miércoles, 18 de agosto de 2010

Las 3 c's del cambio


Podemos afrontar y superar cualquiera de nuestros miedos.
Pero aunque todos podamos hacerlo eso no significa que sea fácil. Afrontar nuestros "lobos" requiere de lo que yo llamo las tres c's del cambio:

La primera "c" es la Consciencia, sólo cuando somos conscientes de que algo pasa podremos cambiarlo. El autoengaño es uno de los problemas más importantes que afronta a nivel emocional nuestra sociedad. Tenemos unos impresionantes mecanismos de defensa que nos protegen de lo que nuestra mente considera dañino y a veces estamos tan apegados a esos mecanismos que pensamos que nosotros mismos somos así. Nos identificamos con las defensas de nuestro ego (o de nuestra mente) que nos permiten sentirnos seguros ante determinadas circunstancias y pagamos un enorme precio: nuestra libertad. Cada uno de nosotros somos exactamente lo que deseamos ser y si algo de nosotros nos hace sentir mal es que eso no somos nosotros. Como por pura definición es imposible que nos sintamos mal siendo lo que somos cada vez que nos sentimos mal es una extraordinaria señal que nos indica que hemos entrado en nuestras "personalidades defensivas" y ser consciente de que eso que me molesta, asusta, limita y/o entristece no soy yo es el primer paso para cambiarlo.

La segunda "c" del cambio es el Coraje. Como veíamos en el anterior post, una vez soy consciente de mis miedos o limitaciones se necesita mucho coraje para enfrentarme a ello. En ocasiones llevamos años defendiéndonos y huyendo de ello con lo que llevamos años agrandándolo. Porque cualquier miedo se alimenta de nuestros pensamientos sobre él, sólo si nosotros lo alimentamos podrá crecer, si dejamos de pensarlo y tenemos la valentía de avanzar hacía ello será cuando esos miedos construidos desaparezcan. Sentir la sensación es una pauta que hemos dado muchas veces en este blog. Acomodarnos en el "yo soy así" o en "es el otro el que tiene que cambiar" tan sólo nos inmoviliza y nos quita poder.

Y para poder tener el coraje necesitamos imprescindiblemente la tercera "c" del cambio, el Cariño. Sólo desde el amor por nosotros mismos podremos desarrollar la seguridad y la fuerza para afrontar nuestros miedos. No podemos olvidar que la mayoría de ellos se construyeron cuando éramos unos niños vulnerables y dependientes y que la zona del cerebro donde se grabó esa instrucción de miedo sigue anclada en esa edad. Y todos sabemos que para que un niño se enfrente a algo que le atemoriza necesita ineludiblemente que el adulto de referencia le de seguridad y cariño. ¿Qué ocurre si gritamos o insultamos a un niño que, por ejemplo, no quiere entrar en la piscina porque le da miedo el agua? Pues que su miedo y su resistencia aumentarán y sus mecanismos de defensa empezarán a mandar señales de peligro ante el agua provocadas por el miedo inicial y por la necesidad de defenderse ante nuestra presión. En el futuro seguirá cada vez más justificando su miedo "a mi no me gusta el agua", "no me apetece la piscina", etc. que irá creando un circulo vicioso que le podrá llevar a limitar su vida y disfrutar del placer de la piscina o el mar. ¿Y cómo nos tratamos a nosotros mismos cuando cometemos un error o nos da miedo algo que supuestamente tendríamos que tener superado? pues o con una crítica salvaje hacía nosotros mismos que nos debilita o con mil y una justificaciones que sólo alimentan nuestros miedos.

Así pues empecemos por tratarnos a nosotros con mucho cariño (cuidar a nuestro niño interior) para así poder desarrollar la fuerza para poder tener el coraje suficiente para afrontar aquello que no necesitamos seguir justificando y ante lo que ya somos conscientes. Y si solos sentimos que no podemos, pues pidamos ayuda que en ocasiones necesitamos a un profesional que nos ayude a llegar a esas zonas límbicas que hemos protegido con muros y muros de mecanismos de defensa.

domingo, 1 de agosto de 2010

La solución a nuestros lobos

Os pongo un precioso anuncio de los grandes almacenes peruanos Sagafalabella que describe mejor que yo que hacer con nuestros lobos:



Sin duda somos nosotros y nosotras los que alimentamos nuestros miedos, el miedo se alimenta de si mismo y cuanta más atención y más valor le concedemos más crece y más nos domina. La solución es tan fácil como difícil, fácil porque lo único que hay que hacer es desactivarlo y enfrentarlo, difícil porque precisamente eso es lo más complicado y lo que más suele alimentar los miedos, nuestra mente (en la mayoría de los casos el sistema límbico como hemos tratado en otras ocasiones) empieza a engañarnos mandándonos reiteradas y enormes señales de peligro en cuanto nos planteamos enfrentar y superar lo que nos limita. Son los famosos pensa-mientos, esas mentiras que tratando de ayudarnos lo único que hacen es alimentar nuestros miedos y aumentar nuestras limitaciones.

Tratemos de coger fuerzas aprovechando estos días de vacaciones (los/as que las tengan) para volver con la valentía suficiente para deshacer nuestros lobos, liberarnos de nuestros miedos y abrir los brazos a nuestra libertad.

jueves, 22 de julio de 2010

Dos lobos

Una paciente me trajo el otro día un regalo a la consulta muy a colación del último tema tratado en el blog, una bolsa de la tienda natura que contenía la siguiente leyenda:



Un viejo indio estaba hablando con su nieto y le decía:

"Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión."

El nieto preguntó:

"Abuelo, dime ¿cuál de los dos ganará la pelea en tu corazón?"

EL abuelo contestó:

"Aquel que yo alimente"

jueves, 8 de julio de 2010

Federica, ¿tú quién eres?

Federica subía a casa absolutamente indignada.
- Agustín, el del tercero, es un auténtico maleducado - le contó a su madre en un tono muy parecido al de los gritos. - Me he cruzado con él en el portal y, una vez más, yo le he dado los buenos días y él ni se ha dignado a contestarme. Es un gilipollas integral y no voy a volver a saludarle.
- Federica - le dijo su madre. - ¿Tú quién eres?
- ¿Cómo? – Respondió Federica algo sorprendida y ya bajando considerablemente el tono.
- Te pregunto que tú quién eres - respondió ella dulcemente y al ver su cara de no entender nada prosiguió. - ¿Tú eres una persona educada o maleducada?
- Educada.
- Y si dejas de saludar a Agustín cuando te cruces en el portal ¿en qué te convertirías?
El silencio de Federica fue una respuesta más evidente que cualquier palabra que hubiese pronunciado.
- Pues hija, si dejas de ser quién eres y te conviertes en lo que no eres será imposible que seas feliz. Porque sólo podemos ser felices desde lo que somos en realidad. – Tras un pequeño silencio su madre continuó. – Si dejas de ser quien eres entrarás en una en una guerra contigo misma y esa guerra no sólo te hará sentir mal, sino que provocará que desde ese momento toda tu vida alrededor de ese hecho estará dedicada a buscar mil y una justificaciones de por qué Agustín es el culpable de tu malestar. Cuando en realidad, es sólo tu decisión de dejar de ser quien eres lo que te lo estará provocando.
Federica escuchaba inmóvil mientras que muchas cosas se iban moviendo dentro de ella.
- No sé si es muy importante quién tiene razón o por qué Agustín actúa así. Igual es un maleducado o quizá simplemente sea tan tímido e inseguro que le sea más fácil bajar la cabeza que mirar a los ojos y decir buenos días. Pero eso no es lo importante, lo importante es qué vas a hacer tú ¿Vas a juzgarle, rebajarle y, tras haber encontrado las justificaciones que te lo permitan, agredirle? ¿O vas a ser fiel a lo que eres, respetar sus motivos o sus valores aunque sean diferentes a los tuyos y seguir tratándole con el amor que hay en tu corazón? – prosiguió la madre de Federica en un tono ya más solemne, consciente de la importancia de los cambios que se estaban produciendo dentro de su hija.
- Ten cuidado hija, hay decisiones con las que luego cargamos toda la vida – Y, tras hacer una pausa, prosiguió. – Al traicionar nuestros valores creamos una guerra interna que sólo podemos ganar si nos ponemos en una posición de superioridad ante el otro. Para ello, empezamos a filtrar la realidad para hacerla coincidir con nuestro pensa-miento. Primero imaginamos que somos inocentes y tenemos razón, para eso distorsionamos la realidad atendiendo solo a los hechos que confirman nuestra bondad y que somos víctimas. Luego hacemos una segunda distorsión de la realidad, juzgamos al otro fijándonos solo en lo que ha hecho mal, eliminando cualquier dato que nos diga que el otro también es un ser humano con cualidades, bondad y sentimientos. A partir de ahí iniciamos guerras contra los demás, cuando en realidad la única guerra es contra nosotras mismas desde el momento en que decidimos traicionar nuestros valores y a nosotras mismas. Seguramente es más fácil culpar al otro que enfrentarnos a nuestras propias inseguridades y miedos, pero eso no nos hará felices de verdad.
Además, Federica, ¿Quién dirige tu vida? ¿Tú misma o Agustín? ¿Quién decide lo que harás el próximo día por la mañana en el portal de casa? -.
Pero Federica ya no estaba escuchando, porque hacía rato que había comprendido el sentido de las palabras de su madre, algo muy dentro de ella le decía que no olvidaría nunca esa lección y, además, ya sabía lo que haría el próximo día que se encontrase con Agustín en la puerta del portal de su casa.




Y es que cuando olvidamos quiénes somos y empezamos a culpar a los demás de nuestras propias traiciones a nuestros valores entramos en un círculo vicioso en el que culpamos a los demás de algo que es sólo nuestro: nuestra traición a nuestros propios valores.
Imagina que algunos de tus valores son, por ejemplo:
-       Ser una persona educada, como Federica, en vez de maleducada.
-       Ser abierta frente a ser cerrada.
-       Ayudar a las personas vulnerables en vez de machacarlas.
-       Ser independiente dejando que mi vida dependa de mí.
Entonces se produce una situación en tu vida que te reta, por ejemplo que alguien te insulta o te trata de manera brusca sin motivo. Ante esa situación se abren ante nosotras dos opciones: honrarnos o traicionarnos. Cuando me honro sigo mis valores, cuando me traiciono hago lo contrario a lo que dictan mis valores (muchas veces haciendo exactamente lo mismo que lo que critico en el otro).
Cuando recibo el insulto ¿qué ocurre en mí?:
-       ¿Permanezco educada o por dentro insulto de vuelta? Si dentro de mí empiezo a juzgar a la persona como una impresentable, ignorante, abusiva, etc. entonces ¿estoy siendo educada o maleducada?
-       ¿Me pongo en una posición abierta preguntándome qué hace que la persona se ponga así o me cierro pensando que se equivoca y es injusta?
-       ¿Me pongo en una posición de ayuda o como me ha insultado me centro en hacerle pagar su afrenta y dejo de colaborar? En el módulo anterior veíamos que una persona que se pone agresiva es una persona que se siente en peligro o amenazada así que… ¿es una persona que se siente vulnerable?
-       ¿Sigo estando feliz o me enfado? Mi día empezó bien y yo me sentía bien, pero desde que esa persona me ha tratado así me siento mal. Así que si esa persona ha cambiado mi día… ¿estoy siendo independiente o soy dependiente de cómo me traten los demás para sentirme de una manera u otra?
Si he contestado a muchas de esas preguntas con la segunda opción, entonces estoy traicionando mis valores. Cuando lo hago ¿Cómo me siento? Pues imagino que muy mal y como no nos gusta sentirnos mal empezamos un proceso defensivo de justificación. Justifico mi traición a los valores a través de una pequeña distorsión de la realidad que hace que el otro sea el culplable. Esa distorsión tiene dos vertientes. Por un lado me elevo a mi misma, elimino de mi percepción la parte en la que estoy siendo maleducada, cerrada y agresiva y doy valor a mi parte que se siente atacada, víctima, que no ha hecho nada, que no merece ser tratada así, ect. Por otro lado rebajo al otro, me centro en las cosas que está haciendo mal olvidando todas sus características buenas.
Y cuando hago esa distorsión de la realidad, ¿cómo reacciona el otro? Pues evidentemente haciendo lo mismo, defendiéndose de mi rebaja subiéndose a ella misma y respondiendo ante la elevación que hago de mí misma rebajándome. Es decir, con mi actitud favorezco una justificación a su autoengaño y ella con su actitud favorece el mío. Tenemos así servido un bonito conflicto que… ¿por qué se mantiene y crece? ¡Simplemente porque he traicionado mis valores!

Existe una ley universal, ley de causa y efecto, que nos señala que todas las energías, positivas o negativas, que enviamos al mundo vuelven a nosotras pero multiplicadas. Si sembramos amor cosechamos amor, si sembramos odio recogemos odio. Parece un concepto muy sencillo y a veces irreal, todas tenemos experiencias en que alguien no recibe “su merecido”, pero una mirada profunda y a largo plazo nos demuestra que una y otra vez esta ley se cumple. En el próximo módulo trataremos el tema del equilibrio y veremos esto en más profundidad.
Ahora lo que quiero es que reflexionemos sobre ello porque si deseamos recibir los exquisitos regalos de la vida, de nosotras depende sembrar las semillas adecuadas y ganárnoslo. Los regalos de la vida no llegan por suerte o azar, son consecuencia de nuestros pensamientos y de nuestras acciones.  Somos los responsables de las cosas que suceden en nuestra vida. Esto también será algo que trabajaremos en los módulos de autogestión, cuando veamos lo que podemos hacer para construir la vida que deseamos. De momento lo que me interesa es que grabemos en nosotras que nuestras acciones crean realidades y que, cuando traicionamos nuestros valores lo que llegará a nuestra vida es justo aquello que rechazamos.
Lo que no sabemos es que la madre de Federica le dijo al final de su conversación
-     Hija, ¿por qué no pruebas a ponérselo difícil a Agustín? Si en vez de decirle un simple “buenos días” le dices “Buenos días Agustín ¿Cómo estás?” ¿no será para él más difícil no contestar?
Y ¿qué creéis que pasó? Pues que Federica fue la única vecina a la que Agustín saludaba, incluso quién sabe si saludaba también a los demás y otros se vieron beneficiados de su actitud.
Y si hubiese dejado de saludarle saliendo del portal llena de noradrenalina ¿Cómo hubiese sido su día? Me temo que lleno de “mala suerte”, ya sabemos el efecto que tiene la noradrenalina sobre nuestra percepción de la realidad.






lunes, 28 de junio de 2010

Nada sucede por casualidad

Me ha llegado por internet esta historia que quería compartir porque me ha tocado el corazón y de verdad creo que nada es casualidad, todo lo que haces el Universo de alguna manera te lo recompensa en el futuro, dejemos que esta historia inspire nuestras vidas...

Un día, un muchacho pobre que vendía mercadería de puerta en puerta para pagar sus estudios vio que sólo le quedaba una simple moneda de diez centavos y tenía hambre. Decidió pedir comida en la próxima casa. Sin embargo, los nervios lo traicionaron cuando una encantadora joven le abrió la puerta. En vez de comida, le pidió un vaso de agua. Ella pensó que el joven tendría hambre y le dio un gran vaso de leche.

Él bebió despacito y después le preguntó: 
-¿Cuánto le debo? 
-
- No me debes nada - respondió ella. Y continuo - Mi madre nos enseñó a no aceptar pago por una caridad. -

Cuando Howard Kelly
 salió de aquella casa, no sólo se sintió mas fuerte físicamente, sino que también su fe en Dios y en los seres humanos era más fuerte. 
Él ya se había resignado a rendirse y dejar todo.

Años después, esa joven enfermó gravemente,Los médicos de su pueblo estaban confundidos y finalmente la enviaron a la ciudad más cercana, donde llamaron a un especialista para estudiar su extraña enfermedad. Llamaron al doctor Howard Kelly.

Cuando el médico escuchó el nombre del pueblo de donde era ella, una extraña 
luz iluminó sus ojos. Inmediatamente, vestido con su bata de médico, fue a ver a la paciente.
 Reconoció inmediatamente
a aquella mujer y se propuso hacer todo lo posible para salvar su vida. Le dedicó una atención todavía más especial a aquella paciente y después de una dura lucha por la vida de la enferma, se ganó la batalla.

El Dr. Kelly pidió a la administración del
hospital que le enviara la factura total de los gastos. La pagó y después anotó algo y mandó que se la entregaran a la paciente.


Ella tenía miedo de leer el documento, porque sabía que tendría que invertir el resto de su vida para pagar todos los gastos.
Finalmente, leyó la factura y algo le llamó la atención. Decía lo siguiente: "Totalmente pagada hace muchos años con un vaso de leche: 
Dr. Howard Kelly."
Lágrimas de alegría brotaron de los ojos de la mujer y su corazón feliz rezó: “Gracias Dios, porque tu
 amor se manifestó en las manos y en los corazones humanos."


En la vida nada sucede porque sí, lo que haces hoy mañana puede hacer la diferencia en tu vida. Disfruta de tu hoy.

sábado, 19 de junio de 2010

Rendirse frente a las fronteras

“Tira para adelante” “No tires la toalla” “Resiste”…
¿Cuántas veces hemos escuchado mensajes de este tipo? ¿Cuántas veces hemos recitado estas mismas palabras frente al que sufre? ¿Cuántas veces nos hemos reprochado no tener la actitud de súper héroe que la situación “supuestamente” requiere?

Brotan automáticamente de nuestra mente como resultado de un aprendizaje que se enraizó, que se enquistó, mucho antes de darnos la oportunidad de hacernos la pregunta necesaria: ¿por qué?

¿Por qué no rendirse? Entendiendo siempre que rendirse no es sinónimo necesario de resignarse.
Existen fronteras en nuestra vida cotidiana. Fronteras que nos impiden el paso, que nos superan, que tiran por tierra expectativas, ilusiones, especulaciones de cómo tendría que haber sido nuestro momento actual o el futuro deseado. Ante esas fronteras surgen todo tipo de “recursos” que en un principio tratan de ayudarnos a forzar el paso y traspasar dicha frontera, hablo de la rabia, de la pena, del miedo, del resentimiento, de la culpa, “de la pataleta” que se apodera de nosotros cuando vemos una esperanza truncada. Es nuestro instinto de supervivencia queriéndonos decir que hay que seguir adelante a toda costa, pese a las dificultades y pese a nuestras limitaciones.

Pero ninguno de estos recursos borra la frontera. Sigue estando ahí, impertérrita frente al sufrimiento que provoca, frente al sufrimiento que nos provocamos precisamente por no aceptar su existencia.

Rendirse frente a la frontera y entender que no es el momento de pasar porque no nos toca, porque antes hay que aprender algo mucho más esencial que colocarnos una medalla, porque antes de pasar cualquier frontera es necesario rendirnos ante nosotros mismos, desnudarnos ante los miedos y decir “estoy frente a la tormenta y puede que no salga, pero también puede que a fuerza de no nadar contracorriente llegue a otra orilla inesperada que me permita volver a ponerme en pie”

Es precisamente ahí, justo en ese momento en que dejamos de luchar y nos rendimos ante las circunstancias, cuando algo, no en la muralla que tenemos enfrente, sino en el abismo caótico en que se ha convertido nuestro ser, cuando aparece una pequeña rendija de luz, apenas imperceptible (de hecho, ni la vemos). Es como cuando amanece, ¿realmente nos damos cuenta del primer rayo de sol de la mañana? Es así como operan los cambios. De repente se va abriendo ante nosotros un camino de certeza. Un camino a veces incómodo (puesto que no era el que esperábamos), a veces disfrazado de incertidumbre, de tiempo que no pasa, de soledad, vacío… pero no por ello equivocado, no por ello menos cierto.

No se trata de ponernos una venda en los ojos para “ver” que al fin pasamos la frontera sin enterarnos. Se trata de saber que nuestro paso no es dirigirse hacia adelante, sino hacia adentro. Y eso es rendirse para continuar creciendo.

¿Y qué pasa con los otros? ¿Con las fronteras de los otros? ¿Podemos tirar de la mano de quien se ha plantado frente a su propia muralla? E aquí una nueva frontera y la respuesta parece seguir siendo la misma: ríndete contigo para que el otro también aprenda a rendirse consigo mismo y pueda al fin caminar solo.

Por generosidad, por respeto, por solidaridad, por sabiduría… entiende que los demás también tienen cosas que aprender, necesitan su espacio para crecer, para darse cabezazos contra un muro que no se vence a base de resistencia ni de fuerza, sino a base de una apertura de su alma, pero antes tiene que encontrarla y nadie sabe el tiempo exacto, y puede que no coincida con tu tiempo ni con tus ganas, ni con tus intentos de que el otro no sufra y se supere. Es así de simple y de… ¿jodido? Pues sí. Porque la aceptación duele, porque quieres decirle al otro que si quiere puede, que la frontera no es invencible y al otro lado le espera algo maravilloso, pero…
¿es eso lo que realmente necesita el otro? ¿necesitabas tú, cuando estabas en la línea de la frontera, sin poder pasarla, que alguien al otro lado te dijera que habían cuerdas por las que escalar?

Sería como haber visto destellos al otro lado pero sin encontrar tu propia luz. Y ese es el único y más verdadero visado: tu propia luz. Y cuando la encuentras sabrás que es insustituible, que nunca la cambiarás por la de otro y que no le servirá a nadie más que a ti, porque sólo tiene intensidad para alumbrar tus pasos, y que quizás, y sólo quizás, ese brillo les recuerde a otros que también pueden encontrar su propio resplandor.

Natalia Kraus

lunes, 7 de junio de 2010

Permitiéndome el lujo de elegir...

Hoy leía a una persona diciendo "Permitiéndome el lujo de elegir... enfocando mi vida en otra dirección" y esa frase me ha llenado de orgullo y admiración por ella. Hace años, trabajando en ambulancias, teníamos una regla no escrita, al llegar a un accidente la persona que más grita y más se queja no suele ser la que está peor (al fin y al cabo todavía tiene fuerza para gritar) así que superando la inercia de prestar atención a la que más la llama, había que evaluar a aquellas más silenciosas que podrían estar peor.

Y es que hay personas que aunque no levanten la voz tienen una historia personal realmente dura, que parece que la vida les pone una tras otra las pruebas más duras. Esta persona a la que homenajeo con estas letras hoy es una de esas. Oír su historia y verla sentada al otro lado de la mesa con la valentía de querer superar un palo más, incluso más grande que el anterior, es una lección de esas que a los que tenemos la suerte de ser elegidos para acompañar en el afrontamiento de esos retos es difícil que se nos olvide. Hace años que una de mis maestras y mi terapeuta, Isabel Sanfeliu, decía "Somos lo que (nosotros) hacemos con lo que nuestros padres nos hacen" y también leyendo a otro maestro Viktor Frankl que expresa en su obra lo que le permitió seguir con vida en los campos de concentración que lo importante no es lo que nos pasa sino lo que nosotros hacemos con ello. Sin duda ésta persona, también maestra, enseña con sus elecciones y su fuerza que en la práctica tenemos la oportunidad de "permitirnos el lujo de elegir" incluso en las situaciones más difíciles.

Hay otras personas que no encuentran la fuerza, que todavía no tienen los recursos, que sienten (la mayoría de las veces de manera inconsciente) que vivir en el malestar del pasado es más seguro que afrontar la incertidumbre del futuro y las pruebas del presente, a todas ellas quiero mandarles el mensaje que a mi me ha sido regalado, que no desesperen, que siempre hay una oportunidad, que como hemos hablado otras veces toda crisis tiene su oportunidad, que sigan adelante recogiendo la fuerza, los recursos y la valentía que seguro tienen en su interior, muy profundo todos somos Luz y tenemos todo lo que necesitamos, no hay nada fuera que nos haga falta, sólo un camino que recorrer hacía dentro para encontrar la llave que nos permita abrir el cofre de recursos que ya tenemos.
Una de las técnicas de PNL habla de elegir modelos porque "si una persona puede hacerlo yo también". Pues aquí os presento a una de esas personas que con una de las historias más difíciles de las que he sido testigo sigue adelante enfocando su vida en la dirección que ella desea. Estoy seguro de que el Universo, en su equilibrio, le regalará el futuro que desea, siempre que ya haya aprendido aquello que tenía que aprender, claro.

Mucha suerte en tu nuevo viaje y... ¡muchas gracias por la lección!

También os adjunto un texto que me mandó el otro día, del libro "Venza sus temores" de Reneau Z. Peurifoy

El Sendero hacía la Libertad

Cada dia q pasa soy más capaz de aceptarme y amarme por completo,
y de aceptar y amar más plenamente a los demás;
soy más capaz de entender que los sentimientos son propicios;
y este entendimiento les permite fluir libremente a través de mi;
soy mas capaz de pensar de manera racional y realista, de contemplar la vida como una serie de opciones y de detenerme en analizar antes de escoger;
soy más capaz de saber que la perfección es más una dirección que un lugar, y de reirme de mis errores e imperfecciones;
soy más capaz de ser paciente con el tiempo y de afrontar mi mundo con valor, sabiendo que cada día doy otro paso en el sendero hacia la libertad.