miércoles, 6 de octubre de 2010

Yo elijo, agradecimiento y conclusión.

Queríamos agradeceros profundamente vuestras ideas en el post anterior porque nos consta que esas elecciones que cada uno habéis hecho y compartido han servido de inspiración a los demás. Confiamos en tener ahora la fuerza para mantener nuestros compromisos y seguir caminando por ese camino elegido porque, aunque sabemos que es mucho más difícil elegir que dejar que los demás elijan por ti, sin duda ese esfuerzo redundará en nuestra libertad personal y nuestra felicidad.

Queremos cerrar esta idea con las palabras de una gran maestra, Virginia Satir, cuyas investigaciones en el campo de la terapia familiar dejaron una huella muy profunda en nosotros como terapeutas que compartimos que "una familia que estimula y aprecia las diferencias individuales, tolera los errores, donde la comunicación es abierta y las reglas de convivencia son flexibles, forma mujeres y hombres plenos".

"En todo el Universo, no hay otra persona exactamente igual que tú. Yo soy yo, y todo lo que soy es único. Soy responsable de mí misma, tengo todo lo que me hace falta aquí y ahora para vivir plenamente. Puedo escoger manifestar lo mejor de mí misma, puedo escoger amar, ser competente, encontrarle un sentido a la vida y un orden al Universo, puedo escoger desarrollarme, crecer y vivir en armonía conmigo misma, con el resto de las personas y con Dios. Soy digna para ser aceptada y amada exactamente como soy, aquí y ahora. Me amo y me acepto, decido vivir plenamente desde hoy."
Virginia Satir

lunes, 13 de septiembre de 2010

Yo elijo...


Hoy os vamos a pedir una cosa, un pequeño esfuerzo.
Os pedimos que con vuestras palabras nos ayudéis a recordar que tenemos la libertad para elegir como vivir nuestras vidas, que no podemos elegir que harán los demás pero cada día podemos elegir que hacer nosotros y que podemos vivir según nuestros valores.

Os pedimos que nos inspiréis con vuestras palabras, no es fácil, consiste en completar la frase "Yo elijo..." para que el abanico de elecciones de cada día crezca ayudados por la creatividad y la reflexión de todos y todas.

Sin juicios, sin pensar si es bueno o malo, tan sólo con la generosidad de compartir y el compromiso de cumplir lo elegido.

Recordad, por favor, sólo una frase por comentario.

Muchas gracias. Namasté. Yo elijo...

jueves, 2 de septiembre de 2010

Namasté



Hace un par de años, inundado por primera vez por la magia de Nepal una palabra me conquistó especialmente, parecía una palabra simple, parecida a nuestro "hola", una forma de saludar al llegar a algún sitio o al encontrarte con alguien, pero pronto me explicaron que su significado y simbolismo iban mucho más allá de un simple saludo.

Namasté significa "Saludo lo Divino que hay en ti" o "Saludo/Honro lo sagrado que hay en ti".

Es un saludo que reconoce que cada ser humano es único y que todas y cada una de las personas tiene algo sagrado dentro, una parte de la divinidad creadora, unos dones especiales que les han sido concedidos para desarrollar y compartir con los demás.

Para poder saludar a los demás con un "Namasté" primero hemos de aprender a honrarnos a nosotros mismos, porque sólo desde nuestra propia divinidad podremos percibir la de los demás. Si ésta está ausente será difícil que podamos reconocer lo divino de los demás y tenderemos más bien a la critica y a competir con ellos.

Esa es una de las responsabilidades que tenemos en nuestra vida, descubrir esa divinidad interna y honrarla a través de desarrollar nuestros dones únicos para devolver al Universo lo que nos ha sido regalado.

Quizá solo tengamos que cambiar un poco nuestra mirada, esforzarnos por mirar un poco más profundo y descubrir aquello que es divino en los demás y honrarlo. Si todos hiciésemos eso... ¿Quién sería capaz de agredir a los demás? ¿Quién sería capaz de agredir algo sagrado? Reconocer la verdad que reside bajo nuestras defensas y miedos es difícil, pero mucho más difícil es vivir buscando permanentemente los defectos de los demás para poder justificar nuestras agresiones, desprecios o inseguridades.

Así que... ¿Por qué no hacer un esfuerzo para reconocer durante este mes lo divino que hay en los demás? Por probar no se pierde nada y no sabemos que podemos descubrir...
¡os lanzamos el reto!

Namasté

miércoles, 18 de agosto de 2010

Las 3 c's del cambio


Podemos afrontar y superar cualquiera de nuestros miedos.
Pero aunque todos podamos hacerlo eso no significa que sea fácil. Afrontar nuestros "lobos" requiere de lo que yo llamo las tres c's del cambio:

La primera "c" es la Consciencia, sólo cuando somos conscientes de que algo pasa podremos cambiarlo. El autoengaño es uno de los problemas más importantes que afronta a nivel emocional nuestra sociedad. Tenemos unos impresionantes mecanismos de defensa que nos protegen de lo que nuestra mente considera dañino y a veces estamos tan apegados a esos mecanismos que pensamos que nosotros mismos somos así. Nos identificamos con las defensas de nuestro ego (o de nuestra mente) que nos permiten sentirnos seguros ante determinadas circunstancias y pagamos un enorme precio: nuestra libertad. Cada uno de nosotros somos exactamente lo que deseamos ser y si algo de nosotros nos hace sentir mal es que eso no somos nosotros. Como por pura definición es imposible que nos sintamos mal siendo lo que somos cada vez que nos sentimos mal es una extraordinaria señal que nos indica que hemos entrado en nuestras "personalidades defensivas" y ser consciente de que eso que me molesta, asusta, limita y/o entristece no soy yo es el primer paso para cambiarlo.

La segunda "c" del cambio es el Coraje. Como veíamos en el anterior post, una vez soy consciente de mis miedos o limitaciones se necesita mucho coraje para enfrentarme a ello. En ocasiones llevamos años defendiéndonos y huyendo de ello con lo que llevamos años agrandándolo. Porque cualquier miedo se alimenta de nuestros pensamientos sobre él, sólo si nosotros lo alimentamos podrá crecer, si dejamos de pensarlo y tenemos la valentía de avanzar hacía ello será cuando esos miedos construidos desaparezcan. Sentir la sensación es una pauta que hemos dado muchas veces en este blog. Acomodarnos en el "yo soy así" o en "es el otro el que tiene que cambiar" tan sólo nos inmoviliza y nos quita poder.

Y para poder tener el coraje necesitamos imprescindiblemente la tercera "c" del cambio, el Cariño. Sólo desde el amor por nosotros mismos podremos desarrollar la seguridad y la fuerza para afrontar nuestros miedos. No podemos olvidar que la mayoría de ellos se construyeron cuando éramos unos niños vulnerables y dependientes y que la zona del cerebro donde se grabó esa instrucción de miedo sigue anclada en esa edad. Y todos sabemos que para que un niño se enfrente a algo que le atemoriza necesita ineludiblemente que el adulto de referencia le de seguridad y cariño. ¿Qué ocurre si gritamos o insultamos a un niño que, por ejemplo, no quiere entrar en la piscina porque le da miedo el agua? Pues que su miedo y su resistencia aumentarán y sus mecanismos de defensa empezarán a mandar señales de peligro ante el agua provocadas por el miedo inicial y por la necesidad de defenderse ante nuestra presión. En el futuro seguirá cada vez más justificando su miedo "a mi no me gusta el agua", "no me apetece la piscina", etc. que irá creando un circulo vicioso que le podrá llevar a limitar su vida y disfrutar del placer de la piscina o el mar. ¿Y cómo nos tratamos a nosotros mismos cuando cometemos un error o nos da miedo algo que supuestamente tendríamos que tener superado? pues o con una crítica salvaje hacía nosotros mismos que nos debilita o con mil y una justificaciones que sólo alimentan nuestros miedos.

Así pues empecemos por tratarnos a nosotros con mucho cariño (cuidar a nuestro niño interior) para así poder desarrollar la fuerza para poder tener el coraje suficiente para afrontar aquello que no necesitamos seguir justificando y ante lo que ya somos conscientes. Y si solos sentimos que no podemos, pues pidamos ayuda que en ocasiones necesitamos a un profesional que nos ayude a llegar a esas zonas límbicas que hemos protegido con muros y muros de mecanismos de defensa.

domingo, 1 de agosto de 2010

La solución a nuestros lobos

Os pongo un precioso anuncio de los grandes almacenes peruanos Sagafalabella que describe mejor que yo que hacer con nuestros lobos:



Sin duda somos nosotros y nosotras los que alimentamos nuestros miedos, el miedo se alimenta de si mismo y cuanta más atención y más valor le concedemos más crece y más nos domina. La solución es tan fácil como difícil, fácil porque lo único que hay que hacer es desactivarlo y enfrentarlo, difícil porque precisamente eso es lo más complicado y lo que más suele alimentar los miedos, nuestra mente (en la mayoría de los casos el sistema límbico como hemos tratado en otras ocasiones) empieza a engañarnos mandándonos reiteradas y enormes señales de peligro en cuanto nos planteamos enfrentar y superar lo que nos limita. Son los famosos pensa-mientos, esas mentiras que tratando de ayudarnos lo único que hacen es alimentar nuestros miedos y aumentar nuestras limitaciones.

Tratemos de coger fuerzas aprovechando estos días de vacaciones (los/as que las tengan) para volver con la valentía suficiente para deshacer nuestros lobos, liberarnos de nuestros miedos y abrir los brazos a nuestra libertad.

jueves, 22 de julio de 2010

Dos lobos

Una paciente me trajo el otro día un regalo a la consulta muy a colación del último tema tratado en el blog, una bolsa de la tienda natura que contenía la siguiente leyenda:



Un viejo indio estaba hablando con su nieto y le decía:

"Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión."

El nieto preguntó:

"Abuelo, dime ¿cuál de los dos ganará la pelea en tu corazón?"

EL abuelo contestó:

"Aquel que yo alimente"

jueves, 8 de julio de 2010

Federica, ¿tú quién eres?

Federica subía a casa absolutamente indignada.
- Agustín, el del tercero, es un auténtico maleducado - le contó a su madre en un tono muy parecido al de los gritos. - Me he cruzado con él en el portal y, una vez más, yo le he dado los buenos días y él ni se ha dignado a contestarme. Es un gilipollas integral y no voy a volver a saludarle.
- Federica - le dijo su madre. - ¿Tú quién eres?
- ¿Cómo? – Respondió Federica algo sorprendida y ya bajando considerablemente el tono.
- Te pregunto que tú quién eres - respondió ella dulcemente y al ver su cara de no entender nada prosiguió. - ¿Tú eres una persona educada o maleducada?
- Educada.
- Y si dejas de saludar a Agustín cuando te cruces en el portal ¿en qué te convertirías?
El silencio de Federica fue una respuesta más evidente que cualquier palabra que hubiese pronunciado.
- Pues hija, si dejas de ser quién eres y te conviertes en lo que no eres será imposible que seas feliz. Porque sólo podemos ser felices desde lo que somos en realidad. – Tras un pequeño silencio su madre continuó. – Si dejas de ser quien eres entrarás en una en una guerra contigo misma y esa guerra no sólo te hará sentir mal, sino que provocará que desde ese momento toda tu vida alrededor de ese hecho estará dedicada a buscar mil y una justificaciones de por qué Agustín es el culpable de tu malestar. Cuando en realidad, es sólo tu decisión de dejar de ser quien eres lo que te lo estará provocando.
Federica escuchaba inmóvil mientras que muchas cosas se iban moviendo dentro de ella.
- No sé si es muy importante quién tiene razón o por qué Agustín actúa así. Igual es un maleducado o quizá simplemente sea tan tímido e inseguro que le sea más fácil bajar la cabeza que mirar a los ojos y decir buenos días. Pero eso no es lo importante, lo importante es qué vas a hacer tú ¿Vas a juzgarle, rebajarle y, tras haber encontrado las justificaciones que te lo permitan, agredirle? ¿O vas a ser fiel a lo que eres, respetar sus motivos o sus valores aunque sean diferentes a los tuyos y seguir tratándole con el amor que hay en tu corazón? – prosiguió la madre de Federica en un tono ya más solemne, consciente de la importancia de los cambios que se estaban produciendo dentro de su hija.
- Ten cuidado hija, hay decisiones con las que luego cargamos toda la vida – Y, tras hacer una pausa, prosiguió. – Al traicionar nuestros valores creamos una guerra interna que sólo podemos ganar si nos ponemos en una posición de superioridad ante el otro. Para ello, empezamos a filtrar la realidad para hacerla coincidir con nuestro pensa-miento. Primero imaginamos que somos inocentes y tenemos razón, para eso distorsionamos la realidad atendiendo solo a los hechos que confirman nuestra bondad y que somos víctimas. Luego hacemos una segunda distorsión de la realidad, juzgamos al otro fijándonos solo en lo que ha hecho mal, eliminando cualquier dato que nos diga que el otro también es un ser humano con cualidades, bondad y sentimientos. A partir de ahí iniciamos guerras contra los demás, cuando en realidad la única guerra es contra nosotras mismas desde el momento en que decidimos traicionar nuestros valores y a nosotras mismas. Seguramente es más fácil culpar al otro que enfrentarnos a nuestras propias inseguridades y miedos, pero eso no nos hará felices de verdad.
Además, Federica, ¿Quién dirige tu vida? ¿Tú misma o Agustín? ¿Quién decide lo que harás el próximo día por la mañana en el portal de casa? -.
Pero Federica ya no estaba escuchando, porque hacía rato que había comprendido el sentido de las palabras de su madre, algo muy dentro de ella le decía que no olvidaría nunca esa lección y, además, ya sabía lo que haría el próximo día que se encontrase con Agustín en la puerta del portal de su casa.




Y es que cuando olvidamos quiénes somos y empezamos a culpar a los demás de nuestras propias traiciones a nuestros valores entramos en un círculo vicioso en el que culpamos a los demás de algo que es sólo nuestro: nuestra traición a nuestros propios valores.
Imagina que algunos de tus valores son, por ejemplo:
-       Ser una persona educada, como Federica, en vez de maleducada.
-       Ser abierta frente a ser cerrada.
-       Ayudar a las personas vulnerables en vez de machacarlas.
-       Ser independiente dejando que mi vida dependa de mí.
Entonces se produce una situación en tu vida que te reta, por ejemplo que alguien te insulta o te trata de manera brusca sin motivo. Ante esa situación se abren ante nosotras dos opciones: honrarnos o traicionarnos. Cuando me honro sigo mis valores, cuando me traiciono hago lo contrario a lo que dictan mis valores (muchas veces haciendo exactamente lo mismo que lo que critico en el otro).
Cuando recibo el insulto ¿qué ocurre en mí?:
-       ¿Permanezco educada o por dentro insulto de vuelta? Si dentro de mí empiezo a juzgar a la persona como una impresentable, ignorante, abusiva, etc. entonces ¿estoy siendo educada o maleducada?
-       ¿Me pongo en una posición abierta preguntándome qué hace que la persona se ponga así o me cierro pensando que se equivoca y es injusta?
-       ¿Me pongo en una posición de ayuda o como me ha insultado me centro en hacerle pagar su afrenta y dejo de colaborar? En el módulo anterior veíamos que una persona que se pone agresiva es una persona que se siente en peligro o amenazada así que… ¿es una persona que se siente vulnerable?
-       ¿Sigo estando feliz o me enfado? Mi día empezó bien y yo me sentía bien, pero desde que esa persona me ha tratado así me siento mal. Así que si esa persona ha cambiado mi día… ¿estoy siendo independiente o soy dependiente de cómo me traten los demás para sentirme de una manera u otra?
Si he contestado a muchas de esas preguntas con la segunda opción, entonces estoy traicionando mis valores. Cuando lo hago ¿Cómo me siento? Pues imagino que muy mal y como no nos gusta sentirnos mal empezamos un proceso defensivo de justificación. Justifico mi traición a los valores a través de una pequeña distorsión de la realidad que hace que el otro sea el culplable. Esa distorsión tiene dos vertientes. Por un lado me elevo a mi misma, elimino de mi percepción la parte en la que estoy siendo maleducada, cerrada y agresiva y doy valor a mi parte que se siente atacada, víctima, que no ha hecho nada, que no merece ser tratada así, ect. Por otro lado rebajo al otro, me centro en las cosas que está haciendo mal olvidando todas sus características buenas.
Y cuando hago esa distorsión de la realidad, ¿cómo reacciona el otro? Pues evidentemente haciendo lo mismo, defendiéndose de mi rebaja subiéndose a ella misma y respondiendo ante la elevación que hago de mí misma rebajándome. Es decir, con mi actitud favorezco una justificación a su autoengaño y ella con su actitud favorece el mío. Tenemos así servido un bonito conflicto que… ¿por qué se mantiene y crece? ¡Simplemente porque he traicionado mis valores!

Existe una ley universal, ley de causa y efecto, que nos señala que todas las energías, positivas o negativas, que enviamos al mundo vuelven a nosotras pero multiplicadas. Si sembramos amor cosechamos amor, si sembramos odio recogemos odio. Parece un concepto muy sencillo y a veces irreal, todas tenemos experiencias en que alguien no recibe “su merecido”, pero una mirada profunda y a largo plazo nos demuestra que una y otra vez esta ley se cumple. En el próximo módulo trataremos el tema del equilibrio y veremos esto en más profundidad.
Ahora lo que quiero es que reflexionemos sobre ello porque si deseamos recibir los exquisitos regalos de la vida, de nosotras depende sembrar las semillas adecuadas y ganárnoslo. Los regalos de la vida no llegan por suerte o azar, son consecuencia de nuestros pensamientos y de nuestras acciones.  Somos los responsables de las cosas que suceden en nuestra vida. Esto también será algo que trabajaremos en los módulos de autogestión, cuando veamos lo que podemos hacer para construir la vida que deseamos. De momento lo que me interesa es que grabemos en nosotras que nuestras acciones crean realidades y que, cuando traicionamos nuestros valores lo que llegará a nuestra vida es justo aquello que rechazamos.
Lo que no sabemos es que la madre de Federica le dijo al final de su conversación
-     Hija, ¿por qué no pruebas a ponérselo difícil a Agustín? Si en vez de decirle un simple “buenos días” le dices “Buenos días Agustín ¿Cómo estás?” ¿no será para él más difícil no contestar?
Y ¿qué creéis que pasó? Pues que Federica fue la única vecina a la que Agustín saludaba, incluso quién sabe si saludaba también a los demás y otros se vieron beneficiados de su actitud.
Y si hubiese dejado de saludarle saliendo del portal llena de noradrenalina ¿Cómo hubiese sido su día? Me temo que lleno de “mala suerte”, ya sabemos el efecto que tiene la noradrenalina sobre nuestra percepción de la realidad.