El silencio me miraba cruel desde sus ojos esquivos, por momentos podía adivinar su sonrisa maliciosa mientras me mantenía esperando, deseando, añorando, sufriendo, muriendo porque con dos palabras ella le traicionase y le alejase de mi vida. Pero el silencio era sin duda más fuerte y mientras inundaba su cabeza, ahogando cualquier vestigio de un hueco para mi recuerdo, de la mía escapaba y el vacío que dejaba se llenaba con cientos de excitados pensamientos, suposiciones, anticipaciones… que aunque las creaba para alimentar la cada vez más debilitada esperanza sólo lograban aprisionar mi alma. Segundos que se tornan horas, días disfrazados de eternidad, el silencio jugando con el tiempo que no pasa cuando no escucho su voz mientras le susurra litros de sangre a un corazón que se seca sin sus palabras.
Así me encontré, gritándole al silencio toda mi rabia. Y mientras mi voz se agrietaba y la piel me quemaba, una amiga me cogió de la mano y me guió suave hacia delante enseñándome cual era el camino por el que un día le había confesado quería dirigir mis pasos y que ahora sentía tan lejano. Me acompaño serena en los primeros pasos y me ofreció un destino tan parecido al que había causado mi desazón que no podía imaginar que fuese tan distinto, el Silencio. Caí rendido porque por un momento me faltaban las fuerzas y me deje llevar hacía ese Silencio interior donde el mundo se acalló. Una paz interior fue recuperando suavemente las paredes de mi dolorido corazón, haciéndolas flexibles de nuevo, permitiendo a mi alma expandirse para expresarse más fuerte que nunca, abriendo todos mis sentidos a la orgía de sensaciones que allí en silencio me ofrecía la vida, libre del ruido ensordecedor de la locura del anhelo que gobernaba mi mente, también por motivos de un silencio.
Silencio contra silencio, es curioso como lo que parece destruirte es lo que te regenera, como lo que te daña es lo que te hace verdaderamente fuerte, como la clave de las cosas suele estar en ellas mismas y no en deliberados esfuerzos por cambiar nuestro alrededor y acomodarlo a nuestras necesidades para, de conseguirlo, llenarnos de miedo porque eso que hemos construido con tanto esfuerzo no resulta ser el mundo que habíamos elegido.
Yo me quedo con el Silencio, mientras, seguiré dirigiendo mi intento (como diría mi amiga) a que las palabras surjan fluidas de los corazones de aquellos que, de olvidarlas, están condenados a no poder acallar la fuerza de desbocados pensamientos.
El blog de Avatar Psicólogos es un espacio para reflexionar, opinar, sugerir, informar, recibir, aportar y cualquier otra cosa que se nos ocurra. Espero que lo disfrutéis.
lunes, 18 de febrero de 2008
martes, 5 de febrero de 2008
La guerrera II
Ocurrió un día que la guerrera había luchado tanto y tan bien que se quedó sin oponentes. Volvió a su castillo con todas las riquezas que había conseguido con su esfuerzo, su valor y su empeño dispuesta a descansar y disfrutar tranquila de lo logrado.
Pero algo ocurría que no le dejaba dormir, era como si un peligro desconocido estuviera acechando y no le permitiese el merecido descanso, era como si la paz del castillo fuese un peligro tan intenso que no le permitía relajarse ni poder disfrutar de lo hasta ahora logrado. Una voz dentro de ella seguía gritando que había que luchar, así que ante la imposibilidad de dormir y con ese compromiso de luchar contra el abuso, la pobreza y todo tipo de injusticia, se vistió con su mejor armadura, ensillo su más bello corcel y salió al campo de batalla dispuesta a entablar esa que parecía su última batalla.
Pero llegó al campo de batalla y por mucho que fue arriba y abajo, derecha e izquierda, norte y sur o este y oeste no encontraba ningún oponente contra el que luchar. Era tan potente la orden de atacar y tan vacío de enemigos se encontraba el lugar que sin darse cuenta la guerrera empezó a luchar contra si misma. Nunca había encontrado un oponente tan difícil, era como luchar contra un fantasma, cada vez que intentaba sorprender con un golpe un segundo antes su oponente tenía la defensa preparada, cuando intentaba maniobras distractoras su oponente se ponía en tensión una milésima de segundo antes de que ella decidiese lanzar su mejor golpe. Algunas veces notó como llegaba a herirle con su arma, pero curiosamente cuando parecía que más cerca estaba de ganar la batalla más débil y herida se sentía, y cuanto más herida más duros eran sus golpes y más débil y dañada se sentía. Pero, ya se sabe, no era guerrera de rendirse fácilmente así que sacaba nuevas fuerzas para lanzar un golpe y otro y uno más hasta que poco a poco sus fuerzas fueron flaqueando hasta tal punto que llegó a pensar que morir en esa última batalla podía ser un final digno para tan brava guerrera, al fin y al cabo como iba a poder disfrutar de la paz si ni siquiera sabía eso como era. Así, tendida en la arena, cerró los ojos esperando esa muerte con la que siempre había caminado y que siempre había sido considerada fiel compañera.
Fue en ese momento, en el preciso momento en el que se rindió, en el que dejó de luchar contra enemigos, fantasmas y hasta contra sí misma, cuando sintió por un instante la caricia del viento en su cara, y sin abrir los ojos, rendida completamente, pudo sentir como una esponja de agua templada limpiaba sus heridas, que escocían, pero era un dolor diferente a cualquiera que hubiese sentido antes, era un dolor calido, un dolor que no había sentido antes pero que una parte de ella consideraba que no debía ser desdeñado. Ahí empezó otra lucha, levantarse y ver que ocurría o dejarse hacer vulnerable por primera vez desde aquel lejano día en el que fue abandonada en mitad de un campo de batalla. Y en esa lucha estaba, una parte de ella deseando inmovilizar aquellas manos que limpiaban sus heridas otra parte de ella disfrutando de dejarse cuidar abierta y vulnerable cuando todavía sin abrir los ojos acertó a preguntarse ¿es que no es posible dejar de luchar alguna vez?
Pero algo ocurría que no le dejaba dormir, era como si un peligro desconocido estuviera acechando y no le permitiese el merecido descanso, era como si la paz del castillo fuese un peligro tan intenso que no le permitía relajarse ni poder disfrutar de lo hasta ahora logrado. Una voz dentro de ella seguía gritando que había que luchar, así que ante la imposibilidad de dormir y con ese compromiso de luchar contra el abuso, la pobreza y todo tipo de injusticia, se vistió con su mejor armadura, ensillo su más bello corcel y salió al campo de batalla dispuesta a entablar esa que parecía su última batalla.
Pero llegó al campo de batalla y por mucho que fue arriba y abajo, derecha e izquierda, norte y sur o este y oeste no encontraba ningún oponente contra el que luchar. Era tan potente la orden de atacar y tan vacío de enemigos se encontraba el lugar que sin darse cuenta la guerrera empezó a luchar contra si misma. Nunca había encontrado un oponente tan difícil, era como luchar contra un fantasma, cada vez que intentaba sorprender con un golpe un segundo antes su oponente tenía la defensa preparada, cuando intentaba maniobras distractoras su oponente se ponía en tensión una milésima de segundo antes de que ella decidiese lanzar su mejor golpe. Algunas veces notó como llegaba a herirle con su arma, pero curiosamente cuando parecía que más cerca estaba de ganar la batalla más débil y herida se sentía, y cuanto más herida más duros eran sus golpes y más débil y dañada se sentía. Pero, ya se sabe, no era guerrera de rendirse fácilmente así que sacaba nuevas fuerzas para lanzar un golpe y otro y uno más hasta que poco a poco sus fuerzas fueron flaqueando hasta tal punto que llegó a pensar que morir en esa última batalla podía ser un final digno para tan brava guerrera, al fin y al cabo como iba a poder disfrutar de la paz si ni siquiera sabía eso como era. Así, tendida en la arena, cerró los ojos esperando esa muerte con la que siempre había caminado y que siempre había sido considerada fiel compañera.
Fue en ese momento, en el preciso momento en el que se rindió, en el que dejó de luchar contra enemigos, fantasmas y hasta contra sí misma, cuando sintió por un instante la caricia del viento en su cara, y sin abrir los ojos, rendida completamente, pudo sentir como una esponja de agua templada limpiaba sus heridas, que escocían, pero era un dolor diferente a cualquiera que hubiese sentido antes, era un dolor calido, un dolor que no había sentido antes pero que una parte de ella consideraba que no debía ser desdeñado. Ahí empezó otra lucha, levantarse y ver que ocurría o dejarse hacer vulnerable por primera vez desde aquel lejano día en el que fue abandonada en mitad de un campo de batalla. Y en esa lucha estaba, una parte de ella deseando inmovilizar aquellas manos que limpiaban sus heridas otra parte de ella disfrutando de dejarse cuidar abierta y vulnerable cuando todavía sin abrir los ojos acertó a preguntarse ¿es que no es posible dejar de luchar alguna vez?
jueves, 31 de enero de 2008
Fundido con el dolor
El cielo se iba cubriendo de nubes al tiempo que él se elevaba sobre ellas. Era necesario subir al cielo para verlo todo con otra perspectiva y dejarla marchar, soltar las riendas que le arrastraban llenándole de magulladuras hacía un destino del que se había desviado unos cuantos cruces atrás.
Todo empezó hace muchos años, quizá más de los que él siquiera podía recordar. Un secreto, enterrado por el olvido, en el que la sensación de dolor había sido magnificada y grabada en sus creencias con palabras de fuego “el dolor es insoportable”. Y desde aquel día las palabras habían inundado la realidad y se habían hecho verdaderas. El dolor es insoportable y de hecho nunca lo había soportado porque siempre había huido a toda costa de él. Pero cuanto más trataba de escapar más se impregnaba este por toda su piel, había cambiado la vivencia del dolor agudo por abrazarlo y fundirse con él. Había días en los que al meter los pies en las olas parecía que el dolor era arrastrado hacía el fondo del mar, pero era una sensación ilusoria, a los pocos minutos volvía fiel a su lado. Quizá siempre volvía porque nunca se habían despedido y es que, si no existía, si no se podía soportar, ¿cómo iba a despedirse de él?
Esto es lo que más molestaba al Dolor, no existir, por eso se afanaba en agarrarse a él con fuerza, clavándole las uñas, gritándole al oído, dirigiendo sus pasos hacía el precipicio, cualquier cosa por ser reconocido, por existir, por que un día le mirase a los ojos, le reconociese e incluso, por que no, pudiera amarle. Porque todos los sentimientos necesitan ser amados, todos necesitan su espacio, pero solo a aquellos que han recibido la etiqueta de buenos se les deja pasar a la fiesta de la vida. Y los otros, dañados fuera, oyendo la música y la alegría que reina dentro de la casa, se afanan en entrar. Empiezan llamando insistentemente a la puerta, luego tirarán piedrecitas a las ventanas, cada vez más grandes, tratarán de colarse por la chimenea… y si todos sus intentos son inútiles acabarán quemando la casa.
Porque si ellos no pueden existir no existirá ninguno, son palabras que un día le oí decir al Resentimiento que es el que toma el mando cuando todos los demás sentimientos han desfallecido, aguarda paciente alimentándose de la frustración de los demás, de su cansancio, de su desesperación, bebiendo sus lágrimas hasta hacerse fuerte y gobernarlo todo.
Dejemos entonces que todos puedan participar de la fiesta de la vida, los agradables y los que duelen, abramos las puertas porque cada uno entra cuando es su turno para hacerlo y si entran podrán luego salir pero, ya se sabe, aquellos que no se dejan pasar acabaran gobernándonos porque nunca se irán.
Antonio de Dios Glez.
Todo empezó hace muchos años, quizá más de los que él siquiera podía recordar. Un secreto, enterrado por el olvido, en el que la sensación de dolor había sido magnificada y grabada en sus creencias con palabras de fuego “el dolor es insoportable”. Y desde aquel día las palabras habían inundado la realidad y se habían hecho verdaderas. El dolor es insoportable y de hecho nunca lo había soportado porque siempre había huido a toda costa de él. Pero cuanto más trataba de escapar más se impregnaba este por toda su piel, había cambiado la vivencia del dolor agudo por abrazarlo y fundirse con él. Había días en los que al meter los pies en las olas parecía que el dolor era arrastrado hacía el fondo del mar, pero era una sensación ilusoria, a los pocos minutos volvía fiel a su lado. Quizá siempre volvía porque nunca se habían despedido y es que, si no existía, si no se podía soportar, ¿cómo iba a despedirse de él?
Esto es lo que más molestaba al Dolor, no existir, por eso se afanaba en agarrarse a él con fuerza, clavándole las uñas, gritándole al oído, dirigiendo sus pasos hacía el precipicio, cualquier cosa por ser reconocido, por existir, por que un día le mirase a los ojos, le reconociese e incluso, por que no, pudiera amarle. Porque todos los sentimientos necesitan ser amados, todos necesitan su espacio, pero solo a aquellos que han recibido la etiqueta de buenos se les deja pasar a la fiesta de la vida. Y los otros, dañados fuera, oyendo la música y la alegría que reina dentro de la casa, se afanan en entrar. Empiezan llamando insistentemente a la puerta, luego tirarán piedrecitas a las ventanas, cada vez más grandes, tratarán de colarse por la chimenea… y si todos sus intentos son inútiles acabarán quemando la casa.
Porque si ellos no pueden existir no existirá ninguno, son palabras que un día le oí decir al Resentimiento que es el que toma el mando cuando todos los demás sentimientos han desfallecido, aguarda paciente alimentándose de la frustración de los demás, de su cansancio, de su desesperación, bebiendo sus lágrimas hasta hacerse fuerte y gobernarlo todo.
Dejemos entonces que todos puedan participar de la fiesta de la vida, los agradables y los que duelen, abramos las puertas porque cada uno entra cuando es su turno para hacerlo y si entran podrán luego salir pero, ya se sabe, aquellos que no se dejan pasar acabaran gobernándonos porque nunca se irán.
Antonio de Dios Glez.
miércoles, 30 de enero de 2008
Feliz día de la paz
El último día en el blog escribí la historia de una guerrera, hoy es el día mundial de la paz y quería felicitaros e invitaros a hacer algo por la paz hoy. Quizá puedes dejar por un instante esa pelea que tienes contra ti mismo/a, o quizá trabajar un poco más en la tolerancia hacía los demás. Es posible que nuestro poder para llevar la paz a todo el mundo (teniendo en cuenta que dudo que lean este blog las misses de EE.UU.) sea muy reducido, pero tenemos un poder absoluto para llevar la paz a nuestra vida. Se que es una tarea ardua y difícil, que estamos tan acostumbrados a ese juez implacable que todos llevamos dentro que se hace muy difícil hacerlo callar. Pero os propongo que durante un día, sólo un día, hagamos el propósito de no juzgar, simplemente de comprender, de entender que las personas más agresivas (incluidos nosotros mismos) son siempre las más inseguras, que ningún animal en el planeta se pone agresivo si no tiene miedo o se siente amenazado, así que... ¿por qué no cuidar a esas personas que se defienden desde su bordería, malos modos o agresividad? al fin y al cabo son las que más lo necesitan ¿no? Está claro que también es importante ponerles límites pero... ¿podemos hacerlo desde la comprensión, desde el cariño?
Como un juego, simplemente para observar a ver que pasa, luego, si no hay beneficios siempre podemos volver a lo de siempre y protegernos volviendo a darle todo el poder a nuestro juez (si eso nos hace sentir más seguros).
¡Qué tengáis mucha suerte!
Antonio
Como un juego, simplemente para observar a ver que pasa, luego, si no hay beneficios siempre podemos volver a lo de siempre y protegernos volviendo a darle todo el poder a nuestro juez (si eso nos hace sentir más seguros).
¡Qué tengáis mucha suerte!
Antonio
lunes, 28 de enero de 2008
La guerrera
Esta historia la escribí para una valiente guerrera que está librando la que es, sin duda, la batalla más difícil de su vida. Agradezco también su generosidad al permitirme compartirla con todos vosotros, para que todos entendamos que, aunque a veces nos sintamos solos en mitad de nuestras más duras batallas, siempre hay alguien luchando a nuestro lado por los mismos objetivos.
A todos/as los/as guerreros/as y en especial a la guerrera de Israel, os mando mucha fuerza y os recuerdo que luchéis contra todo lo que os ataque... ¡menos contra vosotros mismos!
No te fies de las apariencias - dijo el más anciano de los dioses- debajo
de esa armadura de guerrera está la suave piel de una mujer que añora la
sensación del viento, el calor del contacto y la libertad de la paz. Pero
ha batallado tanto tiempo que cada vez que su armadura cae se muere de
miedo.
Pero es que no se da cuenta de que ya no es necesaria la guerra, que ha
ganado las más importantes batallas, que al no quedar contrincantes ya
solo lucha contra ella - respondió el angel de la guarda de aquella
guerrera, que deseaba ya sentarse a descansar y disfrutar con ella de los
retos conseguidos.
Paciencia, mi joven angel, paciencia, ¿cuando la guerrera no ha sabido
superar un reto? Ya sabes que la lucha contra si misma es la batalla más
dura, esa que no se gana con la fuerza, ni la inteligencia. Contestó
tranquilo el sabio.
Entonces ¿cómo puedo ayudarla? ¿con que armas se puede ganar esa batalla?
- respondió airado el ángel como si la paciencia que se le solicitaba le
quemase.
El sabio, tomándose un tiempo para contestar, cambiando el tono de voz para tranquilizar al ángel dijo -Sólo hay un arma para ganar esa batalla y ella sabrá
descubrir cual es, siempre lo ha hecho.
Dime sabio ¿Cuál es ese arma? ¿Cómo puedo ayudarla a conseguirla?
-preguntó cada vez más excitado el joven ángel.
Ese arma es el amor y ella no tiene que conseguirla porque, aunque todavía
no pueda verla al estar sus ojos todavía nublados por el polvo de
tantas y tan cercanas batallas, es un arma que ya tiene con ella.
Y entonces ¿qué puedo hacer yo? ¿cómo ayudarla?
Con esa pasión que tienes por ella ya la estás ayudando -comenzó diciendo el sabio- simplemente quedate a su lado y permite que sienta el calor de tu presencia, el calor
de ese amor con el que la has protegido todos estos años, deja que se vaya sintiéndo tan segura que ya no sea necesario levantar la espada. Sólo ese calor puede conseguir que ella se pare y, como dice el tópico, deje de buscar fuera lo que tiene dentro.
Y el joven ángel con un gesto de agradecimiento se fue lleno de energía a
su lado, porque, por muchas armaduras que ella se pusiera, estaba seguro
de que sería capaz de llegar hasta ella y acompañarla en aquella aventura que, aunque a veces más difícil que la más dura de las batallas, tendría la recompensa de mayor valor, su libertad.
A todos/as los/as guerreros/as y en especial a la guerrera de Israel, os mando mucha fuerza y os recuerdo que luchéis contra todo lo que os ataque... ¡menos contra vosotros mismos!
No te fies de las apariencias - dijo el más anciano de los dioses- debajo
de esa armadura de guerrera está la suave piel de una mujer que añora la
sensación del viento, el calor del contacto y la libertad de la paz. Pero
ha batallado tanto tiempo que cada vez que su armadura cae se muere de
miedo.
Pero es que no se da cuenta de que ya no es necesaria la guerra, que ha
ganado las más importantes batallas, que al no quedar contrincantes ya
solo lucha contra ella - respondió el angel de la guarda de aquella
guerrera, que deseaba ya sentarse a descansar y disfrutar con ella de los
retos conseguidos.
Paciencia, mi joven angel, paciencia, ¿cuando la guerrera no ha sabido
superar un reto? Ya sabes que la lucha contra si misma es la batalla más
dura, esa que no se gana con la fuerza, ni la inteligencia. Contestó
tranquilo el sabio.
Entonces ¿cómo puedo ayudarla? ¿con que armas se puede ganar esa batalla?
- respondió airado el ángel como si la paciencia que se le solicitaba le
quemase.
El sabio, tomándose un tiempo para contestar, cambiando el tono de voz para tranquilizar al ángel dijo -Sólo hay un arma para ganar esa batalla y ella sabrá
descubrir cual es, siempre lo ha hecho.
Dime sabio ¿Cuál es ese arma? ¿Cómo puedo ayudarla a conseguirla?
-preguntó cada vez más excitado el joven ángel.
Ese arma es el amor y ella no tiene que conseguirla porque, aunque todavía
no pueda verla al estar sus ojos todavía nublados por el polvo de
tantas y tan cercanas batallas, es un arma que ya tiene con ella.
Y entonces ¿qué puedo hacer yo? ¿cómo ayudarla?
Con esa pasión que tienes por ella ya la estás ayudando -comenzó diciendo el sabio- simplemente quedate a su lado y permite que sienta el calor de tu presencia, el calor
de ese amor con el que la has protegido todos estos años, deja que se vaya sintiéndo tan segura que ya no sea necesario levantar la espada. Sólo ese calor puede conseguir que ella se pare y, como dice el tópico, deje de buscar fuera lo que tiene dentro.
Y el joven ángel con un gesto de agradecimiento se fue lleno de energía a
su lado, porque, por muchas armaduras que ella se pusiera, estaba seguro
de que sería capaz de llegar hasta ella y acompañarla en aquella aventura que, aunque a veces más difícil que la más dura de las batallas, tendría la recompensa de mayor valor, su libertad.
jueves, 10 de enero de 2008
Regalos de la Vida
Estas navidades un amigo me hizo varios regalos, aunque seguramente él, ni de lejos sospecha cual resulto más valioso para mí. Y es que los mejores, me los hizo sin darse cuenta.
A veces no apreciamos en el momento las oportunidades que la vida nos pone delante, porque andamos demasiado cansados, dormidos, estresados, desatentos, temerosos, tristes o enfadados...
Otras, lo que nos pone y lo que deseamos no coincide, porque la vida parece no preguntar.
Otras lo que deseamos y lo que de verdad necesitamos no coincide; y la vida, que es generosa, nos da siempre otra oportunidad.
Y sólo de nosotros depende el poder aprovecharla, el saber andar bien despiertos, alertas, vigilantes, agradecidos y atentos.
A veces no apreciamos en el momento las oportunidades que la vida nos pone delante, porque andamos demasiado cansados, dormidos, estresados, desatentos, temerosos, tristes o enfadados...
Otras, lo que nos pone y lo que deseamos no coincide, porque la vida parece no preguntar.
Otras lo que deseamos y lo que de verdad necesitamos no coincide; y la vida, que es generosa, nos da siempre otra oportunidad.
Y sólo de nosotros depende el poder aprovecharla, el saber andar bien despiertos, alertas, vigilantes, agradecidos y atentos.
jueves, 3 de enero de 2008
No conseguir lo que uno desea...
"No conseguir lo que uno desea, a veces, es un auténtico golpe de suerte"
Esta frase me la soltó así, como quien no quiere la cosa, una amiga el otro día y me hizo pensar en mí y en otras personas a las que quiero. Porque sólo con echar una mirada atrás podemos descubrir todas las veces que esta frase se ha abierto paso entre lágrimas, quejas e incluso desesperanza.
Aprovechando que es un nuevo año, observemos como todas esas cosas que deseábamos y no fueron se convierten en nuevas oportunidades, nuevas realidades, en lo que sí es.
Y si a ti ya te ha pasado, ya sabes, ¡cuéntanoslo!
Feliz 2008
Esta frase me la soltó así, como quien no quiere la cosa, una amiga el otro día y me hizo pensar en mí y en otras personas a las que quiero. Porque sólo con echar una mirada atrás podemos descubrir todas las veces que esta frase se ha abierto paso entre lágrimas, quejas e incluso desesperanza.
Aprovechando que es un nuevo año, observemos como todas esas cosas que deseábamos y no fueron se convierten en nuevas oportunidades, nuevas realidades, en lo que sí es.
Y si a ti ya te ha pasado, ya sabes, ¡cuéntanoslo!
Feliz 2008
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