
Los hechos son siempre vacíos, se transforman en sentimientos con la forma del recipiente en el que se depositan.
Las cosas que ocurren no son lo importante, lo importante es lo que hacemos con ellas. La misma situación crítica será para algunos una oportunidad para mejorar, cambiar, adaptarse, evolucionar y para otros una oportunidad para quejarse, culpar a los demás o al destino y seguir esperando a que sean los demás, o el destino, los que hagan algo que mejore sus vidas.
Somos cada uno de nosotros los que les damos un significado a los acontecimientos que nos rodean, somos ese recipiente en el que se introducen los hechos y toman una forma u otra. Podemos encontrar muchos tipos de recipientes, dependiendo del material del que están hechos y la forma en la que fueron moldeados cuando todavía eran flexibles y moldeables. Así podemos observar diferentes tipos de recipientes: algunos, que fueron golpeados con dureza están llenos de picos, aristas y zonas que pinchan provocando dolor, aunque lo que duele de verdad es la presión del líquido depositado dentro de esas aristas; otros a los que no se le pusieron limites y entonces todo líquido que entra se desborda sin control; otros, por el contrario, fueron tremendamente limitados y el líquido encuentra espacios tan angostos y estrechos que casi no puede expresarse; otros muchos fueron moldeados según las necesidades del artesano, sin tener en cuenta las características especiales del material con el que trabajaban y por tanto desde entonces se pelean con funciones para las que no fueron creados. Aunque seguro que la gran mayoría fueron creados desde el amor del artesano los diferentes avatares a los que estuvieron expuestos hacen que no haya dos recipientes iguales.
Pero más allá de como fuimos moldeados, lo importante es que si ponemos un poco del calor del amor a nuestro lado podremos generar la temperatura necesaria para permitir que el artista que somos ahora pueda retocar aquellas cosas que considere para construir el recipiente deseado. Y no hay nada más bonito, una vez que hemos moldeado el recipiente a nuestro gusto, que luchar por los valores que consideramos justos frente a las agresiones, egoísmos e injusticias de nuestro alrededor.
Pero no desde la rabia o el daño ya, sino desde el profundo amor que brinda el conocer por qué lo estamos haciendo y con la fuerza extraordinaria que nos da el tener una misión y un sentido profundos para esa lucha. Porque quizá desde nuestro equilibrio y nuestro amor podamos ofrecer la oportunidad para que aquellos recipientes dominados por sus aristas encuentren el calor que ablande sus formas y puedan iniciar, si lo desean, el camino de su transformación hacia lo que realmente son, recipientes perfectos en su singularidad.
Ofrezcamos el calor necesario para que nuestro artista interior encuentre la inspiración para crear la más bella obra de arte, nosotros mismos, un trabajo especial que jamás termina.

