“Tira para adelante” “No tires la toalla” “Resiste”…
¿Cuántas veces hemos escuchado mensajes de este tipo? ¿Cuántas veces hemos recitado estas mismas palabras frente al que sufre? ¿Cuántas veces nos hemos reprochado no tener la actitud de súper héroe que la situación “supuestamente” requiere?
Brotan automáticamente de nuestra mente como resultado de un aprendizaje que se enraizó, que se enquistó, mucho antes de darnos la oportunidad de hacernos la pregunta necesaria: ¿por qué?
¿Por qué no rendirse? Entendiendo siempre que rendirse no es sinónimo necesario de resignarse.
Existen fronteras en nuestra vida cotidiana. Fronteras que nos impiden el paso, que nos superan, que tiran por tierra expectativas, ilusiones, especulaciones de cómo tendría que haber sido nuestro momento actual o el futuro deseado. Ante esas fronteras surgen todo tipo de “recursos” que en un principio tratan de ayudarnos a forzar el paso y traspasar dicha frontera, hablo de la rabia, de la pena, del miedo, del resentimiento, de la culpa, “de la pataleta” que se apodera de nosotros cuando vemos una esperanza truncada. Es nuestro instinto de supervivencia queriéndonos decir que hay que seguir adelante a toda costa, pese a las dificultades y pese a nuestras limitaciones.
Pero ninguno de estos recursos borra la frontera. Sigue estando ahí, impertérrita frente al sufrimiento que provoca, frente al sufrimiento que nos provocamos precisamente por no aceptar su existencia.
Rendirse frente a la frontera y entender que no es el momento de pasar porque no nos toca, porque antes hay que aprender algo mucho más esencial que colocarnos una medalla, porque antes de pasar cualquier frontera es necesario rendirnos ante nosotros mismos, desnudarnos ante los miedos y decir “estoy frente a la tormenta y puede que no salga, pero también puede que a fuerza de no nadar contracorriente llegue a otra orilla inesperada que me permita volver a ponerme en pie”
Es precisamente ahí, justo en ese momento en que dejamos de luchar y nos rendimos ante las circunstancias, cuando algo, no en la muralla que tenemos enfrente, sino en el abismo caótico en que se ha convertido nuestro ser, cuando aparece una pequeña rendija de luz, apenas imperceptible (de hecho, ni la vemos). Es como cuando amanece, ¿realmente nos damos cuenta del primer rayo de sol de la mañana? Es así como operan los cambios. De repente se va abriendo ante nosotros un camino de certeza. Un camino a veces incómodo (puesto que no era el que esperábamos), a veces disfrazado de incertidumbre, de tiempo que no pasa, de soledad, vacío… pero no por ello equivocado, no por ello menos cierto.
No se trata de ponernos una venda en los ojos para “ver” que al fin pasamos la frontera sin enterarnos. Se trata de saber que nuestro paso no es dirigirse hacia adelante, sino hacia adentro. Y eso es rendirse para continuar creciendo.
¿Y qué pasa con los otros? ¿Con las fronteras de los otros? ¿Podemos tirar de la mano de quien se ha plantado frente a su propia muralla? E aquí una nueva frontera y la respuesta parece seguir siendo la misma: ríndete contigo para que el otro también aprenda a rendirse consigo mismo y pueda al fin caminar solo.
Por generosidad, por respeto, por solidaridad, por sabiduría… entiende que los demás también tienen cosas que aprender, necesitan su espacio para crecer, para darse cabezazos contra un muro que no se vence a base de resistencia ni de fuerza, sino a base de una apertura de su alma, pero antes tiene que encontrarla y nadie sabe el tiempo exacto, y puede que no coincida con tu tiempo ni con tus ganas, ni con tus intentos de que el otro no sufra y se supere. Es así de simple y de… ¿jodido? Pues sí. Porque la aceptación duele, porque quieres decirle al otro que si quiere puede, que la frontera no es invencible y al otro lado le espera algo maravilloso, pero…
¿es eso lo que realmente necesita el otro? ¿necesitabas tú, cuando estabas en la línea de la frontera, sin poder pasarla, que alguien al otro lado te dijera que habían cuerdas por las que escalar?
Sería como haber visto destellos al otro lado pero sin encontrar tu propia luz. Y ese es el único y más verdadero visado: tu propia luz. Y cuando la encuentras sabrás que es insustituible, que nunca la cambiarás por la de otro y que no le servirá a nadie más que a ti, porque sólo tiene intensidad para alumbrar tus pasos, y que quizás, y sólo quizás, ese brillo les recuerde a otros que también pueden encontrar su propio resplandor.
Natalia Kraus
El blog de Avatar Psicólogos es un espacio para reflexionar, opinar, sugerir, informar, recibir, aportar y cualquier otra cosa que se nos ocurra. Espero que lo disfrutéis.
sábado, 19 de junio de 2010
lunes, 7 de junio de 2010
Permitiéndome el lujo de elegir...
Hoy leía a una persona diciendo "Permitiéndome el lujo de elegir... enfocando mi vida en otra dirección" y esa frase me ha llenado de orgullo y admiración por ella. Hace años, trabajando en ambulancias, teníamos una regla no escrita, al llegar a un accidente la persona que más grita y más se queja no suele ser la que está peor (al fin y al cabo todavía tiene fuerza para gritar) así que superando la inercia de prestar atención a la que más la llama, había que evaluar a aquellas más silenciosas que podrían estar peor.
Y es que hay personas que aunque no levanten la voz tienen una historia personal realmente dura, que parece que la vida les pone una tras otra las pruebas más duras. Esta persona a la que homenajeo con estas letras hoy es una de esas. Oír su historia y verla sentada al otro lado de la mesa con la valentía de querer superar un palo más, incluso más grande que el anterior, es una lección de esas que a los que tenemos la suerte de ser elegidos para acompañar en el afrontamiento de esos retos es difícil que se nos olvide. Hace años que una de mis maestras y mi terapeuta, Isabel Sanfeliu, decía "Somos lo que (nosotros) hacemos con lo que nuestros padres nos hacen" y también leyendo a otro maestro Viktor Frankl que expresa en su obra lo que le permitió seguir con vida en los campos de concentración que lo importante no es lo que nos pasa sino lo que nosotros hacemos con ello. Sin duda ésta persona, también maestra, enseña con sus elecciones y su fuerza que en la práctica tenemos la oportunidad de "permitirnos el lujo de elegir" incluso en las situaciones más difíciles.
Hay otras personas que no encuentran la fuerza, que todavía no tienen los recursos, que sienten (la mayoría de las veces de manera inconsciente) que vivir en el malestar del pasado es más seguro que afrontar la incertidumbre del futuro y las pruebas del presente, a todas ellas quiero mandarles el mensaje que a mi me ha sido regalado, que no desesperen, que siempre hay una oportunidad, que como hemos hablado otras veces toda crisis tiene su oportunidad, que sigan adelante recogiendo la fuerza, los recursos y la valentía que seguro tienen en su interior, muy profundo todos somos Luz y tenemos todo lo que necesitamos, no hay nada fuera que nos haga falta, sólo un camino que recorrer hacía dentro para encontrar la llave que nos permita abrir el cofre de recursos que ya tenemos.
Una de las técnicas de PNL habla de elegir modelos porque "si una persona puede hacerlo yo también". Pues aquí os presento a una de esas personas que con una de las historias más difíciles de las que he sido testigo sigue adelante enfocando su vida en la dirección que ella desea. Estoy seguro de que el Universo, en su equilibrio, le regalará el futuro que desea, siempre que ya haya aprendido aquello que tenía que aprender, claro.
Mucha suerte en tu nuevo viaje y... ¡muchas gracias por la lección!
También os adjunto un texto que me mandó el otro día, del libro "Venza sus temores" de Reneau Z. Peurifoy
El Sendero hacía la Libertad
Cada dia q pasa soy más capaz de aceptarme y amarme por completo,
y de aceptar y amar más plenamente a los demás;
soy más capaz de entender que los sentimientos son propicios;
y este entendimiento les permite fluir libremente a través de mi;
soy mas capaz de pensar de manera racional y realista, de contemplar la vida como una serie de opciones y de detenerme en analizar antes de escoger;
soy más capaz de saber que la perfección es más una dirección que un lugar, y de reirme de mis errores e imperfecciones;
soy más capaz de ser paciente con el tiempo y de afrontar mi mundo con valor, sabiendo que cada día doy otro paso en el sendero hacia la libertad.
Y es que hay personas que aunque no levanten la voz tienen una historia personal realmente dura, que parece que la vida les pone una tras otra las pruebas más duras. Esta persona a la que homenajeo con estas letras hoy es una de esas. Oír su historia y verla sentada al otro lado de la mesa con la valentía de querer superar un palo más, incluso más grande que el anterior, es una lección de esas que a los que tenemos la suerte de ser elegidos para acompañar en el afrontamiento de esos retos es difícil que se nos olvide. Hace años que una de mis maestras y mi terapeuta, Isabel Sanfeliu, decía "Somos lo que (nosotros) hacemos con lo que nuestros padres nos hacen" y también leyendo a otro maestro Viktor Frankl que expresa en su obra lo que le permitió seguir con vida en los campos de concentración que lo importante no es lo que nos pasa sino lo que nosotros hacemos con ello. Sin duda ésta persona, también maestra, enseña con sus elecciones y su fuerza que en la práctica tenemos la oportunidad de "permitirnos el lujo de elegir" incluso en las situaciones más difíciles.
Una de las técnicas de PNL habla de elegir modelos porque "si una persona puede hacerlo yo también". Pues aquí os presento a una de esas personas que con una de las historias más difíciles de las que he sido testigo sigue adelante enfocando su vida en la dirección que ella desea. Estoy seguro de que el Universo, en su equilibrio, le regalará el futuro que desea, siempre que ya haya aprendido aquello que tenía que aprender, claro.
Mucha suerte en tu nuevo viaje y... ¡muchas gracias por la lección!
También os adjunto un texto que me mandó el otro día, del libro "Venza sus temores" de Reneau Z. Peurifoy
El Sendero hacía la Libertad
Cada dia q pasa soy más capaz de aceptarme y amarme por completo,
y de aceptar y amar más plenamente a los demás;
soy más capaz de entender que los sentimientos son propicios;
y este entendimiento les permite fluir libremente a través de mi;
soy mas capaz de pensar de manera racional y realista, de contemplar la vida como una serie de opciones y de detenerme en analizar antes de escoger;
soy más capaz de saber que la perfección es más una dirección que un lugar, y de reirme de mis errores e imperfecciones;
soy más capaz de ser paciente con el tiempo y de afrontar mi mundo con valor, sabiendo que cada día doy otro paso en el sendero hacia la libertad.
viernes, 14 de mayo de 2010
Leyenda Sioux. El Águila y el Halcón.
Cuenta una vieja leyenda sioux que una vez llegó hasta la tienda del brujo más viejo de la tribu una pareja de enamorados de la mano: Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- "Nos amamos", empezó el joven.
- "Y nos vamos a casar", dijo ella.
- "Y nos queremos tanto que tenemos miedo."
- "Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán."
- "Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos."
- "Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte."
- "Por favor", repitieron, "¿hay algo que podamos hacer?"
El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados...
- "Hay algo...", dijo el viejo después de una larga pausa. "Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada."
- "No importa", dijeron los dos.
- "Lo que sea", ratificó Toro Bravo.
- "Bien", dijo el brujo. "Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena."
- "Y tú, Toro Bravo", prosiguió el brujo, "deberás escalar la Montaña del Trueno y, cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, atraparla sin herirla y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... ¿Comprendísteis?"
La pareja asintió y el anciano chamán hizo un gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron, ante la aprobación del viejo, los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe.
- "¿Volaban alto?", preguntó el brujo.
- "Por supuesto, como lo pediste... ¿y ahora?", preguntó el joven. Esperamos un sacrificio, ¿hemos de matarlos, qué hemos de hacer?"
- "No", dijo el sabio anciano. "Haced lo que os digo. Tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres."
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
- "Este es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure volad juntos pero jamás atados".
- "Nos amamos", empezó el joven.
- "Y nos vamos a casar", dijo ella.
- "Y nos queremos tanto que tenemos miedo."
- "Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán."
- "Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos."
- "Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte."
- "Por favor", repitieron, "¿hay algo que podamos hacer?"
El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados...
- "Hay algo...", dijo el viejo después de una larga pausa. "Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada."
- "No importa", dijeron los dos.
- "Lo que sea", ratificó Toro Bravo.
- "Bien", dijo el brujo. "Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena."
- "Y tú, Toro Bravo", prosiguió el brujo, "deberás escalar la Montaña del Trueno y, cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, atraparla sin herirla y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... ¿Comprendísteis?"
La pareja asintió y el anciano chamán hizo un gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron, ante la aprobación del viejo, los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe.
- "¿Volaban alto?", preguntó el brujo.
- "Por supuesto, como lo pediste... ¿y ahora?", preguntó el joven. Esperamos un sacrificio, ¿hemos de matarlos, qué hemos de hacer?"
- "No", dijo el sabio anciano. "Haced lo que os digo. Tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres."
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
- "Este es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure volad juntos pero jamás atados".
martes, 4 de mayo de 2010
Cerrando Círculos
Aprovecho la historia que me manda una amiga de un grande como Paulo Coelho para animar a cerrar círculos y abrir la puerta a nuevas experiencias que alimenten nuestro corazón y nos hagan sentir vivos, sin duda, soltar es clave. Ya lo hace nuestro sabio cuerpo cuando desde el mismo instante de nacer coge del exterior lo que necesita (el oxígeno) y suelta lo que le ha dado vida pero ya no hace falta en forma de dióxido de carbono. No me enrollo, os dejo con las palabras del maestro Coelho.

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que
vivir sólo lo que tenemos en el presente.
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Paulo Coelho

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que
vivir sólo lo que tenemos en el presente.
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Paulo Coelho
martes, 27 de abril de 2010
Proactividad: siglo I

Acusar a los demás de nuestras desgracias es una prueba de la ignorancia humana; acusarnos a nosotros mismos significa empezar a entender; no acusar ni a los demás ni a nosotros mismos es verdadera sabiduría" Epicteto
Esta preciosa definición de proactividad fue hecha por Epicteto, un filósofo griego nacido en el año 55, perteneciente a la escuela estoica y que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Es curioso como hay principios que no importa el tiempo que pase, la situación personal del que los realiza (si un esclavo no culpa a los demás de su estado ¿quién puede hacerlo?) o la cultura en la que se apliquen, permanecen inmutables. Y es que igual es más eficaz dejar de buscar culpables y empezar a preguntarse ¿Qué puedo hacer yo ante esto que me ocurre?
domingo, 11 de abril de 2010
Terapia de Interacción Recíproca

“Tengo esperanza firme en ti, te admiro y te apruebo, con la seguridad de que puedes ser tal como eres”
En la investigación realizada por Roberto Aguado para crear su “Terapia de Interacción Recíproca” hay una serie de preceptos importantes que ayudan a comprender la creación de los conflictos que nos limitan y nos evitan ser lo que deseamos ser, es decir lo que somos.
El ser humano tiene unas necesidades básicas tanto a nivel biológico como psíquico. Cuando estas necesidades básicas no son conseguidas el ser humano entra en un programa de peligro vital que está encaminado a hacer lo posible para conseguir eso que necesita, ya sea alimento, calor, protección o el cariño y el afecto que al bebé le aseguran que será alimentado y protegido. Sería algo así como “si me quieren no me abandonarán y si no me abandonan estaré seguro y sobreviviré”. Pero si no existe el afecto entonces podrían abandonarme y si el bebé es abandonado muere (el bebé todavía no sabe nada de los Servicios Sociales).
Por otro lado, el bebé en crecimiento aprende los esquemas básicos, esos aprendizajes sobre si mismo y el mundo, que luego serán su guía para manejarse en él, de las personas que están a su alrededor y su relación con ellas. Esto ocurre especialmente en los primeros momentos de su vida en los que el continente del conocimiento está más abierto al estar vacío y necesitar llenarse para poder interaccionar con el mundo. Roberto Aguado denomina personas referenciales básicas, normalmente los padres aunque puede ser otra persona, a aquellas personas importantes para el niño en esos momentos fundamentales de su vida en los que es tan dependiente de los demás para sobrevivir.
“La relación posterior con esta persona referencial básica es fundamental y esencial para la formación del autoconcepto del sujeto, por lo que si en este vinculo hay algún tipo de rotura, carencia o accidente, el sujeto puede tener mellado su autoconcepto, y por lo tanto su equilibrio. La persona referencial básica también puede ser alguien que represente una institución o un ideal.
La persona referencial básica será entonces ese espejo donde el sujeto se mira y donde puede encontrar admiración o repudio. El autoconcepto esta condicionado por esta relación en espejo, de tal forma que si la persona referencial básica otorga lo que denominamos confianza básica, trasmitiendo al sujeto algo parecido a: “Tengo esperanza firme en ti, y te apruebo, con la seguridad de que puedes ser tal como eres”, el autoconcepto será muy positivo, el sujeto podrá admirarse, ya que su persona referencial básica, le mira y le contempla con aprobación. Al sentirse admirado el sujeto puede admirarse” comenta Roberto Aguado en su decálogo de la Terapia de Interacción Recíproca.
Pero si esto no se produce entonces el sujeto vivirá dentro de un desajuste emocional, un desequilibrio, en el que la supervivencia no estará asegurada y todos sus esfuerzos irán encaminados a conquistar esa admiración que le permita sentirse seguro. Ese desequilibrio, ese miedo y esos esfuerzos serán los que provoquen sus sintomas que luego interpretaremos como una enfermedad psicológica, ansiedad, depresión , anorexia... Así por ejemplo, el niño puede construir el pensamiento inconsciente “no me quieren porque no soy suficientemente bueno, si lo hago mejor me querrán” y dedicarse a tratar de conseguir esa fantasía de ser mejor para asegurar el cariño de los demás. Este pensa-miento afectará enormemente en su vida porque será una creencia que formara su autoconcepto, como la persona se ve, basado en el precepto “no soy demasiado bueno” o “tengo que hacer cosas por los demás para ser querido (y por tanto sobrevivir)”.
Los aprendizajes que se hacen en esos primeros años de vida se graban en unas estructuras muy básicas del cerebro, zonas del sistema límbico, ya que la corteza cerebral (el pensamiento lógico e inteligente) todavía no esta mielinizado (la sustancia necesaria para que las neuronas se conecten entre si). Y como en el sistema limbico no existe presente, pasado y futuro (eso son capacidades de la corteza) pues todo lo que se quede allí inscrito se vivirá siempre en presente, aunque ya no sea un niño dependiente mi sistema limbico seguirá teniendo exactamente la misma grabación que cuando lo era y la misma sensación de peligro vital si percibo que los demás no me quieren (me muero). Por otro lado como las investigaciones neurológicas indican que “800 milisegundos antes de tomar una decisión (racional) se han desencadenado potenciales eléctricos en zonas límbicas del cerebro” (Benjamín Libet) y de ahí nuestro precepto de “la emoción decide y la razón justifica”, ochocientos milisegundos antes de que nuestro cerebro racional tome una decisión nuestro cerebro limbico está reaccionando y si allí está grabado “no soy suficientemente bueno” o “tengo que agradar a los demás para sobrevivir” todas mis decisiones estarán mediadas por esas instrucciones de las que no soy consciente pero que están manejando mi vida, e incluso me hacen creer que yo soy así y siempre lo he sido aunque eso que supuestamente soy no me haga sentir bien o esté arruinando mi vida.
Por eso la psicoterapia debe consistir en ir a esas grabaciones del sistema límbico, completamente inconscientes, y grabar hoy allí un mensaje diferente del tipo “está bien ser como eres y estas seguro siéndolo” para que las personas puedan ser libres de elegir su destino y no sean esclavas de los mensajes que recibieron, o más bien interpretaron, de su relación con su persona referencial básica. Por eso es tan importante para nosotros lo que ocurrió en la infancia y por eso tenemos la firme creencia de que las personas pueden ser lo que desean ser, y por tanto lo que son, en cuanto puedan liberarse de esos mensajes de peligro vital grabados en zonas muy básicas de su cerebro.
Así que si, tenemos esperanza firme en ti, te admiramos y te aprobamos, con la seguridad de que puedes ser tal como eres. Porque, sin duda, TÚ PUEDES.
Información sobre formación en Terapia de Interacción Recíproca o sobre terapeutas de esta orientación en www.institutoeuropeodepsicoterapia.com
miércoles, 7 de abril de 2010
Tal como eres
Foto: Luciana OgnibeneTengo esperanza firme en ti, te admiro y te apruebo, con la seguridad de que puedes ser tal como eres.
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