse plena más muros ponía la mente ante aquel desbarajuste que era imposible controlar. Cuantas más razones lógicas, concretas y bien argumentadas proponía la mente más enloquecía, gritaba y se descontrolaba la emoción.
El alma mientras les miraba compasiva, sin querer intervenir aunque mandándoles señales claras de que no tendrían más remedio que entenderse. A veces les mandaba un dolor de cabeza, directamente dirigido a la mente, a veces una opresión en el pecho que no dejaba respirar con intención de despertar a la emoción, y a veces el mensaje era para ambas, picores en la piel, problemas intestinales difíciles de digerir, constipados que les encerraban en casa juntas o incluso, en las situaciones más urgentes, enfermedades graves que les obligaban a permanecer durante días en la pequeña y neutral habitación de un hospital donde era imposible no preguntarse que ocurría y donde de hecho solían abrirse, la mayoría de las veces solo momentáneamente, para dialogar.
En las ocasiones en las que el alma se desesperaba, solía pedir ayuda a otras para juntas jugar a organizar casualidades que o bien iban enfocadas a avivar la pasión de la emoción cuando ésta se daba por vencida, o bien producían situaciones imposibles de explicar para tratar de abrir los férreos controles de la mente. En las situaciones más difíciles creaban sincronicidades tan potentes que funcionaban sobre las dos a la vez y mente y emoción tenían que abrazarse para no caer. Y era durante ese abrazo cuando todo el cuerpo se iluminaba, los músculos y otros órganos se llenaban de fuerza y energía, el corazón se inundaba libremente de emoción al ser protegidos los límites por la razón y ésta se desbordaba en creatividad, signo inequívoco de la influencia directa de la emoción. Pero mantener el abrazo era difícil y antes o después la mente cambiaba la creatividad por pensa-mientos o la emoción, en un arrebato, se saltaba los límites y se perdía en ensoñaciones, fantasías o dependencias y el cuerpo físico volvía a ser el que pagaba el precio del desgarro y la separación.
Pero el Alma, que tenía conexión espiritual con todo y cuya especialidad era la Unidad, con la paciencia que le otorgaba su sabiduría les daba otra oportunidad, quizá esta vez de una manera que no pudieran imaginar y ante la que, por mucho miedo que albergasen, no pudieran escapar.
lunes, 5 de enero de 2009
Transición de caminos
Son días estos de echar una mirada atrás antes de dejar el año pasar, uno más.
Entre las múltiples experiencias, los diferentes caminos recorridos, hay algunos que lucen con luz propia esos que han hecho de algunos instantes del año tremendamente especiales. Aunque supongo que cuando los caminos no acaban en el lugar esperado dejan un poso de amargura, una sensación de frustración, de dolor, que a veces es capaz de inundar todo el alma hasta tornarlo todo en oscuridad. Pero el tiempo, aliado, se encarga de ir secando esa sensación de opresión dolorosa y la va resquebrajando hasta abrir vías que permiten descubrir que aquello que sentía el corazón era verdadero y que si el camino acabó en un lugar imprevisto, inesperado o no deseado, era por un motivo concreto y al verlo con cierta perspectiva cobra todo su sentido.
Podemos pelearnos contra la realidad todo lo que queramos pensando que esto o aquello fue mal o tenía que haber sido diferente cuando en realidad todo cumple una función perfecta en nuestra misión más importante: crecer.
Me recordaba una persona de luz hace poco una frase de un post del año pasado "no conseguir lo que uno desea, a veces, es un auténtico golpe de suerte", yo hoy le quitaría el "a veces" porque no hay nada de lo que nos pase que no nos aporte lo mismo de bueno que lo que juzgamos nos ha aportado de malo. Sólo tenemos que cambiar las gafas con las que lo observamos, el juicio estrecho con el que lo evaluamos o ampliar la perspectiva con la que lo estamos observando para descubrir toda su perfección y estar agradecidos por ello.
Pero a veces, estamos tan ocupados quejándonos de aquello que no podemos cambiar que se nos olvida lo que si podríamos cambiar: nosotros mismos.
Y así, echando la vista atrás descubro que el año 2008 ha sido perfecto, dejándome volar entre las nubes descubro lo que había detrás de las montañas que me toco escalar, observo que todavía no se lo que se esconde detrás de otras que fueron especialmente duras pero se que antes o después lo descubriré, disfruto de nuevo de las imágenes de esos valles frondosos que tantas sensaciones me despertaron y que con su recuerdo vuelven a pintar una sonrisa en mi cara y a activar mi alma. Observo caminar a todas esas personas que me han acompañado en los diferentes caminos emprendidos, algunas me han cogido tiernamente la mano, otras me han guiado, con algunas compartí escaladas, con otras me deje caer montaña abajo resbalando por la fresca hierba empapándome de todos sus olores, unas pocas me empujaron fuera del camino para que otras me tendieran una mano y me metieran de nuevo dentro o, simplemente, para que fuese yo el que me equilibrase y volviera a mi sendero con más fuerza.
Y observo todo lo que me ha aportado el 2008 y me siento plenamente preparado para empezar a transitar lleno de ilusión y energía el 2009 ¿y por qué lo se? porque siento que lo estoy observando todo, absolutamente todo, con amor.
Un abrazo y feliz trayecto!
Entre las múltiples experiencias, los diferentes caminos recorridos, hay algunos que lucen con luz propia esos que han hecho de algunos instantes del año tremendamente especiales. Aunque supongo que cuando los caminos no acaban en el lugar esperado dejan un poso de amargura, una sensación de frustración, de dolor, que a veces es capaz de inundar todo el alma hasta tornarlo todo en oscuridad. Pero el tiempo, aliado, se encarga de ir secando esa sensación de opresión dolorosa y la va resquebrajando hasta abrir vías que permiten descubrir que aquello que sentía el corazón era verdadero y que si el camino acabó en un lugar imprevisto, inesperado o no deseado, era por un motivo concreto y al verlo con cierta perspectiva cobra todo su sentido.
Podemos pelearnos contra la realidad todo lo que queramos pensando que esto o aquello fue mal o tenía que haber sido diferente cuando en realidad todo cumple una función perfecta en nuestra misión más importante: crecer.
Me recordaba una persona de luz hace poco una frase de un post del año pasado "no conseguir lo que uno desea, a veces, es un auténtico golpe de suerte", yo hoy le quitaría el "a veces" porque no hay nada de lo que nos pase que no nos aporte lo mismo de bueno que lo que juzgamos nos ha aportado de malo. Sólo tenemos que cambiar las gafas con las que lo observamos, el juicio estrecho con el que lo evaluamos o ampliar la perspectiva con la que lo estamos observando para descubrir toda su perfección y estar agradecidos por ello.
Pero a veces, estamos tan ocupados quejándonos de aquello que no podemos cambiar que se nos olvida lo que si podríamos cambiar: nosotros mismos.
Y así, echando la vista atrás descubro que el año 2008 ha sido perfecto, dejándome volar entre las nubes descubro lo que había detrás de las montañas que me toco escalar, observo que todavía no se lo que se esconde detrás de otras que fueron especialmente duras pero se que antes o después lo descubriré, disfruto de nuevo de las imágenes de esos valles frondosos que tantas sensaciones me despertaron y que con su recuerdo vuelven a pintar una sonrisa en mi cara y a activar mi alma. Observo caminar a todas esas personas que me han acompañado en los diferentes caminos emprendidos, algunas me han cogido tiernamente la mano, otras me han guiado, con algunas compartí escaladas, con otras me deje caer montaña abajo resbalando por la fresca hierba empapándome de todos sus olores, unas pocas me empujaron fuera del camino para que otras me tendieran una mano y me metieran de nuevo dentro o, simplemente, para que fuese yo el que me equilibrase y volviera a mi sendero con más fuerza.
Y observo todo lo que me ha aportado el 2008 y me siento plenamente preparado para empezar a transitar lleno de ilusión y energía el 2009 ¿y por qué lo se? porque siento que lo estoy observando todo, absolutamente todo, con amor.
Un abrazo y feliz trayecto!
viernes, 2 de enero de 2009
Año de reinas
En 2008 han muerto en manos de sus "parejas" 72 mujeres y no quiero imaginar cuantas han sufrido malos tratos. Mi deseo para el 2009 es que este sea un año de reinas...
lunes, 29 de diciembre de 2008
Crisis: Peligro + Oportunidad

En este último post del año traigo esta imagen que una persona importante me trajo de China en un regalo de esos cuyo precio es imposible de calcular.
La imagen representa la palabra crisis, construida a su vez por otros dos símbolos, el de arriba significa peligro, el de abajo oportunidad. Una hermosa expresión de lo que la palabra crisis significa en toda su extensión, porque cualquier crisis encierra una oportunidad para crecer y porque sin crisis nunca evolucionaríamos y cuanto mayores son estas mayor es el crecimiento y el aprendizaje, nuestra misión es estar lo suficientemente despiertos y abiertos para encontrar la oportunidad allí donde a veces solo enfocamos en el peligro.
Y también quiero aprovechar este último post para agradecer de corazón a todas aquellas personas que han hecho de este año 2008 un año inolvidable y mágico. Un año en el que ha habido de todo, ilusiones y frustraciones, alegrías y tristezas, ganancias y pérdidas, cambios, descubrimientos, aprendizajes y, sobre todo, crecimiento.
Y quiero empezar por agradecer de una manera especial a aquellas personas que nos han confiado sus emociones en los peores momentos de sus vidas. A esas personas que con esfuerzo, valentía y amor se han abierto paso a través de la densa maleza que oscurecía sus vidas caminando el camino de su libertad personal. A esas personas que este año nos han invitado a acompañarles en ese proceso de iluminar sus vidas y que han hecho que el símbolo que hoy preside este post tome toda la fuerza de su significado transitando desde el peligro hacía las oportunidades que su superación les abre delante en el camino de sus vidas. Oportunidades que no hubiesen sido posibles sin los momentos críticos que les antecedieron.
Gracias desde el alma porque con cada paso que dais hacía la luz ilumináis nuestro interior, porque con cada una de vuestras victorias sobre el miedo nos habéis hecho un poco más valientes, porque con cada uno de vuestros duros pasos hemos crecido, porque con vuestro esfuerzo y valor nos enseñáis que todo es posible si se hace con pasión.
También quiero aprovechar este espacio para dar las gracias a las personas que han permitido que el proyecto Avatar siga adelante con pasos cada vez más firmes:
Al Hospital USP de Marbella y a su gerente Mercedes Mengíbar por abrirnos sus puertas de par en par y apostar por nosotros de una manera tan clara y tan fuerte.
Al Instituto Europeo de Psicoterapias de Tiempo Limitado y a su director Roberto Aguado, por su confianza personal y apuesta por Málaga como sede del Instituto. Y, sobre todo, por saber ver la oportunidad más allá de la crisis y seguir confiando en esta provincia pese al tropezón de la convocatoria del primer curso de experto. Yo también confío que en 2009 sabremos llegar a los psicólogos de este lugar de España y hacer que despierten a esta oportunidad de formación que el Instituto les brinda.
A Cruz Roja Española por permitirnos seguir llegando a los más vulnerables, ya sea formando a los equipos de intervención en crisis, a los delegados que están desarrollando su labor humanitaria por todo el mundo, a los portavoces que llevan la voz de Cruz Roja a todas partes, a los voluntarios y, como no, siguiendo confiando en nosotros para la intervención sobre el terreno en los momentos más difíciles.
A H.R.C.S., Miguel Ángel y Gema, por abrirnos las puertas de tantas empresas y seguir apostando por una formación que no solo va encaminada a mejorar el rendimiento de los profesionales sino también a desarrollar sus recursos personales, ¡desde la felicidad siempre se trabaja mejor!
A Novasoft, Laura y Almudena, por seguir contando un año más en sus cursos de formación para desempleados manteniendo ese modulo de habilidades en el entorno de trabajo que tan poco tiene que ver con los contenidos informáticos pero que muestra el interés por las personas.
A Les Roches, María José y Teresa, porque en el curso "Personal Professional Development" entramos en contacto con los futuros directivos de la hostelería que tanta influencia tendrán en el bienestar de sus trabajadores.
Y, a todas esas personas que nos habéis ayudado con vuestros comentarios, críticas y enseñanzas a desarrollar un año más esa misión de Avatar de acompañar a las personas en su camino a la libertad y la felicidad.
A todos y todas, muchas gracias y que el 2009 os traiga todo aquello que deseéis.
viernes, 19 de diciembre de 2008
El televisor
Traigo en estos días navideños de reuniones familiares este relato de Amelia Guía que podéis encontrar en el libro "La radio es un cuento. Microrelatos".
La desgracia sobrevino en el transcurso de la comida, cuando el televisor comenzó a soltar alaridos metálicos mientras de sus espaldas salían grandes volutas de humo gris. Mi padre, arrebatado, comenzó a golpear el mando a distancia hasta destriparlo y mi madre entró en una especie de paroxismo tal, que hubo que administrarla un par de valiums. Cuando por fin reanudamos la comida, aún con la rabia contenida tras la ingrata muerte de nuestro televisor, no nos quedó otro remedio que hablar entre nosotros.
Para aquellos que buscan en el televisor un aliado para difíciles momentos mi invitación para que en estos días traten de hacer el difícil ejercicio de escuchar a los demás. Quizá, quien sabe, encuentren el regalo más valioso entre sus palabras, entre sus experiencias.
La desgracia sobrevino en el transcurso de la comida, cuando el televisor comenzó a soltar alaridos metálicos mientras de sus espaldas salían grandes volutas de humo gris. Mi padre, arrebatado, comenzó a golpear el mando a distancia hasta destriparlo y mi madre entró en una especie de paroxismo tal, que hubo que administrarla un par de valiums. Cuando por fin reanudamos la comida, aún con la rabia contenida tras la ingrata muerte de nuestro televisor, no nos quedó otro remedio que hablar entre nosotros.
Para aquellos que buscan en el televisor un aliado para difíciles momentos mi invitación para que en estos días traten de hacer el difícil ejercicio de escuchar a los demás. Quizá, quien sabe, encuentren el regalo más valioso entre sus palabras, entre sus experiencias.
martes, 9 de diciembre de 2008
La borregada
Evidentemente, cuando en otros post he hablado de normalizar la muerte como parte indivisible de la vida no me refería a seguir jugando al tute llamando a otro jugador cuando al compañero de siempre le acababan de pegar dos tiros en la cabeza.
La foto en los periódicos del pasado 4 de diciembre del bar donde Ignacio Uria solía ir a jugar a las cartas de sus compañeros siguiendo con la partida mientras él yacía muerto en el suelo a unos metros de allí me produce verdadera repugnancia. ¿Quién seguiría jugando a las cartas, o al tenis, o a lo que sea, si uno de los integrantes de la partida hubiese muerto instantes antes? Creo que pocas personas seguirían haciendo vida "normal" tras la muerte de un compañero, y más si ha sido por un asesinato a sangre fría, si la situación no estuviese increíblemente viciada.
Recuerdo a un buen amigo que en la visita que hicimos el año pasado a la tamborrada de San Sebastian nos hablaba con cierta tristeza de la borregada, que es así como definían en su cuadrilla a los radicales, de como en su época eran unos cuantos y como ahora parecían inundar toda la zona vieja. No me extraña que los borregos camuflen su inseguridad, falta de autoestima y pocos recursos en la violencia y en la liberación de su tierra, al fin y al cabo la borregada siempre necesita una secta o algún objetivo con el que mitigar su sensación de impotencia y falta de valía, en el País Vasco es eso, en Madrid y otros sitios son los Skin Heads, en Sudamerica los ñetas u otras bandas juveniles que les dan una identidad a todos aquellos que no la tienen, le dan algo a seguir a los borregos.
Lo que me extraña es que la gente de bien siga jugando a las cartas, justifique la violencia o mire para otro lado mientras los familiares de esas personas se quedan solas en su dolor o incluso son aislados y amenazados mientras sus vecinos no hacen nada. ¿Hasta tan lejos llega el miedo? ¿Hasta enterrar los valores de las personas y suplirlos por el autoengaño?
Lo más triste es que por mucho que se luche contra los asesinos las cosas solo pueden ir a peor, los políticos supeditan los valores a su poder, su economía personal, la imposición de sus ideas y el mantenimiento de sus cargos. Mientras se les llena la boca llamando fascistas a los demás ellos sólo consideran buenos vascos a los que opinan como ellos, si eres vasco y no eres nacionalista no eres un buen vasco y entonces la amenaza o que se te eche de tu tierra está justificado. Se le regala la educación a aquellos que la utilizan para expandir sus ideas y su visión de las cosas (acaban de detener en Francia a un asesino de ETA que es hijo de una concejal de ANV que no condenó un atentado que había cometido su hijo ¿cómo lo va a condenar si es producto del odio que ella misma le ha inculcado?), sólo se puede construir algo diferente si hay un enemigo contra el que luchar y del que diferenciarse (esto es lo que hacen los adolescentes para separarse de sus padres en esa etapa tan conflictiva de sus vidas: sólo si voy contra otro me siento yo mismo) y eso es lo que se afanan en "enseñar" en muchas de sus escuelas.
Y ante todo esto, el líder del único lugar en Europa donde alguien no deja de jugar a las cartas tras haber asesinado a uno de su cuadrilla trata de lograr la excelencia en el arte del doble lenguaje para tratar de no perder ni un voto de nunguna de las partes, porque eso, sin duda, es lo más importante.
Que vergüenza, que pena.
La foto en los periódicos del pasado 4 de diciembre del bar donde Ignacio Uria solía ir a jugar a las cartas de sus compañeros siguiendo con la partida mientras él yacía muerto en el suelo a unos metros de allí me produce verdadera repugnancia. ¿Quién seguiría jugando a las cartas, o al tenis, o a lo que sea, si uno de los integrantes de la partida hubiese muerto instantes antes? Creo que pocas personas seguirían haciendo vida "normal" tras la muerte de un compañero, y más si ha sido por un asesinato a sangre fría, si la situación no estuviese increíblemente viciada.
Recuerdo a un buen amigo que en la visita que hicimos el año pasado a la tamborrada de San Sebastian nos hablaba con cierta tristeza de la borregada, que es así como definían en su cuadrilla a los radicales, de como en su época eran unos cuantos y como ahora parecían inundar toda la zona vieja. No me extraña que los borregos camuflen su inseguridad, falta de autoestima y pocos recursos en la violencia y en la liberación de su tierra, al fin y al cabo la borregada siempre necesita una secta o algún objetivo con el que mitigar su sensación de impotencia y falta de valía, en el País Vasco es eso, en Madrid y otros sitios son los Skin Heads, en Sudamerica los ñetas u otras bandas juveniles que les dan una identidad a todos aquellos que no la tienen, le dan algo a seguir a los borregos.
Lo que me extraña es que la gente de bien siga jugando a las cartas, justifique la violencia o mire para otro lado mientras los familiares de esas personas se quedan solas en su dolor o incluso son aislados y amenazados mientras sus vecinos no hacen nada. ¿Hasta tan lejos llega el miedo? ¿Hasta enterrar los valores de las personas y suplirlos por el autoengaño?
Lo más triste es que por mucho que se luche contra los asesinos las cosas solo pueden ir a peor, los políticos supeditan los valores a su poder, su economía personal, la imposición de sus ideas y el mantenimiento de sus cargos. Mientras se les llena la boca llamando fascistas a los demás ellos sólo consideran buenos vascos a los que opinan como ellos, si eres vasco y no eres nacionalista no eres un buen vasco y entonces la amenaza o que se te eche de tu tierra está justificado. Se le regala la educación a aquellos que la utilizan para expandir sus ideas y su visión de las cosas (acaban de detener en Francia a un asesino de ETA que es hijo de una concejal de ANV que no condenó un atentado que había cometido su hijo ¿cómo lo va a condenar si es producto del odio que ella misma le ha inculcado?), sólo se puede construir algo diferente si hay un enemigo contra el que luchar y del que diferenciarse (esto es lo que hacen los adolescentes para separarse de sus padres en esa etapa tan conflictiva de sus vidas: sólo si voy contra otro me siento yo mismo) y eso es lo que se afanan en "enseñar" en muchas de sus escuelas.
Y ante todo esto, el líder del único lugar en Europa donde alguien no deja de jugar a las cartas tras haber asesinado a uno de su cuadrilla trata de lograr la excelencia en el arte del doble lenguaje para tratar de no perder ni un voto de nunguna de las partes, porque eso, sin duda, es lo más importante.
Que vergüenza, que pena.
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