Si hay algo que odio es la violencia y el abuso, en togo no se observa la violencia que impera en alguno de sus paises vecinos pero si se siente una continua lucha. Una lucha derivada de la carencia, esa que hace saltar al sistema límbico con una sensación de peligro que dispara nuestras reacciones de ataque y huída. No me siento cómodo siendo el "blanco" de sus intentos de engaño, luchando en cada paso por no ser excesivamente abusado, tratando de ser parte de ellos y librarme de esa sensación de desconfianza en cada intercambio. Pero mirando sólo un poco más profundo puedo sentir la conexión de mi alma con la de sus gentes, descubro como ante un entorno seguro reaccionan con el mismo amor que yo siento en otras ocasiones. Mirando dentro encuentro la misma luz que observo en mis pacientes cuando entran en la consulta inundados por sentimientos de inseguridad, rabia, impotencia y tristeza, esa luz oculta tras capas de defensa pero que se adivina mirando más allá de sus ojos, imaginando quienes serían si se sintiesen seguros, queridos y protegidos. Personas que se agreden a sí mismas porque nadie fue capaz de transmitirles en el momento adecuado que eran seres perfectos y dignos de Amor. A veces las carencias, físicas o emocionales, crean en las personas unas heridas tan profundas que dejan una huella impenetrable de protección y dolor que las alejan de su propia esencia. Cada día estoy más convencido de que somos seres de luz y que nuestra misión en esta aventura que es la vida es limpiar esas capas que oscurecen la proyección de esa luz. Cuando nos resistimos a transitar el camino de esa luz, la vida nos coloca una y otra vez en las mismas situaciones, enseñándonos que tendremos todas las oportunidades que necesitemos, en este plano de realidad o, quien sabe, incluso en otros, hasta que consigamos crecer hasta ser Luz.
Me voy de esta hermosa tierra teñida de carencia con una profunda sensación de conexión que me llena cuando mis miedos se relajan y permiten que los caminos hacia mi interior se abran. Cada lugar en el mundo tiene sus propias oscuridades, la Tierra está dominada por envidias, egoismos, violencia, que no son más que distintas más-caras del miedo. Miedo derivado de nuestra ceguera ante la luz infinita de nuestra alma, miedo derivado del dolor sufrido cuando no teniamos los recursos suficientes y necesitabamos ser cuidados para poder evolucionar en seguridad.
Hya cientos de experiencias que nos hablan, si queremos escuchar, de la bondad y el amor del que estamos llenos, las enseñanzas de los profetas de las diferentes religiones y de los maestros iluminados apuntan todas, con diferentes palabras o metáforas, en una misma dirección: el amor como camino de liberación y crecimiento a planos de conciencia superiores. Un camino iluminado por nuestras sensaciones, que cada vez que no nos sentimos bien con nosotros mismos nos indican que nos hemos desviado del camino, porque es imposible sentirse mal cuando estás desarrollando tu destino, es imposible sentirse mal cuando ERES, cuando entras en contacto con tu verdadero SER lleno de amor y cariño. La enfermedad, el malestar, no son más que guías que nos indican que nuestros pasos están gobernados por el miedo y no por el crecimiento. En otros momentos nos sentimos bien sin que pase nada especial y eso es también señal inequívoca de que estamos desarrollando nuestros dones y explorando aquello que forma parte de nuestra esencia única.
África me ha regalado la oportunidad de enfrentarme a mis miedos y, curiosamente, cuando fui capaz de sentir el amor todo se puso de mi lado y hasta el policía encargado de revisar el visado que me habían dado para un día menos de los que iba a estar allí me miró y dijo que estaba caducada pero que confiaba en mi y que podía pasar (¡¡sin cobrarme ni multa ni comisión!!) ¿casualidad?



